miércoles, 28 de marzo de 2018

Stone Henge, Windsor y Templos (Londres: Parte 2)

Stone Henge
           Para leer sobre el primer día de este viaje, pueden dar click en esta liga.

Voy a ser honesto, al momento de planear el viaje, me concentre tanto en Londres que ni siquiera considere algún destino cercano. Mi hermano me dejó definir la mayoría del itinerario, él sólo tenía algunas peticiones como Stone Henge, London Eye o Abbey Road.

Es raro, porque también me interesaba conocer Stone Henge, pero no me pasó siquiera por la cabeza. Lo estaba considerando para otro viaje a Reino Unido pero, gracias a su petición, vi que sólo estaba a 140 kilómetros de distancia de Londres. Empecé a checar la logística y era muy compleja para hacerla por nuestra cuenta, así que no me quedaba otra opción que contratar una visita guiada.
 
Patio Central del Castillo de Windsor

Así que empecé a verificar la oferta de tours y ver con qué otros destinos podía combinar el viaje. Por lo que los elegidos fueron el pueblo de Bath y el Castillo de Windsor, mismos que hicieron nuestro día en Stone Henge inolvidable.

Castillo de Windsor

No fue la primera vez que visité un Castillo medieval europeo ya que, en Alemania conocí algunos, sin embargo, ir a uno que aún es habitado por la realeza es algo especial, y es que el Castillo de Windsor es la casa de la Reina Isabel II, actual monarca del Reino Unido y del resto de la Commowealth.
 
El Jardín dentro del Pozo

Obviamente los otros Castillos que visité estaban bien cuidados y mantenidos, pero cuando la soberana vive ahí, se nota un cuidado especial con ella. Y es que las instalaciones son funcionales, no sólo puestas bonitas para turistas, de hecho, se nos dijo que en ocasiones la reina sale a saludar a los visitantes pero, para nuestra mala fortuna, no estuvo disponible el día de nuestra visita.

Rumbo a la Ceremonia del Cambio de Guardia
La construcción está muy bonita, se siente muy especial caminar dentro de sus murallas, ver las torres en perfecto estado y las puertas gruesas de madera que dividen cada sección. En el interior había un pozo que ya no funcionaba como tal y se había convertido en un jardín, mismo que resultaba muy bello, sin duda fue mi lugar favorito del sitio porque todo el lujo, toda la parafernalia, toda la solemnidad y elegancia que había dentro no se comparaba con la belleza natural del jardín (obviamente para mí).
 
            Originalmente íbamos a ver el cambio de Guardia en el Palacio de Buckingham (lo cual nos iba a consumir un par de horas de espera) pero, sin planearlo, nos tocó el mismo espectáculo en Windsor, lo cual fue una maravilla ya que, aunque había gente, no es la cantidad incomoda que hay en el Palacio en Londres, además de que estábamos más cerca de lo que hubiéramos estado en la capital.

La Ceremonia en Proceso
La ceremonia es muy gallarda, muy teatral, muy castrense y, al mismo tiempo, muy artística. Lo que más que gustó fue toda la tropa de Gaitas con la que abren el mini desfile de fuerzas armadas. Es una ceremonia con una esencia clásica y extrañamente fascinante. Supongo que es ese toque mágico de la realeza, porque no es lo mismo ver ceremonias similares, recreando como eran en la antigüedad, que verlas oficiales y con la misma seriedad como se hacen desde tiempos ancestrales.
 
Tal vez ésa es la parte mágica que vives en Inglaterra: ver Reyes y Príncipes de verdad y ver todo lo que les rodea y esa mística, nos guste o no, sigue atrayendo al público en general. Este hecho nos lo hizo ver nuestro maravilloso guía.

Frank

Las Termas Romanas de Bath
En este tour nos tocó un guía de lo más cagado, muy inglés pero con un humor elegantemente delicioso, con muchas puntadas que nos hicieron el viaje de lo más ameno.
 
El tipo en cuestión se llama Frank, mismo que trabajó durante muchos años en la BBC hasta que se jubiló y, aunque tenía 65 años, no se le notaban, por toda esa energía y ganas de vivir que emanaba.

