sábado, 31 de marzo de 2018

Temas varios del viaje a Londres (Londres, Parte 6).

En el Río Támesis, frente al Parlamento
            Si quieren conocer del sexto y último día entero que pasamos en Londres, en donde visitamos los museos más importantes, pueden leerlo en esta liga.

            Hubo aspectos en este viaje que me llamaron poderosamente la atención, ya sea del lugar, de la cultura o de nosotros mismos. Y es que viajar te aleja del entorno seguro en el cual te mueves, por lo cual es más fácil apreciar cosas que, normalmente, no harías.

Priorizar
Brick Lane Market

Sin duda Londres debe de ser la ciudad con más atractivos turísticos he visitado, porque te da para un par de semanas a un ritmo feroz. Es por ello que uno debe aprender a priorizar para sacarle el mayor provecho al dinero y al tiempo disponible.

Así que debes de analizar bien los lugares que TÚ quieres ver, no los que te digan las páginas de internet que son los que debes visitar, además de analizar la relación calidad-precio.

Por ejemplo, The Shard es una de las atracciones más populares de la ciudad, sin embargo su entrada es muy cara, misma que descartamos cuando incluimos el Sky Garden en nuestro itinerario. Otro ejemplo, la entrada a la Catedral en Borough Market era relativamente cara para lo que podías ver (que checamos previamente en Google) y como ya habíamos comprado las entradas para la Abadía de Westminster o la Catedral de San Pablo, pues no valía la pena invertir en un sitio inferior en atractivo turístico.
Dentro del Castillo de Windsor

Pero no sólo es el dinero, también el tiempo. Una ventaja del Reino Unido es que la gran mayoría de sus museos son gratuitos, pero no por ello debes de ver todos. Por ejemplo, todos hablan maravillas del Tate Modern, sobre todo por su edificio tan diferente. Sin embargo, dicho museo lo puse al final de las prioridades (que obviamente no cubrimos toda la lista) porque el arte moderno no es mi máximo.

También hay que tener disciplina, y apegarte a un plan, porque luego hay muchas atracciones cercanas entre sí pero si careces de un itinerario, pierdes mucho tiempo papaloteando. Por ejemplo, antes de visitarlo, pasamos unas tres veces por el Puente de la Torre, pero lo ignoramos para no perder el tiempo, al fin que lo íbamos a ver en su momento con calma, cuando nos tocara visitarlo.

Es por ello que zonificábamos por día, para ahorrar tiempos de traslado y cubrir una zona tanto como fuese posible en una jornada. Estas estrategias son indispensables para sacarle jugo a una ciudad tan rica y con innumerables atractivos como lo es Londres.
Bath

WiFi Portátil

En Japón me resultó muy útil, ya que debía tomar mucho transporte público, además de que todos en la isla tenían su plan de datos muy completo, así que era difícil encontrar WiFi gratis en la calle, porque al japonés ni le hace falta.

Como en Londres también íbamos a usar mucho transporte público, y al ser dos, optamos por contratar el Pocket Wi-Fi mismo que resulto práctico, aunque no con el mismo nivel de servicio que su contra parte japonesa, pero nos fue útil en exceso.

Y es que, con el Google maps llegábamos a nuestros destinos con rapidez y eficiencia, sin necesidad de perderse ni preguntar, así que optimizábamos tiempo, ganamos en seguridad y nos manteníamos conectados con México (algo que en realidad no creo que haya sido una ventaja).

Ahora que estoy en vísperas de visitar nuevamente el Reino Unido, he vuelto a cotizar el Pocket WiFi y me doy cuenta que resulta bastante caro, así que aún no decido si contratar un paquete con mi compañía o, como en Italia, aventármela con puro Wi-FI.
The Shard visto desde el Millenium Bridge

Las londinenses

Un mes antes había regresado de Japón con un claro gusto por las guapas niponas, tanto que me preocupaba que no me volvieran a gustar las occidentales. Sin embargo Londres se encargó de devolverme a mi Status Quo cotidiano.

