domingo, 15 de abril de 2018

Llegando a Islandia (Islandia: Parte 1 de 8)

En el Lago Mývatn

            Así como me cayó el veinte que estábamos en Londres hasta que llegamos a Greenwich, fui consciente que íbamos a Islandia justo antes de abordar el avión de Icelandair, “¿Qué chingados vamos a hacer en Islandia?” fue la pregunta que me hice de manera honesta.

            Creo que es el primer destino que visito sin alguna razón en particular, simplemente basado en corazonadas. Cuando estaba buscando otro destino para complementar Londres, localice la capital inglesa en el mapa y, por alguna razón, vi hacia arriba y dije “¡Islandia! ¿Por qué no?” Y así pasó, sin ninguna otra razón detrás.
 
El Río Glera y al Fondo Akureyri
            Ya después hice mis investigaciones y me entere que la logística no era tan fácil como en otros sitios, así que la opción era tomar puros tours. Empecé a cotizar, hice las reservaciones necesarias basándome en lo más importante, bonito o interesante que había disponible pero, aunque suene mamón, no estaba muy consciente de lo que hacía, en realidad siento que actuaba por instinto más que por hacer algo planeado.

            Me informé sobre las temperaturas para el viaje y, para ser Mayo, eran similares a los inviernos en casa, así que compré el equipo necesario para el viaje (ropa térmica, impermeables, calzado para trekking, etc) con bastante anticipación. A pesar de toda esa investigación, no me había dado cuenta propiamente que íbamos a visitar ese país tan lejano.
 
Vista desde el avión
            Me tenía un poco nervioso que era el primer lugar que visitaba en el cual no hablaba el idioma local (los vuelos de conexión no cuentan) pero, para nuestra fortuna CASI todos los islandeses hablan perfectamente el inglés, de hecho a muy pocos se les nota algún acento cuando hablan.

La Tierra del hielo, no la Tierra de la Isla

En español se escribe “Islandia”, ya que en islandés se escribe “Ísland”, sin embargo, ese “Ís” quiere decir “Hielo”, así que hace más sentido el nombre en inglés: “Iceland” o la tierra del hielo. Y, aunque ciertamente hay mucho hielo en la isla, el nombre fue puesto pensando justamente en lo contrario.
 
Conociendo la nieve
Cuando los vikingos descubrieron la isla, encontraron un lugar verde, lleno de aguas termales, con flora y fauna abundante, un auténtico paraíso para sus ojos. Los nórdicos la llamaron “La tierra del Hielo” (lo cual era creíble dada su ubicación norteña) para despistar a otros potenciales conquistadores y enemigos que les quisieran arrebatar su tesoro.

Tiempo después descubrieron Groenlandia (“La tierra verde”), misma que fue bautizada así en relación directa a Islandia, así que la isla norteamericana servía de “trampa” al llamarse “tierra verde” para que los potenciales invasores se fueran para allá en donde, irónicamente, hay hielo la mayor parte del año.

Así que esta breve historia nos deja claro que, a pesar de toda esa fama de guerreros audaces y conquistadores sangrientos, resulta que estos Vikingos eran muy simples desde el inicio de los tiempos.

            Vuelo de Gatwick a Reikiavik
 
Nuestra pose vikinga
            En el aeropuerto nos llevamos un buen susto, porque la chica (inglesa) de Icelandair nos cuestionó “¿Y sus visas?” algo que me extrañó bastante ya que, como buen neurótico, siempre checo los requerimientos para entrar a cada país (en la página de la embajada de cada destino que visito), y los mexicanos teníamos derecho a esta hasta 14 días sin visa en Islandia.

            Se lo expliqué a la señorita, misma que no pareció muy convencida, pero fue a platicar con su supervisora, vi que entraron a Internet para comprobar lo que les había dicho y nos dejaron pasar. No sé si a ellos como ingleses les pidan visa o algo, o no creyó que mexicanos tercermundistas puedan entrar sin más a Islandia.

            Ya en el avión nos tocó un gringo muy cagado, amable y joven (rondaba los 20 años), el chico era de Texas, así que tenía un conocimiento mayor de nuestro país que el gringo estándar.

            Me cayó bien el chamaco, ya que no tenía esa visión egocéntrica del gabacho promedio, sino una más integral del mundo y el hecho de que viajara a Europa (y a un país como Islandia) demostraba que su consciencia era más profunda que muchos de sus contemporáneos que se enfocan en ser Springbreakers a esa edad.
 
Un par de días después en the Beast of the East
            Cuando aterrizamos en Reikiavik, nos despedimos de él como si fuese un paisano más. José después me dijo “No maches, empezó muy joven a viajar”, a lo que le repliqué “Al contrario, somos nosotros los que empezamos tarde”.

            Camino a Akureyri

            El vuelo de Gatwick llegó 15 minutos retrasado a Reikiavik, desde ahí la tranquilidad islandesa me empezó a estresar, ya que no les importó despegar tarde. Por fortuna en migración no nos tardamos nada (parecía que entrabamos a nuestro país). Aun así, el retraso del vuelo acortó nuestro tiempo para tomar el vuelo local a Akureyri a 90 minutos. Hora y media suena tiempo suficiente para una conexión, pero no lo es cuando cambias de Aeropuerto.
 
