domingo, 11 de febrero de 2018

Libertad sexual y Machismo (Sexo en Japón: Parte 1)

Arashiyama, Kioto
            Si hay un país para satisfacer tus perversiones de manera real, sin duda ése es Cuba aunque, con la entrada de los Gringos igual y muchas van a encarecerse ¬_¬U. Pero si quieres encontrar un país en donde puedes satisfacer las más bajas perversiones, principalmente de manera virtual o asistida, ése es Japón, y es que te ofrecen una amplia variedad de posibilidades para satisfacer a esa bestia perversa, cochina y marrana que tienes dentro (yo no, obviamente, sólo hablo por el primo de un amigo).

            Relajación sexual

            Hay una postura muy ambigua sobre el sexo, no se habla abiertamente sobre él, sin embargo el material al respecto y las referencias abundan por todos lados. Así que se le puede percibir como enferma o saludable, según la perspectiva de quien la analice. Los japoneses tienen una combinación extraña pero fascinante entre lo infantil y lo perverso, entre lo sexual y lo asexual, entre lo profundo y lo superficial, entre la libertad y la restricción, pero todo ha encontrado un equilibrio impresionante dentro de su vida cotidiana.

            Para nosotros los occidentales habrá muchas cosas que nos sorprendan, tanto positiva como negativamente, de su ideología sexual, pero no podemos negar que resulta inexplicablemente atractiva.

            En Japón si ven a una jovenzuela de la mano de un señor, nadie se ofende, de hecho lo ven como un “trato” justo, ya que ella ofrece las “delicias” de su juventud y él la consiente con las posibilidades que le da su dinero. Es algo que se entiende y que van a seguir hasta que uno de los dos se canse.

            Por eso hay una amplia variedad de “Love Hotel”, un concepto parecido al Motel en México pero con MUCHA más producción, distintas temáticas y muchos accesorios para aprovechar tus visitas.

También hay lugares caros en los que los “jefes” llevan a cenar a sus secretarias y/o amantes para después ir por el “postre” y es algo del dominio público (lo del lugar, no lo del jefe), y los japos lo ven como algo normal, nadie se ofende ni se escandaliza (bueno, si la esposa del jefe se entera, podría “molestarse” un poquito).

Las desinhibidas chicas japonesas

Es increíble cómo los conceptos de belleza cambian de una cultura a otra. Eso lo he comprobado en mis visitas a países europeos como Alemania, Inglaterra o Islandia, en donde (irónicamente) soy blanco constante de las miradas femeninas cuando en mi país ni siquiera llamo la atención.

En Japón la gente es muy delgada por lo que una mujer voluptuosa, que en mi país es muy atractiva, en la Isla la consideran como obesa. De hecho, resulta curioso que después de pasar algunos días entre ellos, empiezas a adoptar los mismos cánones de belleza, y eso que no me encantan las chicas flaquitas.

            Este viaje amplió mi panorama, en cuanto a gusto por mujeres se refiere ya que, con una notable excepción, nunca me habían gustado especialmente las japonesas. Sin embargo, al verlas por dos semanas en shortsitos, falditas, topcitos y demás prendas provocativas, me quedó claro que estaban muy cómodas con mostrar su cuerpo y, de cierta manera, con su sexualidad. Y que conste que TODOS los días de mi estancia hizo frío, así que no me imagino el espectáculo cuando hace calor (hasta se me sale la baba de imaginármelo H_H).

            Incluso me encontraba con una que otra Dominatriz en la calle que provocaba que todos, tanto hombres como mujeres, volteáramos con una apariencia tan provocativa como reveladora. Personalmente no me molestaba su vestimenta, al contrario, me encantaba que así fuera la chica, lo que me llamó la atención es ver ese atuendo  a plena luz del día, en un lugar público y que éste fuera un templo budista ó_O Pero si los monjes no tienen problemas, yo tampoco H_H

            Atuendos provocativos

Pero hay una razón por la que a las jovencitas les encante vestirse de manera tan extravagante: para llamar la atención, para ser ese fruto prohibido, para provocar a una sociedad en letargo sexual (de lo cual hablaré en el siguiente escrito). Y también lo hacen de manera traviesa, porque se saben seguras en dicha sociedad.

