lunes, 5 de febrero de 2018

Vida al estilo japonés

El Gran Buda de Kamakura
            Japón es uno de los países más populares, atractivos y enigmáticos del mundo. Su cultura es tan sui géneris que, a pesar de no ser fácil de entender, a la mayoría nos llama la atención. Probablemente sea porque son una Isla, y ese aislamiento les hizo desarrollar una identidad muy propia.

Vivir en Japón

Algo que me quedó muy claro desde los 12 años, cuando me extirparon de la Ciudad de México para enfundarme en un pueblo perdido de Dios, es que una cosa es visitar un lugar y una muy distinta vivir en él, y eso aplica tanto a favor como en contra.

Antes del viaje sostenía “No podría vivir en Japón, sólo voy de visita” pero, después de haber respirado su cultura y realizado sus costumbres, te das cuenta que a TODO se acostumbra uno (tanto a lo bueno como a lo malo). Es por ello que mis otrora Sensei se quedaron a vivir en México o como Paco que siendo mexicano se ha adaptado a la perfección a Japón.
Japón en los 60s

Aunque, no me había dado cuenta de algo hasta que Paco me lo hizo notar: Muchos japoneses huirán al extranjero PERO casi todos terminan regresando, y de hecho así pasó con la gran mayoría de mis Sensei porque, eventualmente, volvieron a la Isla. Supongo que Japón es un país tan único que no puedes dejarlo por más que lo intentes. Y es que son muchas las diferencias que lo distinguen.

País seguro

            Japón es uno de los países más educados y respetuosos del planeta, sino es el que más. Y no necesitaba perder mi cartera o verme involucrado en algún incidente desafortunado para comprobarlo, simplemente al presenciar distintos hechos me di cuenta de ello.

Eso lo veías en cada negocio al cual entrabas, en donde toda la mercancía estaba a la vista, podías entrar con tu mochila, en pocos lugares había cámaras de seguridad, en ningún lado vi sensores contra robo, literalmente, cualquiera podría tomar lo que quisiera y llevárselo, pero nadie lo hacía. Y es que el nipón respeta, a nadie le cruza por la cabeza robarse algo, porque la propia gente lo vería mal e incluso lo detendría.

Esa seguridad no sólo se ve con las mercancías, sino con las personas.

            Una noche regresé a Ichikawa (mi base en Chiba) alrededor de las 21:30hrs, cuando vi que iba una niña de unos 7 años saliendo de la estación, totalmente sola y dirigiéndose a su casa caminando. Estaba impactado, pero al ver que el resto de personas ni reparaban en la pequeña, no hice mayor alharaca.

            Pero no era el único caso.

            Debido a la disminución drástica de niños nipones, muchas escuelas han ido cerrando y han unificado la matricula con otras cercanas. Por este motivo los niños deben viajar algunas estaciones de metro para llegar a su institución.

            Así que por las mañanas era común que viera niños que iban por su cuenta a la escuela, pero dejen los de primaria, había escuincles que iban al KINDER a solas. Se subían al metro y se bajaban sin compañía adulta, e iban sin miedo, de la forma más natural posible se bajaban en su estación e iban a la salida.

            Ya si ves eso, el ver a mujeres con minifalda, circulando por calles oscuras y solitarias a altas horas de la noche, ya no te sorprende, porque sí, también me tocó presenciar eso.

            Civilidad en exceso

            Todo el tiempo te están diciendo “Por favor”, “Gracias” y “Disculpe”, TODO EL TIEMPO. Para cualquier cosa, incluso si los ves por un instante hasta te saludan, aunque seas un extraño. Son gente MUY educada, con una actitud positiva, mesurada y agradecida hacia el prójimo.

            Prueba de ese respeto son sus instalaciones para los invidentes, mismas que no he visto tan completas en ningún otro lugar. Tienen sonidos en los semáforos, una especie de “tapetitos con bolitas” para que sepan cuando termina una escalera además de, obviamente, lugares especiales para ellos.

