viernes, 20 de abril de 2018

La Costa Sur (Islandia, Parte 4 de 8)

Reynisfjara: La playa de arena negra

            Para leer la tercera parte de esta saga, pueden darle click a esta liga.

            Eyjafjallajokull

            Como casi todos los días, salimos muy temprano de la casa de huéspedes y nos llevaron a la costa sur de la Isla. Nuestra primera parada fue ver (de lejos) el volcán/glaciar de Eyjafjallajokull, mismo que ocasionó una crisis aérea en Europa con su explosión en Abril del 2010, ya que su capa de ceniza cubrió gran parte del continente, ocasionando muchas cancelaciones de vuelos en lo que el cielo se despejaba, trayendo grandes pérdidas económicas.
 
Al fondo el volcán Eyjafjallajokull tan famoso
            El volcán no es tan grande, ni tampoco es el más poderoso de la isla pero, nos explicaba el guía, entre la combinación de ceniza y que está en un glaciar, además de la forma del volcán, dieron la receta perfecta para que las cenizas no se esparcieran en el cielo y, en su lugar, se concentraran en Europa, cosa que también tuvo que ver la mala suerte de las corrientes de aire. De igual forma nos comentaba que habrá que preocuparnos cuando Hekla (el más activo de la isla) haga una erupción con toda su potencia, porque ése sí tiene el potencial para ser más dañino.
           
            Skogafoss 
 
Skogafoss desde abajo
            Nuestra siguiente parada fue la cascada de Skogafoss, en la cual sólo nos dieron 20 minutos para conocer así que, como llevábamos un grupo huevón, casi nadie se animó a subir los 300 escalones que te llevan a la cima de la misma, pero nosotros sí lo hicimos.

            La verdad el río que le da origen a la cascada es muy pequeño, por lo que resulta sorprendente que un flujo tan pequeño de agua saque una cascada tan aparatosa, aunque ya viéndola desde arriba te das cuenta que es un efecto visual. Los 20 minutos nos bastaron y sobraron para fotografiar la cascada de todos lados, así que nos subimos de nuevo al vehículo.
 
Skogafoss desde arriba
            En todo el camino nuestro guía nos iba platicando de los diversos lugares que íbamos pasando, así como diversos aspectos culturales de su país. La verdad es que estaba muy bien informado, por lo que la narración resultaba muy interesante, el problema es que tenía un tono de voz muy particular que te arrullaba, por lo que el cansancio que traíamos desde Londres cobró su parte y, aunque intentaba poner atención, terminaba dormido.

            Reynisfjara: La playa de arena negra
 
Una playa diferente con la arena negra
            La arena de la playa Reynisfjara es negra ya que proviene de las cenizas volcánicas que le dieron origen a esta isla, dando un espectáculo digno de admirar. Pero no sólo es la playa con sus caprichosas formas rocosas dentro del mar, sino que también tenía muchas columnas basálticas.

            Y, como no podía faltar, este sitio también sirvió de locación para alguna escena de Game of Thrones, en donde la gente del muro está observando la bahía (supongo que no una de las escenas más importantes de la serie).
 
Las columnas basálticas
            La playa es muy bonita y no muy extensa, hay una gran cueva pero no muy profunda, además de unas formaciones rocosas en donde puedes ver el mar de cerca. Obviamente por el clima nadie se iba a meter en ella y, aunque hubiera calor, no te lo recomiendan ya que las olas son muy traicioneras en este lugar.

            Subiendo al Glacial de Solheimajokull 

            Nos llevaron al Glaciar de Solheimajokull, mismo que está dentro de la isla. A diferencia de lo que uno se puede imaginar, este glaciar no es totalmente blanco, sino que está muy manchado por la ceniza volcánica, así que tiene partes blancas, negras y grises.
 
José y yo arriba del Glaciar
            Mientras nos ponían el equipo de seguridad, nos enteramos que el Trip Leader era un español de nombre Pedro, mismo que tenía más un aspecto caribeño con las rastas y las bermudas, mientras que nosotros estábamos de chamarra y ropa térmica. Pedro fue muy ocurrente y divertido y se ve que le daba gusto al hablar con alguien en su idioma.

            Subimos al glaciar con mucho cuidado, a pesar de todo el equipo de seguridad, íbamos a un paso bastante tranquilo y, sin importar el ritmo pausado, resultó ser una actividad que conllevaba su esfuerzo físico. Todos los guías caminaban como si nada, mientras que el grupo íbamos muy lento por lo difícil que nos resultaba desplazarnos sobre el hielo.
 