            Y es que las chamacas de Prepa osecundaria no son muy pudorosas al momento de ajustar el uniforme escolar, ya que las minifalditas no te dejan indiferente, y ahí te salen los instintos más perversos que, por fortuna, aprendes a controlar. Tampoco ayuda que las japonesas no tienen mucho recato, pudor, elegancia o como gusten llamarle al momento de sentarse, ya que te llevas constantes “flashazos” en los lugares que frecuentan estas jovencitas. Y uno se pregunta “¿Son conscientes del efecto que provocan? O ¿En verdad no se dan cuenta?”.

Y ahí es donde muchos aprovechan para sacar fotos y hacerse de su galería personal, ¿cómo supe eso? Por un hecho que me era insignificante pero que, invariablemente, en Japón causó extrañeza: la posibilidad de silenciar mi celular, inclusive para las fotos. La razón es que en Japón, TODOS los celulares tienen activado el sonido de cámara, sin importar el modelo o configuración, ya que ésta es una manera de alertar a la gente cuando está siendo fotografiada de forma clandestina (especialmente a las chicas). Por eso, cuando algún nipón me ayudaba a sacarme alguna foto, se sorprendía de que mi cámara no emitiera sonido alguno, así que me explicaban que allá eso no es posible.

            Esta medida en gran parte se debe a que a las jóvenes niponas les encantan las falditas (y a mí me encanta que les encanten H_H), por lo cual uno se veía recompensado en los escalones de castillos, templos, pagodas y demás construcciones, que eran muy altos (como tipo pirámide) así que cuando subían con esas minifalditas era todo un logro no voltear hacia arriba . . . .  yo no lo logré y, siendo honestos, tampoco lo intente con mucho ahínco, pero supongo que alguien por ahí debió soportar la tentación de no voltear ;-)
Himeji

Ahí me hice consciente del por qué a los autores hentai les encantan los uniformes escolares, de policía, de enfermera o de mucama, por ese toque cotidiano al que le das un sabor picante.   Estos japoneses sí que saben explotar las perversiones del prójimo y, aunque ya no consumo hentai, sigo siendo hombre y, por la misma razón que no entro a Tables en México, es que no entré a los “Maid Café” en Tokio.

¿Prostitución? Algo así.

En Akihabara, existen los “Maid Café”, en donde te atienden chicas muy monas disfrazadas con los atuendos arriba mencionados. Cuando fui a dicho barrio vi los locales pero, por precaución, decidí no entrar. Y no porque fuese inseguro o ilegal, sino porque temía que me fuese a gustar. Incluso Paco se ofreció a acompañarme a alguno, pero ni así quise entrar, porque él confirmó mi sospecha “Esos lugares son como una especie de Table” y es que no es raro que varios hombres maduros entren y se gasten una buena lana en conseguir las atenciones de las señoritas sin llegar al contacto sexual.

            Pero no es necesario que entres a estos lugares, algunas escolares, al darse cuenta de cómo las ven los hombres, han cruzado la línea y cobran por su compañía a dichos señores. Algunas se limitan a tomar el café y salir a una cita, otras llegan hasta las relaciones sexuales, obteniendo buenas cifras de dinero. Y sí, también llegué a ver a dichas chicas en las calles, principalmente en las de Tokio.

En este lado del mundo eso cuenta como prostitución, aunque en Japón oficialmente no hay prostitutas. De igual manera técnica tampoco hay pornografía (aunque de eso hablaré más adelante). Recalco lo de “técnicamente” porque es sólo cuestión de tecnicismos. El hecho es que oficialmente no hay prostitutas, aunque eso no quiere decir que no encuentres alternativas perversas para satisfacer su libido.

