domingo, 11 de febrero de 2018

Soledad: ¿la extinción de Japón? (Sexo en Japón: Parte 2)

Nikko
En la primera parte quedó claro que, a pesar de ser un pueblo muy mesurado, en Japóntienen una relación relativamente libre y hasta sana con el sexo, esto por la naturalidad con la que toman muchos de estos temas. Sin embargo, a pesar de tener esa postura tan abierta, la realidad es que es el país que menos sexo tiene.

            Sin sexo, sin pareja, sin hijos

            “Son una bola de calenturientos que no tienen sexo” es la descripción genial que Paco tiene del pueblo nipón. Y es que, aunque tienen muchas actitudes abiertamente sexualizadas, en realidad copulan muy poco a comparación del resto de países.

Los japoneses están muy ocupados para tener pareja, esto porque encuentran una relación molesta, ya que trae más desventajas que ventajas. Ni siquiera tienen pareja por el sexo, ya que esto no es un factor relevante para su calidad de vida, ya que Japón es el país más asexual del planeta, en donde menos copulan, la población más vieja, y la natalidad está decayendo año con año.

Pueden pasar años sin copular, esto sin importar la edad. Uno pensara “¡Naah! Cuando uno es adolescente es bastante calenturiento”, pero no es del todo cierto. Por ejemplo, de los japoneses menores de 25 años que no se han casado (que son la amplia mayoría), alrededor del 43% continúan siendo vírgenes. ¡43%! Yo creo que en México no hay esa cantidad de vírgenes entre los chamacos de 14 años ó_O.

Eso es entre los jóvenes pero, a nivel general, el 33% de los japoneses han dejado de tener relaciones sexuales y, los que aún lo practican, cada vez lo hacen menos. Entre el 60 y 70% de las parejas casadas mayores a 40 años tienen relaciones sexuales una vez al mes como máximo.

Es por ello que la tasa de natalidad japonesa es la más baja del mundo. Por tal motivo, a  pesar de que viven mucho, con la dinámica de no reproducirse, la población nipona disminuye entre 200000 y 300000 habitantes al año, y esa es la tendencia desde hace algunos años.

Y es que son más los que mueren que los que nacen, y eso que suelen ser bastante longevos, así que la población ha iniciado una ligera curva descendente desde hace años. Se prevé que, de seguir esta tendencia, la cantidad caiga a 60 millones (menos de la mitad actual) de japoneses para el año 2100 (aunque dudo que lleguemos a ese año como civilización).

Los nipones disminuyen porque cada vez tienen menos hijos, de hecho la japonesa tiene un promedio de 0.75 hijos, eso quiere decir que sólo tres de cada 4 mujeres tiene un engendro mientras que la cuarta se abstiene. De hecho en Tokio hay más mascotas que niños menores de 3 años.

Pero no sólo es que ya no tengan hijos, sino el hecho de que haya uno por pareja hace que los hermanos sean cada vez más raros, ya no digamos los tíos ni los primos. En resumen, las familias son cada vez más aisladas, ya que no hay mucho hacia donde extenderse (sin primos, tíos, sobrinos), así que la convivencia con otras familias es limitada.

Esto explica que, aunque el japonés sea un pueblo muy solidario, también es uno en donde el espacio personal es muy apreciado, y ahí se empiezan a desarrollar muchas opciones de entretenimiento individuales. Lo cual contribuye a que la gente se relacione cada vez menos, por tal motivo cada vez son más los que no quieren tener una relación de pareja, ya que la encuentran compleja y desgastante, además de esclavizadora.

Todo esto trae como consecuencia una sociedad cerrada y tímida que cada vez sabe menos cómo relacionarse. Por estos motivos es que el japonés tiende a tener más momentos de soledad y no a convivir tanto como lo hacemos en Latinoamérica, lo cual no quiere decir que se encierren en su cueva y no interactúen, pero ciertamente sus niveles de convivencia son exponencialmente bajos comparándolos contra estos lares.