Además de su idioma natal hablaba otros, incluido el español, así que cuando supo que éramos de México platicó mucho con nosotros en los ratos libres para practicar su idioma, mismo que hablaba muy bien.
 
La Abadía de Bath
Nos comentaba que hacía esto de la guiada de tours como un hobby pagado, ya que adoraba su cultura (y se le notaba), por eso mismo nos compartió información de lo más interesante e inverosímil de cada lugar que visitamos, nos daba consejos de qué ver, a dónde comer y ciertos datos que no te daban en los sitios visitados.

Dentro de esa información nos clarificó por qué los ingleses mantienen su monarquía (y con gusto). Lo que pagan en impuestos para mantenerla lo recuperan con todo el turismo que reciben, ya que Londres es la ciudad más visitada del mundo y, al ver la cantidad de gente fascinada con la familia real, tuve que darle la razón.
 
Uno de los residentes de Bath
Y es que la realeza de Inglaterra tiene un atractivo especial que no tienen las de España, Suecia, Dinamarca u Holanda, por mencionar algunas. Ya que uno puede ir a esos países y ni se le pasa a uno por la cabeza visitar más de un par de lugares relacionados con sus monarcas, mientras que en Londres tienes muchos atractivos relacionados con la misma.

Bath

Al contrario de la creencia popular, todos los días que pasamos en Londresestuvieron soleados, sólo el día que salimos de la capital nos llovió. Pero, por extraño que suene, ese clima resultó perfecto, ya que un pueblo angloromano como Bath o los monolitos de Stone Henge lucen más con el cielo nublado, las lloviznas ocasionales y el viento que te despeina.

Frank nos comentaba que Bath también es famoso porque Jane Austen escribió muchas de sus obras mientras habitaba en dicho lugar. Eso era interesante, pero me atraía más el hecho que dicha población es el lugar de origen de “Tears for Fears”.
 
Mi hermano en la Abadía
Antes de llegar, el buen Frank nos dio una excelente recomendación: “No pierdan mucho tiempo en las Termas romanas, lo que vale la pena de Bath es el pueblo en sí” y vaya que tenía razón.

Bath tiene una especie de aura mística que te cautiva, un pueblo tan bello, tan clásico, tan irreal, todo debido a esa estética de épocas pasadas que te hace sentir que viajas en el tiempo. Lo ves en sus calles, en sus construcciones, en sus puentes y en tantos detalles que te llenan la pupila de una emoción nostálgica difícil de explicar.

Nos compramos una empanada y el chico que nos atendía reconoció nuestro acento así que nos empezó a hablar en español. Era un argentino que trabajaba en Bath, mismo que le dio mucho gusto ver a gente como él, y es que nos comentó que no ve mucha gente de Latinoamérica por ahí, por ello le dio tanto gusto saludarnos.

Ciertamente los principales atractivos de Bath son las Termas Romanas y la Abadía, ambas construcciones son notables y una obligación visitarlas pero, como bien dijo el buen Frank, el pueblo en sí tiene un atractivo aún mayor, una esencia tan clásica, irreal, elegante, tan diferente e histórica que me cuesta trabajo pensar en estos momentos un lugar que me produzca el mismo sentimiento que experimenté en Bath.
 
Puente Romano en Bath
Stone Henge

Cuando contraté el tour, lo programé en Lunes para evitar las muchedumbres, esto al ir en un día laboral. Nuestro anfitrión en Londres, el buen Nash, me rompió el corazón al decirme que ese Lunes era festivo en Inglaterra (como el primero de Mayo cayó en Domingo, se tomaron el día siguiente como festivo), así que mi maravilloso plan para que fuera un tour tranquilo se había ido al carajo.