            Cuando ves esas instalaciones te das cuenta que, para cosas importantes, el japonés no escatima, es muy generoso, ya que siempre se brinda cuanto puede e intenta ayudarte o complacerte. Entendiendo que generoso, no es lo mismo que despilfarrador, además de que tampoco son gandayas o aprovechados.
El Santuario de Kifune

Sin embargo tiene su lado negativo que sean tan reservados. Por ejemplo, cuando los putos chinos se metían a la fila, ningún japonés decía nada. Alguna vez les reclamé, pero los chinos se hicieron mensos y los japoneses no dijeron nada. A menos que sea una persona de seguridad y/o Staff, el japonés “turista” no se digna en reclamar sus derechos.

            Casas Japonesas (Escaleras y baños)

            Uno de los sueños que cumplí en Japón fue decir “Tadaima!” al llegar a una casa japonesa y que me dijeran “Okaerinasai!”, así como decir “Itadakimasu!” o “Itterashai” y tantas expresiones que me enseñaron en clase durante años y que anhelaba poner en práctica en la vida real. Esa fue una de las ventajas de que mi amigo Paco y su familia me dieran asilo durante las dos semanas que estuve en Japón. Y así pude ver la intimidad japonesa desde dentro, algo que no hubiera logrado en un Hotel.

            De las primeras cosas que me di cuenta fue la altura de las escaleras, mismas que son mucho más altas de lo que jamás había visto, tanto en México como en otros países. Y es que la falta de espacio influye en la arquitectura japonesa: los escalones son altos y breves porque el trayecto es más corto. Este fenómeno no era único de las viviendas, también lo constaté en los templos y en los castillos; pero no sólo son escalones altos, sino que también son muy angostos. Y conste que las casas en Tokio y Kioto en las que me dieron hospedaje, eran amplias para el estándar  japonés.

Esa estrechez en los escalones se debe a que, desde la antigüedad el nipón ha sido muy delgado y, antes era muy pequeño, así que no necesitaban tanto espacio. Así que si juntas su fisonomía con la falta de espacio habitable en la isla, ves en las construcciones una tendencia a ahorrar espacio. La altura de los escalones no me molestaba en lo absoluto, porque eran similares a las de una pirámide pero, con lo angosto del pasillo, era incómodo escalarlas para los Gaijin que solemos ser más voluminosos (en cuerpo y ego).

Pasando a los baños, su distribución resulta bastante curiosa, ya que tienen la ducha o tina (para bañarse) en un cuarto y el Sanitario (para defecar y orinar) en otro. Tal vez consideran que en un lado es para limpiarte y el otro no es tan higiénico. Obviamente estoy hablando de las casas porque en esos minidepartamentos de estudiante, en donde tienen todo en unos cuantos metros cuadrados, la distribución debe ser más amontonada.

Sé que sólo estuve en dos casas pero, con lo estandarizados y homogéneos que son, estoy seguro que así son los sanitarios en el resto del país. Por un lado me parece un desperdicio de espacio aunque, por el otro, optimizas los recursos, porque no importa si alguien quiere pasar al baño mientras te estás aseando en el otro cuarto.

Ahora, aunque tengan una distribución diferente, los baños están muy avanzados allá. Por ejemplo, el asiento del WC tiene calefacción, lo cual es una maravilla cuando vas en época de frío (me tocó la “colita” del invierno). Otro detalle que me encantó del WC es que cuando descargas el agua, la instalación permite que el agua con la cual se rellena el tinaco (que está limpia) puedas usarla para lavarte las manos, por lo que reciclas y desperdicias menos.

Al momento de ducharme también encontré un detalle que no había visto, ya que tienes un control remoto para regular la temperatura del agua, sin la necesidad de ir físicamente al boiler, simplemente la ajustas desde la misma ducha.

En Kioto, para cerrar esta sección, me tocó quedarme en el cuarto de Shinji (el hijo de Paco), y algo que me encantó es que al apagar la luz, se queda levemente prendida y de manera paulatina se va apagando, esto para que el niño no le tema a la oscuridad y se duerma tranquilamente. Como no tengo hijos (y espero morir así), no sé si eso sea algo exclusivo de Japón o si también existe en este lado del océano.

Comer y dormir

            El japonés es muy agradecido con su vida, con su mundo y con los demás, misma actitud que le trae mayor abundancia. Un detalle que me llamó mucho la atención es que, al observar a los que comían solos, aunque fuese en voz baja decían el “Itadakimasu!”, algo así como “buen provecho” pero con un significado de más gratitud. No sé si todos lo hagan pero, a los pocos a los que les puse atención, lo hacían sin falta.