Thórsmörk
            Recuerdo que le decía a Soffía, la chica de Arctic Adventures con la que hice todas mis reservaciones, que se me hacía muy poco tiempo de conexión, pero ella me dijo que era más que suficiente. Así que aprendí a confiar en estos amables nórdicos (en realidad, no tenía otra opción).

            En ese traslado entre aeropuertos empezamos a conocer esa esencia relajada de los islandeses porque, literalmente, no les corre la vida. Para empezar no me pidieron identificación alguna para corroborar que era yo el de la reserva, sólo confiaron en mi palabra (se ve que no reciben muchos mexicanos por acá). Veía el reloj y le decía al chofer que, con la hora de nuestro vuelo, no íbamos a llegar, y él sólo respondía “No se preocupe, si llega” ¬_¬U

            No le veía ningún apuro en su ruta, de hecho pasó a dejar a gente en Reikiavik antes que a nosotros en el aeropuerto. Lo curioso es que se paraba a media calle a dejar a los pasajeros, como si nada, como si estuviéramos en un pueblo y no en la capital del país.

Ahora sé que me faltaba aprender muchas cosas sobre esta cultura pero, en lo que aprendía a conocerlos, me carcomía el estrés en el camión: “Vamos a perder el puto vuelo” “¿Qué le pasa a estos cabrones?” “¿Cuánta desidia?”
 
Iglesia de Akureyri
            Llegamos al aeropuerto de vuelos locales de Reikiavik con 30 minutos para documentar. En cualquier otro país eso es suficiente para perder el avión, pero este aeropuerto era tan pequeño que hasta nos sobró tiempo para echarnos un chocolatito con un muffin en la espera.

Son tan relajados los nórdicos que, al momento de documentar, me dijeron que mi maleta era demasiado grande para sus compartimentos debajo del avión, así que me permitieron subirla a la cabina sin costo adicional. Es más, son tan despreocupados que no hubo revisión de seguridad, ni un detector de metales ni personal que siquiera te preguntara si no llevabas una bomba, drogas o algo.

            El proceso de abordaje duró cinco minutos y despegamos hacia Akureyri. Fue hasta ese momento en que pude relajarme y disfrutar los paisajes impresionantes que nos rodeaban. Nuestro alojamiento se encontraba a dos kilómetros del aeropuerto, yo dije “No hay pedo, nos vamos caminando” sin embargo, al ver la nieve dije “No hay pedo, llamamos un taxi” -_-

            Akureyri
 
El pueblo de Akureyri
            Llegamos a Akureyri y, de los primeros letreros que vimos fue uno que decía “Esto es lo más al norte que vas a estar en tu vida” pero yo contesté mentalmente “¡Hasta crees!” porque algún día voy a ir a Alaska, Canadá y, en una de esas locuras, hasta a Groenlandia.

            Nos hospedamos en el “Akureyri Backpackers” un hostal con un ambiente muy divertido, muy fraterno, muy sociable, traducción: en definitiva un lugar que no era para mí. Por fortuna también te ofrecen cuartos privados, uno de los cuales tomamos.

            Eran las 5pm del sábado, y el sol estaba bastante alto, así que salimos a conocer el lugar. Y es que, aunque es la cuarta ciudad más grande de Islandia, sólo tienen 19000 habitantes, así que para nosotros era un pueblo.
 
Rodeando el lago Mývatn
            Después de estar en una de las urbes más importantes, desarrolladas y pobladas del mundo como lo es Londres, llegar a una población tan pequeña es un cambio radical, de hecho sentíamos que era como un pueblo fantasma, porque casi no había gente en las calles (y eso que no hacia tanto frío).

            Tampoco es que haya gran cosa que ver en Akureyri, en realidad llegamos ahí porque dos de nuestras actividades naturales estaban cerca de dicho lugar. Lo más espectacular era el río que está frente al pueblo y las montañas nevadas al fondo, ya que en el pueblo sólo había una Iglesia, un jardín y una serie de casitas y callecitas muy monas, sin embargo de una esencia muy diferente a la inglesa. En verdad estábamos en un pueblo vikingo moderno, se respiraba en el aire, se sentía en el ambiente.
 
En nuestro siguiente capítulo
            Como vimos todo cerrado, nos alegramos al encontrar un restaurante abierto, sin gente eso sí, y es que teníamos hambre. A pesar de que éramos los únicos comensales, se tardaron mucho en servirnos, y es que la comida la preparan al momento pero como ya habíamos visto que los islandeses viven a una velocidad más lenta, nos armamos de paciencia.

            Ciertamente la comida era muy rica, aunque bastante cara, pero no era el restaurante (que se veía que era un lugar modesto), sino que toda Islandia es caro como la chingada, de hecho no he estado en país más caro. La gente que dice que Londres es de las ciudades más caras (yo no la sentí así) debería visitar esta Isla y darse cuenta lo que en verdad es caro.

            Así que en lo que recorrimos la ciudad encontramos una tienda en la cual compramos algo para la cena y el desayuno y nos regresamos al hotel. Aunque aún había luz de día, estábamos cansados y ya queríamos dormir.

Entre el stress de estar en un lugar desconocido, las carreras del viaje y el ajetreo de cambiar de ambiente, caímos rendidos esa “noche” (y lo entrecomillo porque nunca la experimentamos en Islandia), así que dormimos a gusto ya que al otro día iban a pasar por nosotros a las 6:30AM. En el siguiente escrito conocerán nuestro primer destino en Islandia, eso lo pueden leer en esta liga.

Hebert Gutiérrez Morales.

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