sábado, 17 de febrero de 2018

La incapacidad de tener una pareja

            Constantemente, a través de diversos medios, veo muchas quejas de personas que se declaran “forever alone”, que nadie los quiere, que nadie los ama y que mejor se comen un gusanito . . . esteeee . . . . perdón, un desliz.

            El caso es que mucho de ese sentimiento es ocasionado por la presión social de tener pareja para que, eventualmente, te cases. Tema que ya trate ampliamente en escritos previos. Este ensayo no pretende ser una queja lastimera de por qué el mundo no me ama, no me acepta, no me quiere y demás o, por lo menos, no es mi intención.

            La Certeza

            Voy corriendo por la pirámide de Cholula, en una agradable tarde cálida de Viernes, así que las parejas pululan. Recuerdo cuando esas visiones me ocasionaban envidia y tristeza, deseando tener una mujer que me hiciera feliz.

            Hoy veo a esas parejas y (casi) no siento nada, de hecho las veo y reafirmo una certeza que tengo presente: quiero evitar relacionarme en el tiempo que me reste en este mundo. No lo digo como lamento, en realidad es una especie de mantra porque ciertamente ya sólo me visualizo por mi cuenta, sin nadie al lado.


            Eso me hizo recordar que un par de días antes Luisa (una de mis compañeras más queridas y generosas de la oficina) estuvo insistiéndome para presentarme a una de sus amigas; la chica es cuestión está guapa, es agradable y tiene un cuerpo delicioso. En otras épocas no hubiese dejado pasar dicha oportunidad (aunque me caguen las citas arregladas), pero en esta ocasión opté por rechazar amablemente la oferta.

            “¿Acaso no te gusta?” me cuestiona con frustración Luisa “Es muy bella” le contesto, “pero no estoy interesado”. La respuesta no le satisface y sigue intentando que acepte. A un nivel mi ego disfruta la insistencia, pero ni siquiera está en entredicho mi decisión porque, en verdad, no estoy interesado.

            Los malditos instintos

Y miren que lo lamento, porque la amiga en verdad está muy apetecible, y ahí desearía que hubiera un botoncito para apagar mis instintos, que con gusto los tendría desactivados gran parte del tiempo y sólo los encendería en cuestiones realmente necesarias (hacer ejercicio, ver un partido de NFL, ver pornografía, etc). Por desgracia ese maravilloso botón no existe, así que tengo que lidiar con mis reacciones animales.


¿Por qué menciono lo de desactivar los instintos? Porque me encantan las mujeres, veo alguna chica apetecible en la oficina y me la imagino en variedad de situaciones que, por respeto, no voy a compartir. Para mi fortuna (o desgracia, según el punto de vista), ha pasado tanto tiempo desde la última vez que tuve un contacto íntimo que me conformo con el hecho de ver, ya no tengo la necesidad de intentar algo más.

Pero las veo pasar y se me antojan, copularía con ellas como perro en ese mismo instante, pero sólo de pensar en todo el proceso de la inversión de tiempo, dinero y esfuerzo que implica coger, si es que lo logras, me desanima bastante.

Sin embargo dices “Bueno, el premio lo vale” pero el precio a pagar después es lo que me termina de desanimar: porque ya viene la época de “conquista” y no me refiero a la parte positiva de la palabra, sino a someterte: llevarte a reuniones, disponer de tu tiempo, de tu atención y espacio, ahí es donde definitivamente descarto la inversión y me digo “Bendito PornHub, qué bueno que eres gratis y no requiere de todo mi tiempo” (Sí lo sé, soy despreciable, dígame algo que no sepa ya).


            El Lobo solitario

            La verdad es que estoy muy cómodo con mi soledad, estilo de vida egoísta que me permite tener casi la totalidad de mis recursos a mi disposición. Basándome en mi experiencia, si entrara en una relación sería inmensamente mayor lo que tendría que perder a comparación de las supuestas ganancias de las cuales he visto muy pocas.