            Me encantaba esa actitud porque no lo hacían por estar con alguien, de hecho por eso lo hacían discretamente, ya que era por sí mismos y por el Universo. En verdad me marcó presenciar eso, ya que no importaba lo sencilla que fuera la comida, ellos daban gracias por ella.

            El japonés es humilde (a veces demasiado), por lo cual uno se explica que el Budismo sea la religión con más jale. Un detalle de su sencillez es que, a pesar de estar tan occidentalizados, es común el dormir en el suelo con los futones. La mayoría de mis noches en Japón las dormí en un Futón y créanme que es delicioso. De hecho, para cuando me toque cambiar colchón, tengo en mente comprar uno más duro para emular el efecto futón + suelo.

            Dormir en el suelo es una muestra de su disciplina, pero también demuestra su practicidad, ya que una cama te quita espacio que puedes utilizar (y que no les sobra), así que el futón lo recoges y puedes utilizar ese espacio el resto del día. Además de es más fácil de limpiar la recámara, y cuida más el piso porque no lo maltratas con las patitas de la base.

            Belleza como parte de la rutina

Algo que distingue al pueblo japonés es su buen gusto además de una visión estética única. Y es que son muchos los detalles bellos en su diario acontecer, que para ellos ya son lo normal. Los nipones hacen cosas tan bonitas que te sorprende que sea un pueblo tan reservado al momento de desenvolverse en la realidad.

Frente a la Estación Tokio
Tienen tan buen gusto que me pregunto “¿No se sentirán decepcionados cuando van al extranjero y verlo tan soso y sin chiste?”. Y es que no creo que se den cuenta de la belleza cotidiana que manejan hasta que salen de su país y van a lugares que no la tienen. Voy a poner algunos ejemplos:

A)    La oficina de correos

            Bajando del Intermediatheque, entré a una oficina de correos, que no sabía que lo era, sólo me llamó la atención entrar al local porque vi unas promociones muy llamativas con personajes de Anime. La última vez que entré a una oficina de correos en México fue como seis años atrás y, créanme, nunca había visto una así de bonita.

¡Pero qué bárbaros! No soy el tipo de persona que se deja conmover tan fácilmente por detallitos Kawaii, PERO en verdad que esta oficina de correos tenía tantas cosas tan lindas (sí, ésa es la palabra ideal “Lindas”) que no podía quedarme impávido ante tanta belleza. Ahora, si una de mis amigas escandalosas hubiera entrado a un lugar así ¡Compra toda la tienda!

            Se me olvidó que estaba en una oficina de correos, por la cantidad y calidad de tarjetas, folders, libretas, plumas, sacapuntas, agendas y demás chunches que, en el resto del mundo, carecen de chiste y aquí son detallitos que te sacan una sonrisa. Es más, compré cosas que no tenían planeado porque, estaban tan monas, que me hubiera sentido mal de no llevarlas a mis amistades en México.

B)    Los uniformes
           
            Veía niños y niñas de kínder y primaria, con sus shortsitos o falditas, su sombrerito, sus zapatitos, su chalequito y todos bien arregladitos, ahora sí que perdón por la jotería, pero no lo puedo expresar de otra forma: ¡se veían tan coquetos que hasta pensé en sacarles una foto! pero me contuve para no dar mala imagen.

Mientras tanto en México ¬_¬
            Pero no sólo eran los niños, las jovencitas de secundaria y preparatoria tenían una manera muy especial y hermosa de arreglarse, de hecho parecían muñequitas, con una estética tan bien cuidada que parecía que las arreglaban de manera profesional.

            Obviamente los japoneses adultos también tienen una apariencia prolija y/o muy cuidada, pero como que pierden esa dulzura que tienen  cuando son estudiantes, porque ahora son “gente seria” y no se permiten ser tan “Kawaii” como cuando eran más jóvenes.

C)    Comer en la calle

            Afuera del Kiyozumi Dera, al momento de comprarte un postre, había un letrero que decía “Por favor cómaselo aquí o lléveselo a su casa. Comer en la calle no es lindo” ¡Wow! Quedé impactado, para muchos será una actitud mandona o ruda, pero para mí fue una petición amable de que no ensucies la ciudad (en este caso Kioto) y comas tu postre con calma y después disfrutes el sitio de manera plena.