A pesar de ello, con el clima frío y lluvioso, la visita a Stone Henge resultó inmejorable, y ayudó que fuéramos por la tarde, cuando hay menos visitantes; además el lugar es tan amplio que tienes tiempo y espacio para disfrutarlo de manera tranquila y solitaria.
La selfie obligatoria detrás de Stone Henge

Hay muchas teorías sobre este lugar y dudas de cómo le hicieron para alzar los monolitos en dicha posición en aquella época, en la que carecían de tecnología. Es una lástima que la entrada a los mismos se haya restringido desde los años 70, todo debido al vandalismo que hacía la (pendeja) gente.

Actualmente hay tours privados, al amanecer o al atardecer, para entrar al Círculo interno (bastante caros, por cierto) pero no te dejan tocar nada ni subirte a las piedras. Personal y logísticamente, me parecía excesivo estar una hora entera al amanecer o al atardecer, a menos que tengas una ceremonia que hacer o una buena meditación ahí, que con el frío a esa hora iba a estar cañón.
Las piedras sin mí

Para mí, el tiempo que estuvimos viéndolo desde afuera, rodeando y contemplando el monumento, fue más que suficiente para sentir esa sensación de historia y misterio que te brinda este lugar mítico.

Frank después me comentó que había un círculo de piedras aún más impresionante en la zona llamado Avebury, mismo que no recibe la misma promoción que Stone Henge pero que es más impactante (misma situación en México, donde un sitio como Chichen Itzá, recibe más promoción que lugares más impresionantes como Calakmulo Palenque). Así que ya tengo otro lugar a visitar cuando regrese a este país.


St. Paul Cathedral
 
La Catedral de lado (es enorme)
Algo que me llamó la atención en Londres es esa imposibilidad de sacar fotos dentro de lugares sagrados como la Abadía de Westminster, la Catedral de San Pablo o, aunque no tan imponente, el templo hindú de Swaminarayan

La St. Paul Cathedral fue la primera que visitamos y, en verdad, era una verdadera lástima que no te dejaran sacar fotos de ella. La decoración interna es tan, o más, imponente como luce por fuera. Hay una serie de esculturas, tumbas y detalles arquitectónicos que se complementa a la perfección con los frescos en la cúpula.

Pero además tienen expresiones de arte más moderno, como una obra multimedia que muestra los cuatro elementos en forma de penitencias bastante original y fascinante de ver. La ventaja es que fuimos un martes a primera hora, así que había poca gente, por lo que tuvimos el lugar prácticamente a nuestra disposición.

Tuvimos la fortuna de ver parte del ensayo de su coro, y la verdad es que sonaba celestial la voz de tantos chamacos talentosos. Ciertamente la entrada al lugar es cara pero, sin duda, vale la pena.
José y al Fondo el Tate Modern

Empatía en el London Eye

Caminamos un rato al lado del Támesis, vimos el Shakespeare’s Globe pero sabíamos que no valía tanto la pena entrar. Una chica en el camino chuleo mi playera del Kaonashi, algo que me hizo sentir bien, y con esa buena actitud llegamos a otra actividad que, de haber sido por mí, no hubiera ido, pero había sido petición de mi hermano.

Aunque es relativamente nuevo, el London Eye se ha vuelto un “must” en una visita a Londres. Obviamente no tiene ese carácter histórico ni real de otros tantos lugares, pero te da una buena vista del Parlamento, el río Támesis, El Shard y otras cosas.

Siendo honestos es una atracción fresa y popular y, por lo mismo, cara. Digo, saqué buenas fotos y fue relativamente divertido, además de que resulta impresionante ver tan enorme armatoste desde el interior. Sin embargo, más que las fotos y el poder presumir que subí a ella, recibí un regalo involuntario de una señora que iba en nuestra cápsula.
 
Shakespeare's Globe
Mientras el resto de visitantes estábamos sacando la mayor cantidad de fotos posibles, para dejar constancia que habíamos venido a Londres y nos habíamos subido a la rueda de la fortuna más famosa del mundo, había una señora que iba solita.

La dama en cuestión ya pasaba de los 60, pero aún se veía plena, pero eso no fue lo que me llamó la atención, son que ella iba muy segura sacando sus fotos e incluso sus selfies, de vez en cuando pidiendo a alguien que le sacase una foto.