            Pero esta situación no es de a gratis, ya que la gran mayoría del tiempo he estado solo en cuestión sentimental. He pasado muchos años sin novia ni amante y, por ende, también he pasado mucho tiempo sin copular. En ocasiones llega alguna que rompe mi soledad y por unos meses, vuelvo a creer en el amor y que tal vez pudiera vivir con la fémina en cuestión pero, invariablemente, la intentona de relación termina. A veces me ilusionan con algunos encuentros, besos o caricias y aunque, por un corto tiempo, me llenan la vida de alegría y color, es muy poco para llenar mi existencia de plenitud.


            Por lo mismo que casi no he tenido novias es que mi experiencia sexual es poca y, al pasar el tiempo, me empieza a resultar irrelevante, incluso llega el punto en que me da ya hueva relacionarme. Sin embargo, los instintos están presentes siempre y, de vez en cuando, conozco alguna chica que podría enamorarme y darle en la madre a mi pacifica soledad.

Mi clasificación de atractivo femenino

A diferencia del resto de hombres, suelo ser muy selectivo en mis gustos, y por eso cojo tan poco porque, como bien reza el sabio dicho: “el que escoge no coge”, y es que no me veo copulando con la primera fémina que se cruce en mi camino, como muchos de mis conocidos hacen.
           
Audrey me fulminaría con esa mirada
Las mujeres me pueden resultar atractivas en tres clasificaciones:
A)    Hay unas cuya personalidad e inteligencia me encantan, con las que puedo sostener una plática muy nutritiva e interesante, ya que su manera de pensar se acopla muy bien a la mía o, aunque no se adapten, son tan brillantes que las admiro a pesar de la diferencia de puntos de vista. Sin embargo, su físico no me atrae en absoluto.
B)    Hay otras que su personalidad no me gusta, su manera de pensar la encuentro errónea, pero tienen algo físico que me atrae irracionalmente. Esos cuerpos y rostros que me prenden de inmediato y que, si ellas se lo propusieran, podrían aprovecharse de mi cierto tiempo aunque una vez satisfecha la “comezón” sé que me resultarían indiferentes.
C)    La más peligrosa: una mujer que me encanta a todos los niveles, misma que me atrae física, emocional y cognitivamente. Ese tipo de mujeres son raras en mi vida, a esta categoría pertenecieron Nadia y Harumi. Actualmente hay una sola mujer en esta sección, por lo que he tomado mis precauciones.

            Un peligro latente


            Tengo una amiguita que me encanta y que, por fortuna, tiene novio, lo cual me resulta muy conveniente porque de lo contrario sería aún más peligrosa. Y es que, honestamente, no sé cómo reaccionaría el sujeto si viera la calidez con que abrazo y beso a su chica cuando nos vemos o nos despedimos. Dicen en la oficina que casi me la fajo de lo pegados que estamos.

Luego me entra un miedo, “si ella fuese mi novia, ¿podría estar tranquilo con que salga con sus amigos a solas y que la sabroseen como yo la sabroseo?” Y la respuesta fue rápida e inmediata “¡Definitivamente No!”

Creo que una razón de peso que va a impedir relacionarme de nuevo son los celos: Así como defiendo mi libertad, al mismo tiempo, soy muy celoso con una mujer que me importa. No se imaginan lo que sufría cuando veía bailar a Nadia con otros hombres, en verdad me moría por dentro.


Como soy muy consciente de la justicia, si quiero libertad, debo darla y como no estoy dispuesto a darla al mismo nivel que la exijo, prefiero no relacionarme, porque tampoco puedo ser tan injusto e hijo de puta con cualquier mujer que tenga la desgracia de relacionarse conmigo.

Volviendo a la chica peligrosa, la he borrado tres veces de mis contactos, por ende, le dejo de escribir durante unas semanas, hasta que ella me escribe de regreso con un reclamo, una disculpa o una pregunta de por qué la borré (por ello cambié la configuración del Whatsapp, para que ya no se diera cuenta que la borre). Sin embargo, sin importar las veces que regrese, la seguiré borrando ¿Por qué? Porque la paz, tranquilidad y plenitud que siento estando solo es inigualable y no la consigues con nada.


            Sí, ya sé, aquí vendrían las expresiones programadas de muchas personas amaestradas para repetir cosas como “Es que cuando encuentras el amor verdadero es el día más relevante de tu día”, “Tu existencia no tendrá sentido hasta que sepas lo que es amar y ser amado”, “Los humanos nacimos para vivir en pareja” y demás sarta de ideas preconcebidas que la gente repite sin cesar, sin razonar y de manera automática.