Por ejemplo, hay lugares en donde pagas para que te den un baño de esponja, y efectivamente te dan tu baño con un “final feliz” (ya sea masturbada o copulación). Hay otros lugares en el cual pagas para que puedas nalguear a la chica de tu elección. Incluso hay otros negocios en donde te disfrazan de bebé y, la que la hace de tu mamá, te apapacha a tal grado que puede acabar masturbándote.

Esas son algunas de las opciones más “coloridas”, sin embargo hay algunas más elegantes, dignas y, por ende, más caras.

Esto me trae al tema de las Geisha que, en occidente, hay una creencia generalizada de que son prostitutas finas, pero no hay nada más alejado de la realidad. Las Geisha no son prostitutas, son damas de compañía muy cultas, a las que se les pagaban grandes cantidades  para gozar de su presencia (no sexual), montos que los hombres pagaban con gusto porque tenían la libertad de platicar, de ser ellos, antes de retomar su rol como patriarca al llegar a casa. Obviamente sí han habido Geisha que han llegado a tener relaciones con sus patrocinadores, pero son de común acuerdo, más que un acto de prostitución.

Inspirado un poco en las Geisha, surgió el fenómeno de los Host y las Hostess, mismo que ha crecido mucho en Japón. No se considera propiamente prostitución, sino un servicio de compañía, a quienes pagas para que tengan una cita contigo, sin tener propiamente que tener relaciones. Este fenómeno también ha ido creciendo, y con mayor frecuencia en la población femenina.

Y es que  las mujeres ejecutivas optan por no tener una pareja fija que se interponga con su desarrollo laboral, pero quieren tener compañía. Así que adquieren los servicios de un Host, que las acompañe a cenar, a bailar, a ir al cine y a platicar. Ellas pagan todo y él sólo debe ser una compañía interesante y amena. Eso sí, no debe de haber sexo involucrado, a menos que ellas lo soliciten, ya que si hay acto, ellas ya no le pagan el resto de sus servicios al hombre. En los clientes hombres funciona un poco diferente, ya que también los hay quienes se conforman con la compañía pero, en realidad, muchos sí quieren el sexo incluido en su cita.

Ahora, no todo es tan civilizado y tan tranquilo porque, a pesar de todos estos hechos evidentes, es obvio que los nipones también tienen otras características sexuales menos correctas y hasta nocivas, como pasa en todos lados.

            El machismo nipón

            Si combinas el machismo japonés con la tendencia que tienen para no “hacer un espectáculo”, entenderás porque tanto raboverde (porque los chavos no lo hacen) le meten mano a jovencitas en el metro, y es que con esas falditas hasta yo me animaba . . . .ejem . . . . volviendo al tema.

            Muchos lo hacen porque saben que la chica no va a gritar ni decir nada, porque prefiere aguantar la humillación antes de hacer una escena, así que los señores aprovechan la aglomeración de gente, que en Japón son bastante frecuentes, y se dan gusto. Aunque Paco me comenta que, de a poco, las mujeres ya empiezan a animarse a gritar y a soltarles sus buenos chingadazos.

            Otro ejemplo del machismo nipón se da cuando las empleadas se embarazan, porque algunas son acosadas hasta que renuncian, sin el beneficio de sus prestaciones. Las mujeres se quedan calladas, no dicen nada ¿por qué? Porque no quieren “violentar” la paz y tranquilidad del resto.

            Continuando con la sumisión, generada por siglos de profundo machismo, las japonesas suelen ser muy permisivas con las peticiones de su pareja, haciendo cosas que ellas no encuentran agradables pero por pena (con “a”) no dicen nada y cooperan.
Sensouji, Tokio

Mucho del condimento en su vida sexual se logra por el machismo de unos y la sumisión de otras. Y ahí entendí por qué es tan popular tener una novia asiática en lugares como Europa, Canadá o Estados Unidos. Y es que alguien me decía alguna vez “Cuando pruebas a las japonesas, ya no quieres volver atrás”

            Para cerrar esta sección, aunque correspondería al machismo sino a la homofobia, no vi a ningún gay que se expresara de manera abierta. Obviamente los hay en Japón (y en todos los lugares del mundo), pero para ser un país en donde ves cada facha que te deja con el ojo cuadrado, resulta curioso que ves más gays declarados en Puebla(sociedad altamente mocha, mustia y que cuida las apariencias) que en una urbe tan caótica y libre como Tokio. Al final eso debe servirles para potenciar sus encuentros clandestinos como sus contrapartes heterosexuales.