Si en Japón me encantaron las féminas, en Londres me enamoraba a cada segundo: era increíble la cantidad de mujeres atractivas que veía a todas horas, aunque también había cada espécimen que difícilmente se consideraría humana. Por fortuna eran más las bonitas.
Atrapado en el London Dungeon

Eso sí, algo que no tuve en Japón (porque allá les gustan los extranjeros güeritos) es que en Londres recuperé mi atractivo, porque muchas veces cruzaba miradas con esas bellezas ¡y ellas también volteaban a verme a mí! (Como dicen en la oficina: “¡Tanta carne y yo tan puto!”) ¡Maldita cobardía! ¬_¬U

No sé por qué los ingleses dicen tener mujeres feas, y conste que vi de todo, incluida una chica darketa con tatuajes y todo el “disfraz” pero, a pesar de los rudo de su apariencia, su belleza era impactante (y sí, también me volteo a ver y me sostuvo la mirada). También colegialas de unos 16 años pero con una actitud brutal. Y ya no mencionemos a las mujeres que negocios.
Junto a Sir Winston Churchill

Ésa fue otra gran atracción londinense: el increíble espectáculo visual que significan sus bellas mujeres (y luego las escuchas hablar con ese hermoso acento y te enamoras irremediablemente). Lo cual me lleva a la siguiente sección.

El inglés original

Amo el acento inglés, y escucharlo en vivo me tenía fascinado, por eso identificaba de inmediato cuando alguien tenía otro acento (en especial esos pinches hindúes). Esa manera de pronunciar que me encantaba, así dijeran la palabra más ordinaria. En verdad me esforzaba para emular su acento, pero no me salía. Lo más que lograba era imitarlos en ciertas palabras.

Pero no sólo era la pronunciación, sino las palabras diferentes que utilizan en el inglés británico a comparación del gabacho. Por ejemplo ellos dicen “Junction” en lugar de “Intersection” o “Crossroads”, para decir que tuvieras cuidado al subir al metro decían “Mind the Gap”, una expresión icónica de Londres. También dicen “Biscuits” en lugar de “cookies” o dicen “Cheers” en lugar de “You’re welcome”.
Trafalgar Square

El caso es que el inglés británico parece otro idioma y uno bastante elegante por cierto. Aunque esa elegancia no siempre estaba presente en todos los sitios.

Londres sucio y desordenado

Todavía tenía muy presente la pulcritud japonesa que había vivido un mes atrás, así que Londres me pareció sucio, no a niveles de México, pero poco pulcro para estándares del primer mundo.

Y es que había bastante basura en la calle, los baños públicos estaban sucios y con un fuerte olor a orines (bueno, había otros lugares que no eran baños públicos y que tenían el mismo olor), también encontrabas algo que es común en el tercer mundo: gente cruzándose a media calle porque es más cómodo que esperar a la esquina.

Con el paso de los lugares he entendido que en ciudades tan grandes, caóticas y con tanto turismo (Berlín, NY o Londres) es difícil mantener un orden como en otras ciudades más pequeñas dentro del mismo país.
Dentro de la Torre de Londres

Esas mismas metrópolis son tan cosmopolitas y, por ende, libres que aunque sean de primer mundo, es difícil meter a todos al corral. Aquí la excepción es Tokio, misma que se salva por la homogeneidad japonesa, misma que mete a la minoría extranjera a su dinámica.

Educaciones similar < genes diferentes

Durante el vuelo de ida, mi hermano me compartió una ocurrencia de uno de sus tíos: al momento de cremar el cuerpo de un familiar, entre todo el dolor, el naco de uno de ellos dijo “Por favor que quede bien cocido”. Ciertamente era una culerada, pero me hizo reír bastante. Ese tío puede llegar a ser muy ocurrente y cagado aunque, la mayoría del tiempo, es un tipo corriente y desagradable.
El Puente de la Torre

En cuanto tuve oportunidad de volverme independiente, me aleje por completo de la familia Hernández, pero Marina y José (mis hermanos) no pueden, porque para ellos sí son su familia, ya que es “su” sangre pero, por fortuna, no es la mía.