En ese preciso momento la envidie porque, aunque me divertí mucho con mi hermano, definitivamente estoy muy adaptado a mi soledad, por lo que me he vuelto un experto en viajar a solas. Va a sonar estúpido pero, al ver a dicha señora, sentí nostalgia por mi soledad. En fin, ese tema lo he tratado en diversas ocasiones, pero me llamó la atención.

The London Dungeon
 
Big Ben desde el London Eye
Hay muchas clasificaciones en los lugares que quieres conocer en un viaje, ya que hay atracciones que “debes” visitar y hay otras que quieres visitar, y dentro de ellas tienes las opciones comerciales y las culturales, las populares y las excéntricas. El London Dungeon es comercial y puedes omitirlo de tu viaje a Londres sin consecuencia alguna, sin embargo, era un lugar que anhelaba visitar.
The London Dungeon

Es parte de la misma familia que el London Eye, así que es una atracción meramente comercial pero que, en mi opinión, vale mucho la pena vivir, ya que es una especie de atracción de Disney con teatro. Durante la travesía vas viviendo los pasajes más violentos, sangrientos y terribles de Londres, como la historia de Guy Fawkes (el de “V” de Vendetta), Sweeney Todd o Jack el Destripador, pero con un toque muy cómico sin dejar de darte miedo.

Es una combinación entre una casa de la risa y otra del horror, con excelente producción, detalles divertidos y actuaciones soberbias de los integrantes de este lugar. Aunque el terror no es lo mío, la verdad me divertí bastante, casi con el mismo efecto de cuando voy a Disney, ya que me sentí como chamaco.

Eso sí, de por sí el inglés británico es sofisticado, en las presentaciones de este lugar utilizan una versión más antigua, así que sin hablar inglés nativo, si es útil un nivel alto en el idioma para disfrutar las presentaciones a plenitud.

Entre el London Eye y el London Dungeon, el único que repetiría sería el segundo, ya que recibes más por tu dinero porque las risas, la adrenalina, los sustos y la emoción ahí dentro son memorables.
 
La Fachada de la Abadía
Abadía de Westmister

Volvimos a pasar por el Big Ben y el Parliment Square (y cómo no, a sacarnos más fotos en dichos lugares, como si no hubiesen sido suficientes) para llegar a nuestro siguiente destino.

La Abadía de Westminster es espectacular tanto por dentro como por fuera, aunque su estética interna no es tan sofisticada o renovada como la Catedral de St. Paul. De hecho la Abadía muestra puras obras de la época, así que dudo que haya cambiado mucho su interior desde hace siglos.

A diferencia de la Catedral de San Pablo, había mucha gente dentro de ella, porque fuimos alrededor del mediodía. Había muchas tumbas de famosos como Sir Isaac Newton, Charles Dickens, Rudyard Kipling, Laurence Olivier, Alexander Pope, Charles Darwin, William Shakespeare y Oscar Wilde (estos dos últimos sólo eran placas conmemorativas).
Un jardín sencillo pero bonito

A pesar de todo el arte y esculturas dentro del recinto, no me sentía a gusto, porque el lugar se sentía como una verdadera Iglesia. Me sentía tan incómodo como cuando mis papás me llevaban a la Catedral de Puebla o a la Iglesia de San Salvador el Verde, y es que desde pequeño ya traía esencia hereje en mi interior.

Por ello me sentí muy feliz cuando visitamos los jardines internos de la Abadía, junto con sus claustros. Los jardines me devolvieron la buena energía, ya que estaban muy bien cuidados y hasta unos cerezos floreados tenían en su interior.
 
Mi amor por Japón me obligó a tomarme esta foto
Si sólo nos vamos al interior, quitando el sentimiento de aversión religiosa, no podía elegir cuál me gustaba más entre San Pablo y Westminster pero, después visitar su jardín que, aunque resulta relativamente sencillo, le da un toque más humano al lugar y, por simple detalle me quedaría con la Abadía.