El japonés cuida mucho los detalles, igual y peca de neurótico, pero esa misma neurosis es la que tiene impecable al país.

Marilyn y sus billetes $_$
            Y, aunque lo cuida mucho, no creo que el nipón esté tan consciente de lo “bonito” que es su país y su cultura, y no sólo me refiero a templos, parques, monumentos, arte y demás, sino en cada simple detallito, los imanes, los chocolates, los dulces, en lo bonito de sus boletos, sus documentos de migración, la dedicación y cuidado con la cual te envuelven las cosas, desde un panecillo hasta un imán y tantos  y tantos detalles que para ellos son insignificantes pero que para ti son una auténtica belleza. Supongo que sólo se hacen conscientes de ello cuando salen de su isla.

D)    Billetes y Paraguas

            Incluso algo tan básico como los paraguas pueden hacerlo atractivos. En Japón hacen unos de plástico muy baratos, pero muy monos y muy bien hechos, bastante padres. Cuando los vi, me enamoré de ellos y me compré uno pero, para mi gran frustración, ¡No entraba en la maleta! Así que, con todo el dolor de mi corazón, la dejé en casa de Paco. :’-(

            Pero los detalles bellos continuaron llegando aún horas antes del vuelo de regreso. Decidí cambiar los yenes que me quedaban por dólares y, cuando me dieron los billetes gabachos ¡estaban planchaditos! Ni siquiera en su país de origen había visto billetes tan bonitos.

Justo ahí me di cuenta que cada billete que pasó por mis manos en esas dos semanas en Japón estaba como nuevo, planchadito, ninguno arrugado o maltratado. Es impresionante como hasta esos detalles que, para muchos serán insignificantes, ellos le dan valor, y lo agradecí mucho, porque nunca te cansas de esos detalles bonitos y, lo malo, es que te acostumbras a ellos.

E) El Anime como parte de su vida

            Aunque ya le dediqué un par de escritos al Manganime y su tierra de origen, la verdad es que en Japón es parte de su vida cotidiana, eso lo veía por todos lados ya que no hubo día alguno que no viera algo relacionado con manga y anime.

            Y no me refiero a los comerciales o anuncios espectaculares en zonas comerciales. Me refiero a señales de vialidad para indicar que trabajaban constructores ¡en forma de Kitty! Campañas comerciales de Sailor Moon anunciando pastillas para el aliento o jugos (y eso que dicha animación se dejó de transmitir hace 20 años). En las pantallas del metro veía anuncios promocionando destinos vacacionales con personajes de anime que no conocía.

Cerezos en Flor en Kioto
            Esto además del caso ya mencionado del Shinkansen de Evangelion o la Estatua de Gundam en Odaiba. El caso es que vivir en Japón es como vivir en un gran parque de diversiones en donde el anime y el manga están presente en todos lados, obviamente no al nivel de Akihabara o Nakano Broadway, pero es difícil que tu día transcurra sin ver a personajes kawaii en tu camino.

La Obsesión con los Sakura

Cuando planee mi viaje, no le atine bien a las fechas de los Cerezos, y sólo me tocó ver el incipiente inicio de los mismos. Sin embargo, me llamaba la atención como los nipones se obsesionaban (o sea, normal) con unos cuantos cerezos que florecían, mismos que aún no estaban en plenitud, pero para ellos era suficiente para celebrar, festejar, chupar, sacarse fotos y comer debajo de ellos.
Cerezos en Nara

Fue un espectáculo curioso verlos en el Parque Ueno, no sabía si enternecerme o extrañarme de esa necesidad de tener algo por lo cual festejar. Ahí entendí que los cerezos es algo importante para el nipón, porque le da un escape de su rutina, y le da la oportunidad de celebrar un rato, porque está permitido para todos, y se relajan de su ritmo de vida tan estricto.

Tal vez como mexicano los entiendo a un nivel, porque en mi país celebramos por todo, tomamos por todo y hacemos fiesta con cualquier pretexto pendejo.

Y hasta aquí este escrito, en el siguiente de esta saga ahondaré más en cómo ve el japonés el mundo. Su Status Quo.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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