Este viaje me sorprendió mucho, no sólo por los lugares que visitamos, sino por darme cuenta el poder de los genes. José y yo recibimos la misma educación y habitamos la misma casa por más de dos décadas; a pesar de ello, no importa que te críes con la misma familia y valores, los genes pesan, además de los caminos que cada cual va tomando en la vida.

No voy a comentar más, porque son cosas que nos incumben sólo a nosotros, pero es evidente que el poder de los genes es omnipresente, porque nos hemos vuelto muy diferentes, producto de no tener la misma sangre paterna. Pero no sólo es la genética, sino las vivencias que hemos acumulado.

¿Mamón o culto?
"The Burghers of Calais" de August Rodin

Parte de esas diferencias entre nosotros se han ido disparando gracias a los viajes que he realizado. Por ejemplo, en el primer día de actividades, fuimos detrás del Parlamento y me sentí muy emocionado al ver una escultura de Rodín, así que le pedí a mi hermano que me tomará foto con ella, cosa que le pareció extraña.

Definitivamente los viajes te van cultivando y ahora soy un poco menos ignorante y naco de lo que era antes de viajar tanto. Y aunque no es la intención, el visitar lugares tan variados ha ido moldeando mi ser.
En el Palacio de Kensington

Eso lo notaba al recibir los comentarios de mi hermano (su primera vez en Europa y segunda vez en el primer mundo), y me daba cuenta que ya no compartimos los mismos prejuicios, lo cual no quiere decir que ya no tenga, simplemente los he ido cambiando por otros más sofisticados (Sí, lo sé, no me lo tienen que recordar, ¡soy un pinche mamador!)

El Transporte Público
El Memorial a la Reina Victoria

No tendrá  el mismo carisma que el japonés, pero el transporte público en Londres es una maravilla (y utilizarlo inteligentemente con el Google maps es aún mejor), tanto los trenes, camiones y el subterráneo (The Tube) siempre fueron eficientes y puntuales, así como la gente que nos atendía en ellos era muy amable.

Al inicio nuestros favoritos eran los autobuses rojos de dos pisos, mismos en los que procurábamos irnos en la parte alta ¿por qué? Porque veíamos mejor y era más “cool”, de hecho los visitantes casi siempre íbamos arriba y los londinenses abajo (supongo que para evitar tanto turista).
Vista desde el Sky Garden

Justamente en el primer camión que tomamos para iniciar nuestras actividades, nos pasó algo bochornoso: Íbamos felices en la parte de arriba, y el camión siguiendo su ruta. Sin darnos cuenta llegamos a la última parada, pero creímos que el conductor estaba cargando pasaje. Al ver que no se movía, bajamos ¡y ya no había nadie! Y, lo que es peor, el camión estaba cerrado. Así que oprimimos el botón de emergencia y la puerta se abrió sin escándalo alguno, así que pudimos hacer nuestra graciosa huida mientras el chofer (que andaba en los alrededores, vimos después) no se daba cuenta.
En la estación de Charing Cross

Después de ese incidente pusimos más atención y fuimos aprendiendo, hasta alcanzar el punto en que conoces paradas, rutas, estaciones, salidas, calles, barrios, líneas, camiones y el Google maps se vuelve prescindible. Eso es muy padre, porque te sientes un poco menos turista y un poco más local. De hecho vas al mismo paso que los londinenses, ya sabes hacia donde dar vuelta, abordas en tu anden, te subes con seguridad, ya no titubeas al momento de cambiar de líneas. Eso no lo obtienes cuando vas en tours, cuando le dejas la responsabilidad a alguien más.
Museo de Historia Natural

¿En verdad es caro Londres?

Una de dos: o ya tengo dominado eso de pensar en la divisa local en lugar de pesos, o Londres no es tan caro como dicen (o es una combinación de ambas). De hecho me había olvidado tan bien de los pesos, y tan adaptado a pensar en libras, que luego se me iba el avión y pensaba en Euros o dólares, pero luego recordaba la “pequeña” diferencia y volvía a la realidad a tiempo.
BAPS Shri Swaminarayan Hindu Mandir

Honestamente nunca percibí esos precios elevados que todo el mundo se queja de la capital inglesa. Tal vez porque mezclamos lugares comerciales con alternativos, nunca comimos en sitios nice, y los souvenirs los encontramos muy baratos, en especial los imanes y llaveros.