Gran parte de esta actitud es el marcado desbalance entre la vida laboral (o escolar) y personal. Porque le nipón le da una importancia desmedida a sus responsabilidades en el trabajo o en la escuela, dejando su vida personal de lado, sólo atendiendo su entretenimiento y/o bienestar en los pocos ratos libres que le quedan. Y ni siquiera se podría decir que lo atienden en fin de semana, porque el sábado suele ser como otro día laboral y el domingo lo utilizan para limpiar la casa y otras tareas. Así que, propiamente, es difícil que el japonés se relaje tal cual.
El Gembaku en Hiroshima

El problema es tan grave que el gobierno ha empezado a tomar cartas en el asunto esto al hacer leyes para limitar las horas extra, obligar a las empresas a enviar a casa a sus empleados en su hora de salida, que no se lleven lap tops, obligarlos a tomar vacaciones, hacerles chequeos médicos, programas antiobesidad (que hay pocos obesos) y demás medidas que buscan que el nipón promedio tenga una calidad de vida lejos de la oficina.

La valiosa soltería

Como el trabajo es su vida, es que sus aptitudes sociales se van deteriorando, y por eso les cuesta más trabajo relacionarse, llegando al punto de resultarles molesto, ya que se interpone a sus planes individuales.

Además, cuando uno tiene tanto tiempo y energía dedicada a su profesión, y te pones a ver lo absorbente que puede resultar tener una familia, es cuando la vida de soltero retoma mayor valor, por lo que es ampliamente aceptado, y es que la libertad trae muchas ventajas, además de ser cómoda.

Es por ello que entre 1990 y 2010 el número de solteros entre 30 y 40 años se duplicó en Japón. Antes era “antinatura” quedarse solo, ahora es una tendencia que avanza lentamente a nivel mundial, y en la isla está tomando una velocidad mayor. Así que la pareja desaparece en beneficio del individuo.

Esto no es casualidad ni un evento raro, de hecho ya viene de generaciones atrás, no es fortuito que la japonesa sea la población más anciana del mundo, ya que no hay suficientes jóvenes que ocupen el lugar productivo que van dejando los viejos.

Esto trae consecuencias a la hora de las pensiones, de hecho Paco estaba indignado porque, a pesar de llevar casi toda su vida laboral en Japón, ya hay una ley que impediría a los Gaijin tener una pensión si se llegan a jubilar en dicho país, y es que ya no va a haber tanta gente que aporte mientras que los que se retiran van en incremento.

            Matrimonio y Divorcio

Considerando que la cultura japonesa ha tenido la misma esencia desde el pasado, ¿por qué ahora ha cambiado la situación? Ahí es donde eran útiles los matrimonios preacordados pero, con la evolución de la sociedad, ya no funcionarían como antes.

Resulta curioso, los japoneses quieren casarse, pero no quieren tener pareja, un fenómeno no tan diferente que en occidente, que muchas personas se casan por el compromiso social y/o por la gran fiesta que van a tener. Aunque ahora son más que antes, en Japón los divorcios siguen siendo raros, ya que prefieren quedarse casados e infelices que soportar la “derrota” de un divorcio, y es que su honor va antes que la felicidad.

El nipón es muy dado a quedarse en un lugar, una casa, un trabajo y, por ende con una familia. Hay una gran presión social para mantenerse casados, así sea alguien que los hace infelices, porque si se divorcian serán señalados por ello, así que son  “marcados” como ichi batsu, ni batsu (para indicar las veces que se han divorciado) lo que resulta insoportable, así que mejor prefieren estar solteros, ya que nadie los molesta porque cada vez son más.

Obviamente el humano es gregario y, sin importar la cultura, necesitamos algo de afecto, por eso los japoneses son especialistas en buscar alternativas virtuales para no comprometerse pero, de alguna forma, encontrar maneras de sentirse queridos e importantes.

En busca de cariño

Uno de los ejemplos más conocidos surgió hace años: el Tamagotchi, un aparatito que simulaba las mismas exigencias de una mascota, sin las incomodidades logísticas que significa tener una de carne y hueso. ¡Y funcionaba! A tal grado que la gente desarrollaba un vínculo emocional con el artefacto.