            A ver, en MI historia, el amor sólo ha significado algo: sufrimiento, y dentro de esto se abarca el dolor, la incertidumbre, las esperanzas, las decepciones, las alegrías y demás. Ciertamente enamorarse debe ser de lo más bonito que te puede pasar en tu vida, PERO eso no quiere decir que tampoco esté exento de mucho dolor.

            El trayecto es lindo, intenso, inesperado, emocionante y todo lo que quieran mencionar, sin duda un viaje que vale la pena experimentar, sin embargo, hay algo que no tienes mientras estás enamorado: Paz interna.

            ¿Por qué? Porque siempre quieres saber si te ama, si no te ama, si le gusta a otro, si le aburres, si te va a engañar, si se van a casar, si van a tener hijos, si la familia te acepta, etcétera. Cuando encuentras algo tan valioso que el valor de tu propia existencia está en función a la aceptación de esa persona, es que ya valiste madre.


            La función del enamoramiento

            Aunque el tema lo voy a tratar de manera profunda en otro escrito, cuando te enamoras, los instintos pasan al asiento del conductor, dejando al cerebro como un pasajero inútil que (en el mejor de los casos) sólo puede observar sin hacer nada. Como el enamoramiento anula nuestro sentido común, tomas decisiones relevantes que, normalmente, estando en tus cinco sentidos, no tomarías, como casarte y tener hijos.

            Ésa es la función del enamoramiento: apendejarnos, percibir personas y situaciones que no existen, anular nuestras experiencias y aprendizajes para tomar decisiones relevantes de manera rápida. Y, en mi experiencia, no vale la pena.


            Nuevamente, ésa es sólo mi postura, basado en el exceso de sufrimiento y la escasez de resultados. Así que, ante las nimias ganancias, uno va perdiendo el interés de relacionarse, incluso de coger y, paulatinamente, se va convirtiendo uno en un ser ermitaño y asexual.

            Sé que los instintos son amos y señores del comportamiento humano. Sin embargo he aprendido, a base de madrazos, a darle el poder a  mi cerebro, que tome el control y no deje entrar al amor otra vez ¿por qué? Porque con mi amor propio egoísta estoy en paz, estoy pleno y es el mejor estado en que puedo existir.

            Sí, lo sé, no me lo repitan: es lindo enamorarse y sentir mariposas en el estómago, pero también es de la chingada toda la incertidumbre y sufrimiento que conlleva. Además el enamorarse no es la única experiencia donde te sientes feliz: viajando, leyendo, ver partidos de mis Delfines, ayudar a alguien que quieres, etc.

            El enamoradizo Hebert


            Para llegar a relacionarme, necesitaría una chica que me guste bastante pero que no me haga perder la razón ¿Por qué? Para darme cuenta de mi accionar, para no hacer promesas que luego no voy a poder cumplir, para decidir con la cabeza (correcta) si me conviene ceder lo que voy a ceder y darme cuenta también de sus falencias.

Ahora, aunque una mujer así existiera, lo triste es que me acabaría enamorando y otra vez valdría madre. Y es que vivo en un círculo vicioso en el que, como no he tenido pareja regularmente, no estoy acostumbrado a las relaciones, por consiguiente, cuando tengo una potencial, me emociono y me enamoro.

Soy una persona muy leal, para bien o para mal (ese “para mal” es para mí, obvio). Es por ello que no puedo salir con alguien que no me  guste, que no me resulte atractiva, así que opto por no darle alas a quien no me interesa. Sé que esto no es común, ya que a la gente le gusta tener tantas “veladoras encendidas” como sea posible, pero ésa no es mi esencia.


Regresando con la que me gusta en la actualidad, y conectando el tema de los celos: ella me gusta con lo cariñosa que es y la libertad que tiene y, como no puedo lidiar con esas prestaciones, porque me moriría de celos, prefiero dejarla pasar y que sea feliz libre. Es chistoso como su libertad me encanta, porque me permite ser cariñoso con ella, pero me incomoda imaginármela con esa misma actitud siendo mi novia.