            Resultó interesante contemplar todas estas situaciones machistas niponas, pero resultó aún más productiva porque el machismo japonés me permitió observar algunas cosas que no había visto de la versión que tenemos en el otro lado del pacífico.

El machismo de la caballerosidad.

            Cuando escribí el ensayo de “Feministas y Feminazis”, hubo una chica que me contestó de manera brillante sobre mi defensa de la caballerosidad: “El día que un hombre me permita abrirle la puerta, cederle el paso o arrimarle la silla para que se siente, será el día que permitiré que haga lo mismo por mí”. Inicialmente su respuesta me pareció algo tosca y me hizo pensar en su afiliación Feminazi, sin embargo, el viaje a Japón me hizo entender su punto.

            En Japón no existe el concepto de caballerosidad tal cual, el hombre no le abre la puerta a la mujer, no le cede el asiento ni mucho menos el paso (todavía es común ver a mujeres que caminan detrás de su pareja, aunque en los jóvenes eso ya está cambiando).

            Hasta ahí la lectura fácil sería “Claro, son más machistas que nosotros, es obvio que no lo hagan” pero, al ver la interacción de pareja entre ellos empecé a comprender algo de nuestra propia cultura.

            En México he salido, en algunas ocasiones, con mujeres alemanas y éstas se niegan a que les abra la puerta del coche “¿Por qué me la vas a abrir?” me cuestionan con un dejo de indignación, así que me limitó a responderles que es una costumbre local (que también se va perdiendo en las nuevas generaciones), pero aun así no les convence a las teutonas mi argumento.

            Me dicen que no hay razón para esas atenciones especiales, ya que somos igual de importantes por lo que ellas mismas se pueden abrir la puerta, arrimarse su silla y demás detalles. De igual manera no lo entendía, ya que me habían educado para ser un caballero, pero hubo una escena en el tren de Osaka a Kioto que me lo dejó claro.

Había un lugar vacío frente a mí pero, al llegar a la estación de Shin Osaka, se llenó el tren, así que una pareja tomó el lugar: el chico dejó que la chica se sentara. Cuando íbamos a mitad del trayecto, la chica se paró y le dijo “te toca”, él le decía que estaba bien, pero ella le dijo “no, no está bien, que te sientes es lo justo”, así que él no discutió y tomó el lugar que ella le cedía.

Además de que me pareció una escena muy bonita, se me clavó el “es lo justo” que ella le expresó, porque lo dijo con un tono firme pero no violento, más democrático que imperativo, ni feminista, ni feminazi, simplemente equitativo. Una simple chamaca japonesa tuvo más sentido común respecto a la equidad que millones de mujeres dogmatizadas que ni siquiera pueden acordar lo que quieren (o sea, lo normal).

Ahí comprendí que, como ya me habían dicho las alemanas, los detalles de caballerosidad son una forma de machismo y, lo que es peor, que la mayoría de mujeres latinas anhelan.

Al final no se trata de hacer a alguien más o menos importante por su sexo, clase social, raza, creencias o demás, se trata de dar un trato equitativo sin importar las características personales.

Machismo arcaico

Desde el inicio de la “civilización” el machismo ha estado presente en la humanidad, hay culturas más desarrolladas (europeas primordialmente) que van muy avanzados en esa equidad, si no es que ya la han logrado. En Japón y México (entre muchos otros) vamos atrasados en erradicar el machismo, ya que hay muchas actitudes que lo mantienen vigente.

En la falencia de un pueblo, pude espejear la del otro, una que más que ser suprimida, es hasta celebrada. Así como las japonesas se someten al machismo nipón, las latinas se someten, a través de la caballerosidad del hombre, y hasta lo anhelan.