Pero no sólo es eso, también hay otros negocios enfocados en darles cariño a sus clientes, por ejemplo existen los “Cafés de Gatitos”, lugares en donde hay pequeños mininos a los que puedes acariciar y recibir su amor, esto en tarifas por hora. Y, volvemos a lo mismo, la gente está muy ocupada como para tener una mascota de verdad, así que prefieren pagar por un poco de convivencia y después volver a sus ocupadas vidas.

Otro negocio próspero son los masajes de orejas, lugares en donde te las limpian, te las masajean y te tratan con todo cariño. Esto mientras te recargas en el regazo de la masajista y ésta te habla con palabras dulces, emulando el cariño materno que muchos anhelan en ese mundo frío en el que habitan.

Dentro de la oferta de compañía en Japón, hay opciones más sofisticadas (caras) para la compañía, más allá de los Kitten Café o los Maid café. Así como las Hostess que mencioné en el escrito pasado, hay mini bares más privados, mucho más caros, en donde te puedes tomar una copa con la “barwoman”, intercambiar miradas y charlas con ella  por unos 300 Euros (sin sexo).

Este tipo de negocios dejan en claro dos cosas: la necesidad de contacto humano y la consecuente relajación que trae consigo. Por otro lado, el individualismo japonés ha avanzado a tales niveles, que deben de pagar por estos servicios ya que se han tornado en minusválidos sentimentales.
Kamakura

Es por esa necesidad de expresar sus emociones que las historietas (Manga) y las animaciones (Anime) son tan expresivas, tan vívidas, tan profundas y tan arraigadas en el pueblo nipón: porque sienten muchas de esas emociones que no experimentan en persona, así que se sienten vivos  a través de personajes ficticios. Por esa sensibilidad y humanidad que el Manganime es tan importante en la cultura nipona, y es tan exitoso a nivel mundial.

Soledad por motivos económicos

Pero no sólo es lo social, sino lo económico. El japonés es alguien muy consciente y mesurado con sus recursos. A raíz de que reventó la burbuja económica en 1990 el impacto en la cultura japonesa fue brutal y pasaron de una actitud despilfarradora (para sus estándares, obvio) a una muy austera, empezando a ahorrar más de lo que gastaban.

Eso deprimió la actividad económica de la Isla, ya que la gente no gastaba y ahorraba, llegando a ser la única economía que no tiene una inflación de precios sino, justamente el efecto contrario: una deflación sostenida durante más de dos décadas.

El problema es que aunque los bienes y servicios cada vez son más baratos en Japón (beneficio indirecto para los turistas), los japoneses siguen sin gastar. Aunque ya no les dan intereses en sus cuentas de ahorro, y hasta comisiones les cobran, no les importa y siguen ahorrando. Aunque hay facilidades para comprar sin intereses, promociones y hasta concursos, el consumo del japonés sigue deprimido.

¿Por qué? Porque no quieren que a ellos, que sienten que deben estar preparados para cualquier eventualidad, los vuelva a tomar desprevenidos algo tan brutal como lo que fue que reventara su burbuja económica.

Eso afecta directamente a las intenciones de tener una familia, misma que cuesta no sólo tiempo, sino mucho dinero. Así que cuidan sus recursos para asegurar su bienestar como para todavía tener una criatura por la cual deben de ver poco más de dos décadas.

Trabajo o familia, pero no ambos.

Muchos japoneses, en especial las mujeres, tienen claro que sólo pueden acceder a una de dos: pareja o trabajo. Y, considerando el estilo de vida machista y tan enfocado a lo laboral de la Isla, es fácil entender por qué se decantan por la carrera. Tener una familia en una sociedad tan perfeccionista, además de machista, debe de ser muy estresante, de hecho las mujeres son las principales responsables de esta decisión, porque no se quieren someter a un hombre que las mantenga.