La quiero tanto como para no hacerle la vida miserable (y me quiero más a mí para no hacer mi propia existencia miserable), es más sano dejarla ir y que encuentre alguien que no sea tan celoso, posesivo o inmaduro que la deje florecer conforme a su esencia. ¿Acaso han visto un acto de amor tan grande? ¿Por qué? Porque prefiero que mantenga toda esa libertad que la hace brillar de manera tan atractiva y, también debo admitirlo, también prefiero seguir libre por mi cuenta.

            Una gran razón para ya no volver a relacionarme es mi estilo generoso, detallista, acomedido, solidario y demás que tengo con las féminas que me gustan, por eso mismo es que doy demasiado. Cuando esto pasa, viene la frase que más detesto escuchar “Es que eres muy lindo”, y como ya no estoy dispuesto a ser el pendejo de nadie, me he prometido no volver a escuchar eso de “lindo”.


Por desgracia, creo que mi esencia es “linda”, así que he optado por ahorrarme todo el desgaste (de todos mis valiosos recursos) que implica conquistar a una mujer para que me salga con sus mamadas de que soy lindo. A mí me vale tres kilos y medio de verga ser lindo

            Mis enamoramientos

            El enamoramiento es una reacción química de la cual nadie se salva, me ha pasado dos veces y en verdad es una fuerza muy superior a tu voluntad. Pero si hubo una gran diferencia por los once años que pasaron entre Harumi y Nadia: mi consciencia. Con Harumi me perdí totalmente, me entregue a las mieles del enamoramiento sin mayor precaución y la consecuencia de la decepción fue terrible ya que, por despecho, terminé en un matrimonio altamente nocivo.


            Con Nadia fue diferente, no sólo por mi edad, sino por mi consciencia. Obvio me inunde en las mieles del enamoramiento, mismas que causan adicción y una embriagante sensación de locura. Pero, a pesar de ello, me daba cuenta de lo que pasaba, ciertamente no estaba en control, pero sí veía y opinaba. Recalco, esa parte consciente no tenía mucho qué hacer en cada pendejada que cometí con Nadia, pero fue tomando nota.

            Hoy en día, esa parte consciente ha retomado el control de mi vida, y ha puesto unos mecanismos de defensa mucho más fuertes de los que jamás haya tenido. Aunque hay muchas chicas que me gustan pero, por más ridículo que suene, mi corazón está clausurado, está sellado y blindado. No digo que va a ser imposible que alguien entre pero, en verdad, debiera ser alguien increíble para que lo lograra.


            A pesar de todos esos mecanismos de defensa, no me confío ya que, por no estar atento, Nadia ingresó a mi vida sin siquiera esperarla o buscarla. A Harumi sí la buscaba, y me apabulló porque no me la esperaba tan perfecta, el impacto de Nadia fue mayor, porque no esperaba que ese tipo de cosas pasaran más de una vez en la vida.

            Ahora sé que eso puede pasar nuevamente, sé que es escasa la probabilidad de que me pase una tercera vez, pero la posibilidad existe y ahora no me va a tomar por sorpresa, por ello cuando veo a alguna chica que ligeramente podría gustarme, la admiro y la dejo pasar, ni siquiera hago el mínimo esfuerzo para que voltee a verme, sólo la dejo pasar y, si de casualidad, intenta abordarme, seré yo el que se haga el desentendido y huirá de inmediato, sin mayor explicación.


            Dicen mis amigas que soy un exagerado, miedoso y patético, y tienen  razón, pero nadie me puede culpar por privilegiar una vida en paz en lugar de volverme a arriesgar a salir lastimado. Dicen que cada cual cuenta de la Feria cómo le fue en ella y, en definitiva, me ha ido muy mal y, honestamente, por instinto de conservación, prefiero ya no intentarlo, sobre todo cuando puedo bastarme a mi solito. Por eso digo que hay más riesgo de perder que de ganar si me vuelvo a relacionar ya que, pecando de soberbio, no hay algo que anhele de otra persona, es más, ya ni siquiera el sexo.


Mi objetivo

Estoy evitando que mi alegría dependa (otra vez) de alguien más. He comprobado que la felicidad basada en mí mismo es estable, profunda y productiva, no encuentro una razón suficiente para arriesgar eso por una calentura sexual.