No es una subida muy prolongada pero sí dura
            Además debíamos ir por las zonas que nos indicaban, ya que podía haber sitios en donde el hielo fuese más delgado y pudiéramos caer en una trampa o, en su defecto, resbalar y deslizarnos por la resbaladilla que formaba el lugar (y caer al agua helada).

Nos comentaba Pedro que el Glaciar ha ido perdiendo su masa cada año, esto debido al calentamiento global, así que cada vez está más pequeño. Bajamos con el mismo cuidado que subimos, no sin antes sacar un chorro de fotos bien chulas. Y nos dirigimos a nuestra última atracción del día.
 
Seljalandsfoss
Seljalandsfoss 

            La Cascada de Seljalandsfoss es muy bonita además de que, por su forma, te permite caminar atrás de ella y sacar fotos únicas, eso sí debes estar dispuesto a que el rocío te empape, lo cual no sería problema en un clima más amigable.

            La cascada está bella, y recorrer los sitios alrededor tiene su especial encanto, sobretodo porque la gente se concentra en la caída de agua y casi no va a recorrer los alrededores. La paz que se respira en este lugar es inigualable y, después de un día tan ajetreado, se agradece con especial alegría.
           
            Regresando a Reikivik

            Literalmente nos desmayamos en el camino de regreso, por el cansancio acumulado de todo el viaje. Nos despertamos al llegar a Reikiavik y, como fuimos los últimos a los que nos bajaron, vimos descender a todo el grupo.
 
Mi restaurante favorito en Reikiavik
            Viendo los hoteles caros en lo que dejaban a cada integrante del tour, comprobamos que nos dimos vacaciones de ricos con presupuesto austero, ya que nuestro hospedaje era sencillo, pero limpio y bien ubicado, porque preferimos pagar con tiempo, más barato y no despilfarrar en un hospedaje fancy que te sirve para lo mismo: bañarte, dormir y desayunar.

            Antes de regresar a nuestra casa de huéspedes, pasamos a cenar a las Hamburguesas de Chuck Norris, un lugar relativamente agringado pero con ese toque de buen humor islandés. En todo el lugar había esos breves chistes sobre Chuck Norris que tanto me hacen reír. La hamburguesa estaba rica y el lugar muy agradable.
 
No era comida típica islandesa, pero estaba buena
            En el camino de regreso encontramos al chamaco con el que platicamos en el vuelo desde Londres, mismo que ya estaba enfiestado con sus nuevos amigos. “Bendita juventud” pensé, nosotros sólo queríamos llegar a nuestro cuarto y dormir ya que al otro día seguíamos con nuestra aventura.

            La relajación total islandesa

            Un mes antes había estado en un país en donde el estrés es el pan de cada día, en donde la gente aprovecha su tiempo lo máximo posible, sin importar si es trabajo, estudio o hobbies, un país comprometido con la excelencia y la productividad. Y, de pronto, llego a uno en donde la realidad es totalmente distinta.
 
El tranquilo río que se forma al caer Skogafoss
            Eso me gusta de viajar: conocer realidades diferentes a la mía y compararlas contra mi propio país. Por ejemplo Japón es un país maravilloso pero, como menciono en el párrafo anterior, viven muy obsesionados con ser eficientes en cada aspecto de su vida.

            Los islandeses se encuentran en el otro espectro de la actitud ante la vida ya que, constantemente me daban ejemplos de que se toman las cosas de manera más tranquila, sin preocupaciones, sin exageraciones innecesarias.
 
José en Reynisfjara
            Ya mencioné lo relajado de nuestro chofer al transportarnos de un aeropuerto a otro, así como la ausencia de filtros de seguridad en los vuelos nacionales, pero esos sólo fueron las muestras iniciales de lo que iba a ver durante una semana de convivir con ellos.

            Por ejemplo, aunque los tours estaban contratados a cierta hora, todos los días me veía obligado a preguntar horario y lugar de recogida, ya que los de la misma agencia (que es la segunda más grande e importante de la Isla) me los modificaban a diario.
 
"¿Subiré o no subiré al Glaciar?"
Aunque estaba preocupado, a ellos no parecía consternarles mucho “No se preocupe, no los vamos a dejar” pero, más que relajarme esa postura, me desesperaba más, porque hubiese preferido que me dijeran “En tal calle, a tal hora, lleguen 10 minutos antes porque nos vamos”, ya que eso me daría certeza, no incertidumbre. Pero en fin, en defensa de ellos, nunca nos dejaron para ningún tour, así que supongo que saben su negocio.