Por eso mismo, traer un hijo único en un país en donde cada vez hay menos niños, no ha de ser muy divertido, además traerlo para que se le exija ser excelente estudiante y cargarlo de responsabilidades, tampoco es muy chido para el chamaco, así que lo mejor es no traerlo desde la perspectiva nipona. Muchos de ellos vivieron esa presión de niños y no quieren seguir replicándola con sus potenciales engendros.

            Y no es porque el japonés no sea comprometido, al contrario, es por ese exceso de compromiso que ya no quiere tener pareja. El japonés es muy leal con su empresa, su país, su equipo, su afición, su sociedad, su ciudad y con todo lo que quieran (hasta con su tipo de sangre si gustan), PERO pedirle compromiso en una relación sentimental, por alguna extraña razón, está perdiendo fuerza o, mejor dicho, como una vez que están casados se deben de mantener casados, prefieren evitar la relación desde antes que se forje, para evitar una mala relación. Una No-Relación siempre será más deseable que una mala relación.

También entra algo del machismo nipón porque a algunos les da miedo que las mujeres estén tan preparadas (o más) que ellos. Lo cual podría significar una pareja a la altura pero, al parecer, cuando te casas, la esposa pasa a un papel secundario, así que en automático el resto de las mujeres se vuelven más atractivas. Es por eso que los hombres no desean tener una esposa que exprese sus opiniones, por eso prefieren quedarse solos y comprarse juguetes sexuales.

El Onanismo

Al ser una sociedad tan individualista, tan introvertida o tan tímida, el placer personal se ha vuelto la prioridad. Lo cual se ha vuelto un círculo vicioso ya que entre menos sexo, más aparatos para la masturbación se desarrollan por lo que, al tener tanta variedad, la necesidad del sexo disminuye: El 80% de la mercancía vendida por las Sex Shop en Japón son aparatos para la autosatisfacción.
Shibuya en Tokio

Es por ello que las ganancias de la industria del sexo (juguetes, revistas, lugares afines, etc.) en Japón es de las más prolíficas del mundo, alcanzando el 1% del PIB japonés (unos 20000 Millones de Euros al año). Mencionando un ejemplo puntual, la tecnología en las muñecas de silicón es cada vez más avanzada y llegan a precios tan estratosféricos (10000 Euros cada una) porque parecen humanas.

Y es que los hombres siempre seremos unos libidinosos, por lo que el sexo será algo vital para nosotros. Pero, para lo ocupado que está el nipón, ya no consideran provechoso invertir mucho tiempo para convencer a una chica para copular, así que se conforman con juguetes que tenga a la mano, los Vídeo Box, los Maid Café y demás.

            Por ejemplo en Don Quijote (mi tienda favorita de Japón) tienen una sección muy completa respecto al sexo, y no está escondida como podría estar algo así en el resto del mundo, de hecho está abierta al público sin ninguna restricción. En dicha sección hay una variedad de mercancías impresionante: desde juguetes sexuales hasta lubricantes, desde películas hasta disfraces, desde elixires exóticos para potenciar tu virilidad hasta el famoso “Chaquetero” (nombre coloquial que le pusimos en la oficina, cuando nos enteramos de su existencia, al dispositivo auxiliador onanista).

            No soy mocho, moralista o persignado, pero llegaba a ver mercancías o artefactos que no comprendía su objetivo, así que buscaba la explicación en internet y, cuando finalmente entendía su lógica, me hacía abrir los ojos al preguntarme “¿Es eso cierto?”

            Nadie ve con malos ojos a los que entran a dicha sección, ni te miran mal en cajas ni el resto de consumidores, no tienes que hacerlo de manera clandestina, como si te estuvieras robando algo. Incluso las cajeras cuando te cobran no te ven con una mirada que condena, sino te sonríen igual de amables, sin importar que lleves una Kitty o que compres una muñeca inflable. Justo aquí entraría la mamá neurótica (que son muchas) que exclame “¡Pero qué barbaridad! ¿Qué ejemplo es ése para los niños?”