Se me puede tachar de cobarde y seguramente tienen razón, aunque sería injusto porque, sin duda alguna lo he intentado,  y he llegado a la conclusión que esto de relacionarse no es para todos. El problema es que muchos se empecinan y prefieren una relación forzada que los hace miserables antes de arriesgarse a una pacífica soledad.

Hay quien me ha dicho “Seguramente eres muy difícil para relacionarte” y puede ser que tengan razón pero, por otro lado, sé que el problema de fondo es justamente el contrario: soy muy fácil y, cuando me enamoro, amo sin medida y doy todo lo que está a mi alcance. A primera vista habrá quien diga “¡Qué lindo! ¡Quiero alguien así!” Pero deben tener cuidado con lo que desean.


Tener a alguien que te quiere complacer todo el tiempo, que siempre está disponible para ti, para lo que necesites, cuando lo necesites, al inicio es muy padre (para quien recibe) pero, con el paso del tiempo es un verdadero dolor de trasero, y acaba siendo un martirio (para ambos).

El dar todo no es muestra de una relación sana ni de un individuo estable, alguien con el amor propio en su lugar no se desvive de sobremanera por nadie que, tal vez, lo valga pero que no ha hecho nada para merecer tantas atenciones. Alguien sensato y centrado, sabe darse su tiempo, su espacio y su valor, tiene la serenidad necesaria para esperar que la relación vaya consolidándose, madurando y creciendo. Sólo los inmaduros quieren vivir el amor de su vida tan pronto como sea posible e, ilusamente, quiere que dure así de perfecto hasta el final de los tiempos.


La chica de la Tintorería

            Al parecer, la chica peligrosa, de líneas arriba, por fin ha entendido mis indirectas, así que el Universo me mandó otro recordatorio del constante peligro en el cual vivo y, nuevamente, pone a prueba mis defensas.

            Hace un par de meses, al lugar en donde llevo a planchar mi ropa, empezó a atender una chica pelirroja (no natural) los días sábados. Desde entonces “casualmente” voy a dicho lugar en fines de semana.

            Desde la primera vez que la vi me pareció MUY atractiva y sentí esa reacción química que tanto me caga: enamoramiento. Pero algo que he aprendido es que, para que eso crezca, se necesita la interacción constante, algo que he cuidado que no pase.
           
            “Buenos días”, “Buenas Tardes” “Vengo por mi ropa” “¿Cuánto es?” y “Gracias” son las únicas frases que intercambio con ella. Nada de piropos, nada de familiaridad, cuido que ninguna rendija quede abierta para que se cuele algún otro dato innecesario. Y es que la chica en verdad me encanta y, por lo mismo, me afecta verla. Por fortuna me he hecho demasiado cobarde, cínico o insensible para controlar mi emoción, para contenerme y fingir indiferencia y salir de ahí con la victoria hueca de no hablarle ni invitarla a salir.


            Y digo que me afecta porque después de verla tardo un buen rato en tranquilizarme, porque recuerdo todo lo bello que se siente amar pero, con la acumulación de los (d)años, también recuerdo todo el sufrimiento, la incertidumbre y el dolor que trajeron consigo aquellas intentonas de relación.

            El inválido sentimental

            Además, para que acabe de “amarrar” mi postura, me acabo preguntando “¿Para qué Hebert?” Y recuerdo todas esas experiencias pasadas, obviamente aún tengo presente toda la ilusión y alegría que experimente en su momento, pero también todo el dolor, desilusión y lo que me cuesta recuperarme tras una tristeza tan grande.


He aprendido a aceptar que no sé cómo relacionarme y que intentarlo requiere mucha energía de mi parte y, como no se han dado los resultados, en verdad es una acción que va en contra de mi bienestar.

            Obvio también me repito argumentos como la edad (se ve que ronda los 25 años), el status social y demás, aunque sé que son pretextos tontos que te son útiles para justificar el miedo e inmadurez.

Así que soy honesto conmigo y acepto que me gusta la chica pero también veo ese sentimiento en el pecho que me incomoda y recuerdo todo lo que significa estar enamorado, y ya no quiero pasar por ello.

