lunes, 9 de abril de 2018

Hoy me acorde de tí

“Iba bajando por la pirámide viendo hacía el Zócalo de Cholula y, sin ninguna razón, me acordé de ti.

Es curioso, la visión de dicho lugar la tengo un par de veces por semana, de hecho estoy consciente de lo que el sitio me significa, sin embargo mi cerebro (en una especie de mecanismo de defensa) opta por bloquear los recuerdos de ciertos lugares, pero hoy hubo una falla en el sistema.

Ya tenía tiempo que no me invadía tu recuerdo, así que lo disfrute por unos instantes. En especial recordé nuestra primera cita, justo en aquel lugar, la primera de muchas desveladas que tuvimos a solas. ¡Y me enoje! No porque no hubiera sido una de las mejores noches de mi vida, sino por esa incapacidad de acordarme de lo malo que también pasó.


Mi cerebro sí recuerda los momentos poco agradables pero, lo más curioso es que ya no los siento: recuerdo la decepción, la incertidumbre, las lágrimas, el sufrimiento y el enojo, pero ya no los puedo sentir, dejaron de ser importantes. Sólo recuerdo los momentos buenos, aquellos que me sacan una sonrisa o un lagrimilla ocasional.


Me parece injusto que la nostalgia decida que sólo valen los momentos buenos y descarte los malos, sin embargo soy humano, y al parecer es parte de nuestro instinto de conservación sentimental, ya que si no logramos una relación tan importante, por lo menos nos quedamos con el bonito, e idealizado, recuerdo de lo felices que fuimos al lado de esa persona especial.


Así que hoy me acordé de ti y, aunque ya no estás aquí, me volviste a hacer sonreír.”


Hebert Gutiérrez Morales.

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