sábado, 20 de enero de 2018

Zacatecas (Día 3 de 3)

En el Museo de Arte Virreinal de Guadalupe
Después del día más intenso en la capital zacatecana, del cual pueden leer en esta liga, y al ver que ya había cubierto casi todo mi itinerario, tenía que decidir qué visitar el tercer y último día.

Camino a Guadalupe

Por más que leí, vi fotos y me traté de convencer, en verdad no me nacía ir a la zona arqueológica de “La Quemada”, sin importar que ahí pudo ser el lugar de origen de los Aztecas, ¿cuál fue la razón de mi apatía hacia dicho lugar? La falta de pirámides.

Como he mencionado en otros escritos, adoro subir pirámides, por lo que es mi principal motivo para visitar sitios arqueológicos. Ya si la historia del lugar es interesante, es un plus, pero lo primero para mí son las pirámides. Si no hay pirámides o estructuras que escalar, el lugar pierde mucho atractivo para mí, sin importar lo trascendente de la historia. Así que, en resumen, no me motive para ir a La Quemada, así que opté por ir al último museo importante que me faltaba: el Museo de Guadalupe.
La Iglesia de Guadalupe

Guadalupe es una población en los suburbios de la capital zacatecana, misma que ya fue engullida por la segunda. Como tenía mucho tiempo disponible ese último día, y para compensar el hecho de no haber corrido en poco más de una semana, decidí irme caminando los 7 kilómetros que había entre mi hotel y dicho museo.

La caminata fue entretenida, me recordó aquella vez que me fui caminando a Hollywood Studios desde mi Hotel en Kissimmee. Obviamente podía ir en auto o podía tomar un camión, pero quería ver más allá del Centro Histórico de Zacatecas mismo que ya me tenía un poco hastiado.
San Francisco en su carroza de Fuego (Hell Yeah!)

Fue refrescante ver un Zacatecas más terrenal, menos clásico, con casas, negocios y calles comunes, en donde la vida transcurría con total normalidad sin tanto gentío de turistas alrededor.

Museo Virreinal de Guadalupe

Llegué al Museo de Guadalupe y, para no desentonar, el edificio era magnifico, ya que solía ser un Convento Franciscano, lo cual se nota porque hay una buena cantidad de obras referentes a la vida de San Francisco de Asís, mismas que deguste una a una.

Mientras veía las obras, recordaba mi visita a Asís y lo feliz que fui en dicho lugar. Ciertamente las obras ensalzaban de más a San Francisco pero, al ser un personaje que admiro mucho, se lo puedo perdonar a la Iglesia, ya que es la única figura católica que en realidad quiero y/o admiro.
Pasillos llenos de pinturas impresionantes

Pero no sólo eran las pinturas de San Francisco, por todo el lugar había una serie de obras impresionantes. Incluso había varias representaciones de la vida de Jesús y de la de María, de hecho recordé cosas que había olvidado de mis tiempos católicos, como la forma en que se casaron María y José o la vida de María antes dicha unión.

Eso sí, había uno que otro artista que no se medía con lo “Gore” y tenía expresiones sangrientas bastante impactantes, sobre todo con el vía crucis de Jesús, al grado que hubo cuadros que me salté tan sólo de verlos de lejos, por el brutal impacto visual.
Vista de la Iglesia desde el Museo

Lo que me gustó de las explicaciones de los cuadros no sólo fue el pintor y la descripción de la escena, sino el simbolismo detrás de cada característica, lo cual te hace ver la pintura de manera diferente.

Otro aspecto que me encantó de este Museo es que te permite “espiar” en la Iglesia vecina, ya que hay tres puntos desde los cuales puedes ver desde arriba el templo sin que los demás te vean, además de que las fotos son imperdibles desde dichos ángulos.

De igual forma te permitía ver dentro de secciones del convento que no están abiertas al público, incluso vi algunos monjes franciscanos dentro de esos jardines a los que no puedes acceder (o eran monjes o estaban disfrazados de unos).

Algo que nació en Italia y que me acompañará el resto de mi vida es ese inexplicable gusto por retratar “La Anunciación” tantas veces como se me presente. Creo que moriré sin saber por qué me surgió ese gusto pero ahora, aunque no quiera cumplirlo, es algo más fuerte que yo, incluso me molesta seguir ese mandato ¬_¬U.
La Virgen del Apocalipsis (Hell Yeah!)

Además del arte sacro, también hay otras secciones como la de autos antiguos, arte zacatecano, talleres artísticos para niños y hasta una exposición de arte prehispánico, muy interesante. Fue una visita larga (unas tres horas) pero sin duda valió la pena.

Aunque el arte sacro no es mi favorito, creo que éste fue el museo que más disfrute en Zacatecas, tanto por su presentación, por dejarte sacar fotos, por su extensión y su diversidad en cuanto a las exposiciones.

Eso sí, hubo algo que al inicio me dio felicidad pero que, al final, se tornó en tristeza. Y es que la afluencia de visitantes al lugar es insultantemente baja. Primero fui feliz porque pude recorrer el sitio de manera tranquila pero, al final, fue triste que el mejor museo de Zacatecas reciba tan pocas visitas.