Tate Britain

Cuando llegamos al Tate Britain, ya íbamos cortos de tiempo y sólo contábamos con un par de horas antes de que lo cerraran, así que le pedí ayuda a un señor del Staff: “Mire, tengo poco tiempo y no quiero desperdiciarlo viendo cosas que no valen la pena ¿Dónde está lo chido? ¿Dónde están las pinturas clásicas?”
 
Ventanales en los Claustros de Westminster
Al señor se le iluminó la cara con una gran sonrisa ya que, al igual que yo, no es creyente que rayitas, palitos o chatarra sea arte. Al igual que su servidor, le fascinan más las pinturas clásicas de siglos pasados. Así que, mientras me guiaba hacia las salas de nuestro interés, tuvimos una breve charla de lo que captamos como arte. Tal vez hayan sido un par de minutos, pero creo que ambos los disfrutamos bastante, ya que es padre coincidir con un extraño que comparte tu mismo punto de vista.
 
El Museo Tate Britain
Recorriendo las pinturas me he dado cuenta que, quitando las que no me transmiten nada, tengo dos tipos de reacción: las que me cautivan y las que me hacen reír. Y es que cada vez que veo un lienzo o una escultura, trato de ver qué reacción tengo al respecto y suponer si es lo mismo que el autor quería transmitir.

            Pero de algo estoy seguro, cuando encuentro una obra que me da risa, ciertamente no estoy interpretando lo que el artista quiso expresar pero, al final, creo que es mejor causar una reacción a no causar ninguna.
 
"Lleve los melones, ¡Están de promoción!"
            Así que les sacó fotos a ambas (a las que me gustan y las que me hacen reír) porque tengo un proyecto a largo plazo: un día (en un futuro lejano) voy a sacar un ensayo con las que me dan risa, con el título que le daría y mi interpretación para, posteriormente, darles el título original con la interpretación del autor.

            En fin, me gustó esta visita al Tate Britain y decidí cancelar la visita al Tate Modern, ya que había otros museos que me resultaban más interesantes antes que ver rayitas y palitos que mucha gente pretenciosa llama arte.

Hyde Park
 
Peter Pan y yo
El Hyde Park es a Londres lo que Central Park a New York, el Tiergarten a Berlín, el Golden Gate Park a San Francisco, el Millenium Park a Chicago, o el Yoyogi Park a Tokio. Después de haber visto tantos parques metropolitanos, sé que el Hyde Park es especial porque, a pesar de haberlos visto otros en tantas urbes, el parque inglés me encantó.

Obviamente tiene sus atracciones espectaculares, como el Palacio de Kensington, el Memorial a Alberto o estar en frente a Buckingham Palace (de las tres comentaré ne siguientes escritos), además de algunas estatuas más pequeñas pero no por ello menos importantes, como la que encontré de Peter Pan y con la cual debía sacarme foto. Además tiene dos memoriales a la fallecida Princesa Diana: una fuente bastante extraña y un parque de juegos infantiles.

A pesar de tener tantos puntos de interés, creo que lo más bello del parque es ver a la gente relajarse, ya sea en familia, con una pareja, con el perro o simplemente tumbarse a leer un libro, salir a patinar o a correr (porque todo el tiempo veías a gente corriendo por todos lados).
 
Atardeciendo en Hyde Park
Y es que caminar por una pradera tranquila, en un camino solitario bordeado de árboles o junto al lago, te deba una sensación de tranquilidad profunda, misma que se incrementaba cuando el viento te despeinaba con su fresco soplar.

Cerrando el día en Covent Garden

Interior de Covent Garden
A diferencia de los dos mercados del primer día (Brick Lane Market o Camden Town), Covent Garden es un mercado “bonito”, mismo que te venden con aires hippiosos, pero en realidad es para gente fresa que se cree “alternativa”, con lugares sofisticados para echar le café y comprar ropa, con artistas callejeros que también se creen rebeldes y son super “sensacionsuaves”

Hasta aquí los días dos y tres a Londres, en la siguiente entrega, que pueden leer en esta liga, podrán leer sobre el cuarto día.

Hebert Gutiérrez Morales.

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