            Contestándole a esa (no tan hipotética) señora escandalosa. Para empezar, no vi a ningún niño en mis dos visitas a dichas tiendas, mismas que fueron de dos horas cada una y que estuve en sus cinco pisos. Por otro lado, la actitud de los japoneses hacia el sexo no es tan mocha (y mustia) como en Latinoamérica, ya que es algo que forma parte de la vida cotidiana.

            Aprendiendo a vivir solos

De los 15 días que estuve en Japón, 10 me los pase a solas completamente, y no me hacía falta nadie, en realidad es una sociedad en donde puedes estar por tu cuenta todo el día, casi sin intercambiar palabra con nadie y puedes funcionar muy bien, porque no eres el único que sigue dicha dinámica. El problema es que con la tendencia japonesa a la asexualidad, algunos hombres ya no buscan sexo, ni siquiera compañía, ya lo único que valoran es la libertad.

Uno de cada tres hombres entre 20 y 30 años (Millennials) ya no están interesados en buscar pareja, y sólo se enfocan en su cuidado personal, lo cual resulta un amor muy egoísta pero, desde su perspectiva, es algo que promueve la armonía y respeto por los demás. Consideran que tener una novia es una pérdida de tiempo, de energía y de dinero.

Todo esto con la certeza de que cuando eres soltero eres libre aunque estés solo, mientras con la pareja ocurre al contrario: nunca estás solo y además sin libertad. Es por ello que van a todos lados por su cuenta (Cine, compras, viajes, Karaoke, etc.) porque nadie los molesta, nadie les impone otras ideas y nadie los critica.

Se prefieren a sí mismos antes que al otro. El sexo, desde su perspectiva, ya no forma relaciones sino que impide que se logren. La evasión de la realidad, del compromiso, de la carga social y emocional. La relación sexual ya no les resulta placentera, se ha convertido en una obligación social pesada y exigente.

Hay tanto sexo disponible (como ya explique en el escrito anterior y en éste) que el celibato es más fácil de llevar, los jóvenes están cada vez menos interesados en tener relaciones íntimas. Esta sexualidad egocéntrica es producto de la comodidad material, misma que mató el deseo de los japos, ya que obtienen placer inmediato y sin esfuerzo.

            Lo curioso del asunto es que a toda acción hay una reacción, y ahora las mujeres niponas se han vuelto las cazadoras, y han adoptado una actitud más sexual ante la apatía de los hombres. Por eso mencionaba los atuendos sexys en el escrito anterior, porque esas mismas mujeres quieren provocar al hombre y sacarlo de su letargo sexual.

            Por ese mismo motivo las mujeres acaban contratando a los Host que mencioné en el escrito pasado, ya que al no conseguir compañía masculina voluntaria, deben de pagar por ella. Eso sí, casi todas ellas sólo quieren un poco de cariño y atención, no quieren un esposo o una familia, porque tampoco tienen tiempo de atenderlos al privilegiar su carrera.

            La tendencia que parece que no va a cambiar

            Al final, toda esta falta de sexo repercute en la disminución poblacional y, al parecer, no se ve que la tendencia vaya a cambiar, sin importar que el gobierno les dé beneficios, prestaciones, exenciones o motivaciones para que tengas hijos porque, los hechos indican, al japonés le ha dejado de interesar reproducirse.

Este fenómeno de no tener hijos no es exclusivo de Japón, ya que es una tendencia que se está viviendo en muchos países avanzados (no al mismo nivel, pero también empiezan a escasear los niños).
Pescadores en Moto Hakone y al fondo el Monte Fuji

Sin embargo la situación con Japón es más extrema ya que, por un lado, copulan muy poco y, por el otro, al ser una isla (y con sus leyes tan estrictas) casi no hay inmigrantes que se integren a su sociedad, todo por ese orgullo que les da ser tan homogéneos. Así que prefieren extinguirse siendo 100% japonenses, que permitir que vengan esos “Salvajes” Gaijin a quedarse con su cultura.

Y los entiendo.


Hebert Gutiérrez Morales.

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