Pase a ver la Iglesia que, al igual del resto que había visitado, el exterior resultaba más atractivo que el interior, y es que las construcciones de cantera, con ese tono entre rosa y naranja, causan una impresión indeleble en el alma. Así que emprendí mi camino de regreso a Zacatecas, otra vez caminando, para atender un par de pendientes del día anterior.
La Ex-Plaza de toros junto con el Acueducto

ExPlaza de Toros San Pedro

Algo de lo que me di cuenta los tres días en la capital zacatecana es que, si dabas vuelta en alguna calle equivocada, podías acabar en zonas feas y hasta peligrosas, por fortuna mi instinto de supervivencia reaccionaba y daba media vuelta para regresar a la zona turística. Éste es un fenómeno típico en México, en donde puedes pasar de una zona bonita a otra fea con el simple hecho de dar vuelta a la esquina.

Eso me pasó con la ExPlaza de Toros San Pedro, misma que se ubica dentro del Hotel Quinta Real. El mendigo Google Maps me llevó por unas callecitas horrendas (hasta creí que me iban a asaltar) pero, siguiendo mi instinto me metí en unos callejoncitos y ¡Voilá! Salí a la parte mona y fresa del hotel (esas dicotomías citadinas entre lo feo y lo bello pueden ser muy estresantes en mi país).
El Acueducto

Rodee el hotel y, por más que lo intentaba, no se veía la mendiga Plaza de Toros así que, con el viejo proverbio que “No hay pregunta más tonta que la que no se hace”, me acerqué a la entrada y le pregunté a los de seguridad si podía pasar a echarle un vistazo a la antigua Plaza de Toros, algo a lo que amablemente accedieron y me dejaron ingresar sin mayor dificultad.

El hotel se ve muy fresa (para los estándares de la ciudad) y la visión de la Plaza de Toros es muy bella, en especial cuando el Acueducto le queda detrás. Saqué mis fotos y salí muy agradecido con los señores de la entrada.
No les alcanzó el presupuesto para el "Actecas" faltante

Ya afuera, en el parque de enfrente, mientras fotografiaba el Acueducto y las letras grandes de Zacatecas, veía cómo otras personas rondaban el lugar en busca de la Plaza de Toros, pero ninguna se animaba a preguntar y se iban sin conocer tan bello lugar. Ver a esas personas me recordó algo que he ido aprendiendo, a base de regarla: Si no preguntas, la respuesta siempre será “No”.

Edificios religiosos adaptados

Mi siguiente destino fue el Exconvento de San Agustín, que ahora está convertido en un centro expositor. El edificio se ve que era muy bello y te rompe un poco el corazón verlo tan vacío. La exposición no era nada del otro mundo, en realidad eran rayitas y bolitas, sin ninguna obra que valiera la pena, pero ya con entrar al edificio tienes, además la entrada es gratuita.
Exconvento de San Agustín

Eso me pareció curioso de Zacatecas: la cantidad de edificios religiosos que están adaptados en museos o edificios de gobierno, además de ser construcciones imponentes. Obvio algunas estaban semidestruidas, pero otras estaban en perfectas condiciones. Naturalmente los factores son variados (leyes de Reforma, guerras, explosiones y demás), pero no deja de ser llamativo que tantos templos ya no funcionen para lo que originalmente fueron creados.

Por cierto, me llamó mucho la atención que en TODOS y cada uno de los museos que visite, independientemente que la entrada se cobrara o fuese gratuita, te tenías que registrar, con nombre, edad y lugar de procedencia. Algo que me parece muy curioso porque no sé para qué vayan a utilizar esa información, ya que de por sí Zacatecas recibe mucho turismo, así que no creo que necesiten esos datos demográficos para hacerle más publicidad.

Adiós Zacatecas
Adiós Zacatecas, siempre te recordaré

Terminado mi itinerario, le pase a dar una última vuelta a la catedral y a algunos lugares que recorrí durante esos tres días. Al otro día me iba a ir temprano porque quería llegar a casa a buena hora para (tontamente) ver el último partido de la temporada de mis Delfines (que perdieron los muy putos ¬_¬).

No fue tan malo quedarme otro día en Zacatecas, ya que el Museo de Guadalupe valió mucho la pena, además pude comprarme algunos recuerditos con calma, cosa que no había hecho los días anteriores.
Patio interno del Museo de Guadalupe

Me gustó mucho Zacatecas y lo recorrí a placer pero, honestamente, dudo regresar; y es que no hace falta hacerlo, porque fue un lugar al que me entregué durante tres días y fue un lugar generoso al darme todo lo que tenía durante mi estancia.

Es una ciudad que me enamoró con algunos de sus detalles pero, fuera de ello, ya no tengo nada a qué volver. Sin duda recomiendo conocerla, ya que es un sitio muy bello, algo sucio, con gente decente, buenos museos, buenos precios, bellas iglesias y con ese toque especial que le da a su centro histórico la cantera rosada y naranja.


Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Jose Antonio Hernandez Morales dijo...

Se ven padres las iglesias con esas piedras rosadas