Obviamente, como en todos lados, sí había cosas que eran obscenamente caras y, claro, no las compramos. Además Londres es baratísimo si lo comparamos con Islandia: ahí sí sabes lo que es amar a Dios en tierra de indios en cuanto a precios caros. Pero eso ya vendrá en los siguientes escritos.
El Guardia negro de la Torre de Londres

Londres no es Racista (a comparación de . . .)

El texto entre paréntesis es porque considero que el humano es racista por naturaleza, sólo que hay unos pueblos más civilizados que otros al momento de manejar su aversión contra otras etnias o, simplemente, sus objetos de odio son distintos.

En la Torre de Londres vi a uno de los guardias imperiales de raza negra, y eso me llamó poderosamente la atención porque nunca creí que los hubiera de una raza diferente a la caucásica. Le saqué una foto y se la mandé a mis contactos de México, los cuales también se sorprendieron.
Museo de Victoria y Alberto

Fue hasta que le comenté a Ivana, nuestra anfitriona en Battersea, que me hice consciente de que la influencia gabacha en nuestro inconsciente es más profunda de lo que me gustaría admitir.

Le enseñé la foto a Ivana y me dijo “Pues sí, es un guardia” pero le hice notar su raza y ella sólo me contestó “Es inglés, no importa la raza” ¡Wow! Quedé impactado con la respuesta y ahí me di cuenta de algo.
Mi hermando comiendo como un local en Brick Lane

El trato a los negros en Londres es normal, literalmente como se trata a cualquier otra persona ya que, al haber un negro en el lugar, no se siente ninguna tensión ni nada en especial, simplemente es alguien más con nosotros. Creo que se sentía esa tensión con chinos o con hindúes (y muy leve) más que con los negros.

Y ahí me hice consciente que esa sensación nunca la he sentido en Estados Unidos, en donde es notorio cuando hay un negro en el ambiente, no sé si es algo que él hace o no hace o si radica en los demás. El caso es que siempre existe esa preocupación de hacer o decir algo que se considere incorrecto u ofensivo. Esa tensión incomoda a todos los presentes, por lo que ese ambiente natural y relajado en Londres respecto a la gente de otras razas es lo ideal.
Parliment Hill

Y ya que mencioné a Ivana, platiquemos un poco de nuestros anfitriones en Londres.

Serbios cálidos

Los hoteles en la capital inglesa son muy caros para lo que te ofrecen y si están en buena zona la relación calidad-precio es aún peor. Es por ello que el buen Beto Orvañanos me presentó el mundo de Airbnb, mismo en el cuál él había laborado, justamente en Londres.
Abadía de Westminster

Personalmente no estaba del todo convencido y es que, si no me gusta visitar las casas de mis conocidos (ni que ellos visiten la mía), mucho menos me atraía la idea de quedarme en casa de unos completos desconocidos y, peor aún, en un país desconocido.

Sin embargo, al ver la diferencia brutal de precios entre Airbnb contra los hoteles de una zona parecida, tuve que arriesgarme a la opción del Bed and Breakfast aunque no fuese mi hit.

Escogimos a una familia serbia que vivía en Londres desde hace más de una década, así que nos hospedamos en la zona de Clapham Junction con la bonita familia que forman Nash, Ivana y Marco, mismos que resultaron tan atentos como amables.

Cada noche platicaba con ellos, les contaba lo que habíamos visto, ellos me hacían comentarios y me daban recomendaciones para el día siguiente. Además comentábamos sobre las diferencias culturales entre Serbia y México, a través del espejo de los ingleses.
Museo Marítimo

Las pláticas resultaron muy interesantes y enriquecedoras, lo cual trajo consigo un costo a pagar: no podía escribir a gusto todo lo que había visto en el día y, en gran parte por esa misma razón, estos escritos están saliendo a la luz dos años después.