            Por ahí se dice que los nipones son más machistas que los mexicanos, por el detallito de la caballerosidad sin embargo, en este viaje me quedó claro, en realidad no están tan atrasados en el tema que nosotros, porque allá hay más equidad que acá (que sigue sin llegar al nivel óptimo, pero ése ya es otro tema).

Mucho del machismo es tratar a las mujeres como objetos o, en el “mejor” de los casos, como humanos de segunda categoría. Alguna vez un compañero de oficina me comentaba de sus cochinas infidelidades y le cuestioné por qué no se divorciaba, a lo que él me respondió “porque a mi esposa la amo, y la respeto, por eso no hago cochinadas con ella, sólo cogemos y ya” en una malentendida caballerosidad hacia su mujer.
Toudaji, Nara

Esta estúpida postura me la compartieron en otra ocasión cuando otro compañero de trabajo platicaba con su amante (también casada) y la incitaba a que le hiciera esas “cosas bonitas” a su esposo para reavivar la llama de su relación. Cuando la señora hizo caso al consejo, el marido la detuvo y la empezó a cuestionar “¿Dónde has aprendido eso?”

Estas actitudes retrogradas no son exclusivas del mexicano, ya que el nipón piensa de una manera similar. A pesar de tener una pareja estable, prefiere ir a lugares especializados para desahogar sus más bajas perversiones y, cuando llega a casa ya llega cansado si ganas de nada más.

            Lo virtual y lo real: Pornografía nipona

Los japoneses están muy comunicados al Internet y cada vez más desconectados del mundo real, están muy ensimismados aunque, siendo honestos, no es que haya gran diferencia con el resto del mundo Millennial en el cual vivimos. Pero bueno, concentrándonos en el pueblo nipón, por eso es tan difícil separar la realidad de lo virtual, por ello el éxito del Hentai, o las chicas que se disfrazan como muñecas.

El japonés tiene una cara pública (llamada “Tatemae”) o la máscara que todos utilizamos en sociedad. En el nipón esta mascara es, en exceso, políticamente correcta. Ese Tatemae, que los restringe en público, acaba potenciando sus expresiones artísticas más sublimes y también las más enfermas (o sea, la más pura esencia humana).

            Resulta que en Japón la pornografía está prohibida por la ley pero, con lo dogmáticos que son los nipones, preguntaron la definición de pornografía y la encontraron como “Aquel material que muestra de manera expresa los genitales”. Así que, con lo cumplidos que son, empezaron a hacer cantidades industriales de “no-pornografía” con material sexualmente explicito pero difuminando los genitales. La expresión más conocida de esto es el Hentai, del cual fui consumidor asiduo durante años.

            Si vieran algún manga o anime hentai, se sorprenderían de los niveles que pueden alcanzar de perversión, lo cual se equipara a sus películas porno que, sin ser oficialmente Hard Core, están bastante subidas de tono.

            Por años mi pornografía consistía exclusivamente de Hentai, ya que en las películas porno occidentales no encontraba lo que en dichas animaciones, por lo que se me creo una profunda adicción. Me tomó años volver a la pornografía convencional y dejar de lado la animada, ¿por qué? Admito que caí a niveles de obsesión nada sanos (bueno, técnicamente ninguna obsesión es sana), así que he regresado a los estándares “sanos” en mi relación con la pornografía.

            Pero aún hay más detrás

            El pueblo japonés ha aprendido a disfrutar esta dicotomía sexual, en la que los hombres se contienen, las mujeres (con su actitud sumisa y provocadora) lanzan el anzuelo y los varones sueltan su perversión que, aunque las mujeres digan que les molesta, en el fondo han aprendido a disfrutar.

Y hay algo detrás de esta dinámica, porque el tema del sexo no termina ahí. De hecho es mucho más importante e incluso preocupante para el pueblo japonés. Y es que, a pesar de tanta libertad sexual, el nipón ya no copula, y eso está trayendo consecuencias que están afectando la vida cotidiana de la isla de una manera que puede ser irreversible.

            Ese tema lo trataré en el siguiente escrito, mismo que pueden leer en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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