Igual y es muy bonito de a ratos pero, en mi experiencia, pierdo mucho más de lo que jamás aposté, y ya no quiero eso, sólo quiero tener una vida en paz y, he llegado a la conclusión, que la única manera en que puedo vivir en plenitud es en soledad total.


Hebert Gutiérrez Morales.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Jeje..Hola Hebert espero te encuentres bien. Tenía un buen rato que no te leía. Tenía mucho que no entraba al correo de hotmail y en mis ratos libres he leído varios de tus blogs y en muchos de tus escritos me identifico un montón.Yo creo que no eres la única persona que siente y piensa de esa manera. De alguna manera me daba risa algunas partes que leía porque es como si describieras lo que pienso y a la vez pensaba en algo para comentarte respecto a eso y resultaba que ya habías adelantado mi respuesta. También estoy en ese momento "cómodo" en que no me importa tanto tener una relación con alguien porque sería sacrificar mi libertad por algo o alguien que a final de cuentas no lo aprecie o no termine bien, así que como dice "Don Jaimito" el cartero "prefiero evitar la fatiga", sobretodo en estos tiempo tan complicados en que las relaciones no duran mucho, así que mejor me divierto y salgo con mis amigos cuando se puede o a bailar salsa de vez en cuando (ya no tan seguido como antes lo hacía) que durante un buen tiempo fue mi salvavidas para sobre llevar la muerte de mis padres y los desamores de personas que no supieron valorar el bombón que soy y demasiado tarde se dieron cuenta de la cajeteada que hicieron al no saber elegir jajajaja (cosas de la vida).
En fin, siempre es un gusto leerte. Te envío saludos y un gran abrazo desde la distancia (tierras tapatías). Bendiciones ;)

Mónica.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Hola Moni, qué gusto me da saber de ti después de tanto tiempo. Como bien dices, en estos tiempos de tanto egoísmo, es difícil llevar una relación, porque ahora la gente se relaciona para que tú les llenes la vida, se las resuelvas y los entretengas, para llenar un vacío que ellos no han podido resolver. Igual y mi postura es cobarde y cómoda, pero uno aprende a valorar la paz antes que otras cosas.
Lamento leer lo de tus padres, y espero que hayas acomodado tu dolor en tu vida y a tenerlos presentes a través de todo lo que te dieron (bueno malo).
Yo ya no bailo, en el escrito "(Casi) una decada bailando" explico las razones, pero siempre le agradeceré al baile haber conocido gente tan valiosa como tú mi querida Moni ;-).
Te mando un gran abrazo y, al parecer, algún día visitaré tus tierras, porque mi hermano vive por allá y pronto se va a casar (Espero que le vaya mejor de lo que a mí me fue).
Un gustazo Moni.
:-)

Liliana de Santiago dijo...

Hola Hebert,
Justo ayer por la mañana estaba pensando en lo de idea preconcebida de pareja, en el valor de la paz individual y la importancia de no perder la esencia.
Respecto a la idea preconcebida de pareja, estoy ahora en ese cambio de chip y viendo las ventajas de no tener una pareja demandante de tiempo y atención.
Recién tuve una relación que me demandaba tiempo y mis cuentas no me salían para brindarle más debido a mis actividades y compromisos.
Luego me pedía atención, tanta que hasta se molestaba de no contestar el teléfono de inmediato por ejemplo. Esto se contraponía con mi idea de no ser esclava del teléfono celular. Lo que pedía esta persona de mí poco a poco me fue llevando a sentirme presionada y hasta tener valores altos de presión arterial.
No me sentía en paz. Se me presentó un berrinche de la contraparte en donde dije hasta aquí y salí de esta situación. Hoy estoy re valorando mi paz interior, ya no me duele la cabeza o zumban los oídos ;).
Volví a retomar mis actividades, a hacer lo que me gusta, dándole su tiempo y haciendo caso a mi voz interior que se me presentó en un sueño y me dijo que no perdiera mi esencia.
Doy gracias por lo aprendido con esta persona y lo tendré en cuenta para la próxima.
No puedo decir que ya no beberé de esta agua llamada amor, sólo que seré paciente y más selectiva.
Te mando un abrazo,
Liliana