Ésa es una ventaja que tengo en los hoteles ya que, al ser impersonal el asunto, sólo llegas a tu cuarto y descansas, si quieres platicas con los de recepción y si no, te vas directo y nadie te lo toma a mal.
Planetario en Greenwich

Pero, como alguien me dijo en alguna ocasión “Para ser tan solitario, eres bastante sociable” así que, aunque estuviéramos pagando por el hospedaje, no dejábamos de estar de visita en una casa, así que mi educación me impedía llegar e irme al cuarto como si nada (a José sí le valía madres y se iba a “Facebookear” al cuarto). Además, aunque lo hubiese intentado, los serbios también me hacían plática con singular alegría, y es que éramos los primeros mexicanos que conocían, así que les interesaba saber mucho de nuestra cultura.
Mi hermano jetón en el aeropuerto

Tengo que admitir que la experiencia fue muy enriquecedora ya que, aunque me atrasé (mucho) en los escritos, la verdad aprendí mucho de Londres y de Serbia al estar con ellos. Ciertamente fue una buena experiencia hospedarme con ellos pero, siendo honestos, mi intención no es hospedarme en un Bed and Breakfast a menos que sea completamente necesario (por precio o ubicación).

Y es que la gente contrata Airbnb esperando tener ese sentimiento de llegar a casa. El problema es que, para mí, el llegar a casa es sinónimo de tener todo mi tiempo y espacio para mi solito, no para compartirlo con alguien más. A pesar de ello (justamente por el precio y ubicación) en Dublín voy a tener mi segunda experiencia con Airbnb, así que ya veré cómo sale todo.

Comentario final de Londres.

Este viaje no estaba propiamente planeado, simplemente un día me puse a buscar vuelos baratos y salió uno a Londres. La capital inglesa la tenía en mis planes, pero no tan próximos, sin embargo, por algo había encontrado ese vuelo y, sin pensarlo dos veces, lo compré.
Stone Henge

Sin duda fue cosa del destino, siempre he estado relacionado con la cultura británica a través de su música, que es de donde vienen mis artistas favoritos (e incluyo a la República de Irlanda, aunque no sean británicos, pero están en la misma zona).

Me sentí tan cómodo en Londres como si estuviera en casa. La gente es muy educada y amable, los lugares resultan elegantes e interesantes, hay una cultura de respeto y, aunque es una ciudad muy turística, no sentí que los ingleses quisieran sacar provecho de nosotros (los hindúes y chinos son otro boleto).
Tower Bridge

Sentir Londres es respirar una cultura vieja y madura, históricamente han vivido más cosas que nosotros y le dan otro sentido a la vida, así que saben priorizar mejor que nosotros y entienden que un buen país no sólo reside en los gobernantes sino en el comportamiento de sus propios ciudadanos.

Al conocer esta pequeña parte de Inglaterra y ver cómo se comportan los “papás” de los gringos, me hace entender por qué los ingleses desprecian (veladamente, obvio) a los gabachos; bueno, en realidad, casi todo el mundo los despreciamos, pero el motivo de los ingleses es distinto. Los británicos les enseñaron a ser de cierta manera y, aunque los gabachos aprendieron algunas cosas buenas, no acabaron de “mamar” esa esencia elegante y educada de los ingleses. Obviamente los gabachos de las costas son distintos a los del centro, pero es como en México, en donde no hacen diferencia de los norteños, sureños y del centro, en el extranjero TODOS somos lo mismo, y es el mismo fenómeno con la percepción de los gabachos en Inglaterra.
Nuestro siguiente destino: Islandia

En fin, ya para terminar el pachequeo, Londres me fascinó, por ser una de las mejores ciudades que he visitado y, definitivamente, regresaré algún día con mucho gusto.

Gracias por todo Londres, siempre habitarás en mis recuerdos y en mi corazón.

Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Jose Antonio Hernandez Morales dijo...

Excelente viaje en londres, pero Islandia fue mejor tal vez porque me gusta mas la naturaleza que los edificios, sin embargo londres fue muy bueno