            Los de la casa de huéspedes en Reikiavik también eran muy relajados. Por ejemplo, aunque ya teníamos un par de días hospedados, no nos cobraban el hospedaje “Luego le cobramos” me decían, pero no podía seguir así, por lo que estuve jode y jode hasta que me cobraron y, por fin, mi alma descanso en paz.

            Yo pensé que en el avión me iba a librar de tanta relajación islandesa, pero me llevé un último “regalito” antes de despegar: Resulta que nuestro vuelo se atrasó ¡Dos horas y media! ¿La razón? El controlador de vuelo en la torre no había llegado, así que estuvimos esperándolo sentados hasta que se le ocurrió al señor darnos luz verde. Hasta el mismo capitán del avión (gringo) nos decía en “Es la primera vez que veo que algo así pasa”
 
Seljalandsfoss
            Dicho atraso fastidió la visita exprés que teníamos en la gran manzana y nos provocó una espera excesivamente larga en al aeropuerto. Aunque, siendo honestos, prefería eso perder alguno de los vuelos entre Akureyri y Reikiavik. Por cosas así es que procuro comprar vuelos con más de dos horas de tiempo entre conexiones (aunque luego salen buenas ofertas $_$ y cambio mis prioridades ¬_¬).

            Creo que para mí fue muy notoria esa excesiva relajación islandesa, porque soy más afín al estilo japonés con tiempos exactos y compromisos que se respetan. Seguramente para alguien con una personalidad menos neurótica que la mía le acomodaría muy bien la personalidad islandesa, que también tiene sus aspectos positivos.

            Personalidad islandesa

            Afortunadamente pude platicar con muchos de nuestros guías, lo cual me dio información muy importante de cómo viven los islandeses.
 
Reynisfjara
            Por ejemplo, ya mencioné la historia cuando visitamos Godafoss, en la cual los islandeses cambiaron de religión sin guerra de por medio, sin ninguna gota de sangre derramada. Lo que no les comenté es que eso no les impidió mantener una postura abierta al seguir creyendo en la existencia de Elfos, Trolls, y demás situaciones fantásticas, mismas en las que creen la mayoría de la población.

            Siguiendo con la religión, aunque sean creyentes, no son fanáticos. Comento esto porque en Reikiavik encontré una playeras de Jesús muy chidas, irreverentes y bastante herejes, que la gente vestía sin problema alguno en las calles pero, sabía de antemano, si me ponía algo así en México me iban a linchar.
 
Listos para darle duro a ese Glaciar
            Y es que en Islandia hay una libertad impresionante, sin caer en libertinaje. La gente puede ser como quiera y pensar como quiera, sin estar asustado que alguien se vaya a ofender, ya que entienden que cada cual tiene derecho a hacer su vida lo que quiera.

            Esto se refleja en que la gente se casa cada vez menos (tendencia que es cada vez más fuerte en el mundo desarrollado) y optan por vivir en unión libre. Por el mismo motivo proliferan los medios hermanos, y nadie la hace de pedo ni dicen que su sociedad se está yendo a la mierda ni que se están perdiendo los valores por ello.
 
Antes llegaba el Glaciar hasta donde ahora se ve un lago
            Y es que difícilmente concibo a los islandeses como gente perversa o malintencionada, de hecho lo que percibí es que son educados, confiados y de personalidad muy sana, con poca malicia. Hubo unos días en que Soffia, la chica que me atendió en Arctic Adventures, me dejó de contestar y me atendió otra chica. Días después Soffía me contactó para ofrecerme disculpas, y me platicó que había estado enferma y por eso no me contestaba.
Seljalandsfoss

            La verdad me sorprendió ese detalle, no porque lo necesitara saber (al final alguien más me atendió), pero en este lado del océano ningún contacto de alguna compañía se toma la molestia de explicarte eso, simplemente alguien más toma tu tema y ya, pero los islandeses son más cálidos, hecho que hace aún mejor tu experiencia de visitar este país.

            En el siguiente escrito analizaremos el tour llamado Black and Blue, porque fuimos de las profundidades de la tierra a las profundidades del agua (aunque eso de “profundidades” puede sonar un poco exagerado). Sobre ese quinto día pueden leer en este enlace.

            Hebert Gutiérrez Morales.

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