jueves, 19 de abril de 2018

The Beast of the East (Islandia, Parte 3 de 8)

A medio río

            Aunque el lago Mývatn y sus alrededores, del cual pueden leer en esta liga, fueron un recorrido entretenido y lleno de paisajes irreales, no iba a complicar la logística de un viaje al ir a un pueblito al norte de Islandia, sólo por ello.

            La razón principal para ir a Akureyri fue mi gusto por los rápidos, y es que los de Arctic Adventures ofrecen una actividad llamada “The Beast of the East”, un río encañonado con Rápidos Clase 4+ que tan sólo de verlos se me salía la baba.

            El guía pasó por nosotros muy temprano, nos comentaba que se había casado y que se había dedicado a la carpintería, así que se había alejado de la guiada de río unos cinco años, pero que aquel día era su regreso a dicha actividad. Cuando escuché eso sólo pude pensar “Por favor, ¡qué no sea nuestro guía!” ¡Pero no! el maldito Murphy volvía a tener razón (¡Cómo lo odio al hijo de puta! ¬_¬).
 
Colocándonos todo el equipo
            Cayendo al río

            Llegamos a la base a prepararnos, nos dieron un traje seco y, sobre él, un neopreno. Era el primer día de la temporada, esto quiere decir que ya era navegable, aunque el grado de dificultad era alto. Al llegar al río Austari-Jökulsá, toque el agua y vaya que estaba helada, nunca me había tocado un río tan frío, lo cual resultaba obvio al sólo haber hecho Rafting en México y en Costa Rica.

            Empezamos a navegar, pero no podía sacarme de la cabeza que nuestro guía estaba oxidado. Justamente ese sentimiento de desconfianza me hacía estar más alerta, así que nos aproximamos al primer rápido (uno clase 3) y, al ver cómo lo iba atacando, mi miedo se volvía realidad, así que sólo observe bien hacia dónde nadar.
 
En este rápido caímos (saqué la foto cuando me rescataron)
            Nos caímos en un rápido en donde, según mi experiencia, no había por qué caerse y, créanme, si volcarse en un rápido clase 3 no es divertido, mucho menos es hacerlo con agua helada. Como ya iba preparado mentalmente, en realidad mi chapuzón fue breve, ya que nadé rápidamente hacia la piedra que había visto unos metros antes. Así esperaba a que rescataran a José y al resto de la balsa.

            Si la experiencia para mí no fue grata, con la cantidad de Raftings que he hecho, era obvio que para mi hermano fuese bastante fea, por lo que se le notaba el miedo en los ojos: ya había visto esa misma mirada en mucha gente primeriza que cae en su primer rápido, así que traté de inculcarle confianza, no le mencioné nada del guía y trivialicé la caída para bajar su preocupación.
 
Un río de excelente nivel
            Excelente Río, mala experiencia

            Ciertamente el río tenía bastante agua, no veía uno así desde mi primera vez en Barranca Grande, no tenía la confianza de preguntarle al guía, pero estaba seguro que el nivel del agua debía ser de los más altos que presentaba dicho río, todo por el deshielo, y no había que ser un genio para deducirlo, ya que todavía veíamos mucha nieve en las orillas.

            Comprobé que hacer Rafting en un río frío es totalmente diferente, no sólo es caer en el agua helada, es la movilidad que (no) tienes al tener el traje y guantes necesarios para soportar la temperatura. Así que remar no es lo mismo y, supongo, guiar la balsa también ha de ser difícil.
 
Seguramente en tras épocas del año el río luce más bello
            Casi nos volcamos otra vez en uno de los clase 4, ya para entonces estaba muy de malas, me encabronaba que la compañía permitiera tener a un guía con tanto tiempo de inactividad guiando una balsa. El sentimiento de ir con un guía en el cual no confías, aunado a ir en rápidos tan extremos, definitivamente no es algo agradable, ésa fue la primera (y espero última) vez que siento algo así. Por todo ello era natural que sintiera miedo al estar en la balsa.

            Cuando nos avisó el guía que venía el Rápido más fuerte, tuve que hablar otra vez con José, porque no necesitaba ser adivino para ver que estaba asustado, yo mismo lo estaba, pero no podía mostrarme así ante él, de lo contrario iba a resultar contraproducente.
 
En la cajita del fondo nos mandaron chocolate caliente
Le comenté que había equipo de seguridad, además de su chaleco, que los kayakistas siempre están ahí para rescatarlo pero, lo más importante, le aseguré que no nos íbamos a caer (una promesa que no tenía como sostener con el guía que teníamos, pero no me quedaba más por hacer). Pasamos el Rápido y, cómo no, casi nos volvemos a volcar. Ya a partir de ahí la cosas fueron más tranquilas.

            Enojos y decepciones

            Mi enojo se volvió decepción por tres hechos:
1) El paisaje estaba aún árido, debido a que apenas había deshelado, así que no había nada de vegetación, sólo piedras desnudas. Tal vez, y sólo TAL VEZ, en otra época del año el lugar fuese muy bello, pero en ese día no había nada de qué maravillarse en cuanto al paisaje.Cuanta diferencia con los hermoso ríos que navego en México.
Un río frío como la chingada


2) Extrañé a mis guías mexicanos, con sus bromas, con sus juegos, con sus chistes, el nombrar a cada rápido de manera ocurrente, sin duda eso hace la experiencia más divertida. Nuestro guía islandés era bastante parco (además de inepto), así que el ambiente en la balsa estaba bastante apagado, lo cual no ayudo a disfrutar el día.
3) Lo que más me dolía era no poder compartir algo que me hacía tan feliz con mi hermano, porque quedó traumatizado por el guía tan wey que nos tocó (aunado a lo difícil que estaba el río ese día).

            Creo que el momento más feliz que tuve en el día fue un salto de unos 8 metros que dimos en el Río, porque ya había pasado lo difícil, ya estábamos en una zona muy tranquila y quería dejar atrás los malos sabores de boca que me había llevado. 
 
Después del brinco mi humor mejoró
            Terminamos la travesía y estaba satisfecho más no feliz: satisfecho porque fue un río difícil y eso llenaba en algo mi ego, pero no estaba feliz porque un guía no apto había echado a perder lo que pudo haber sido un día maravilloso.

            Esencia europea

            En el camino de regreso a la base, la gente iba platicando en voz baja, algo que me toca experimentar por primera vez, ya que en México siempre vas pletórico de felicidad, echando desmadre y recodando las vivencias en el río. Esto se debía a que casi todos, entre guías y clientes, eran de tierras frías (Noruega, Estados Unidos, Islandia, Canadá, Inglaterra y demás), ahí corroboré por primera vez la ventaja de vivir en un país en donde los sentimientos fluyen de manera tan libre como el mío.
 
Misión cumplida
Nos bañamos en la base y, sin querer, me llevé un regalo visual por parte de las hermosas noruegas que se estaban bañando: las regaderas no tenían puerta, así que pude ver, por un breve instante, esos hermosos cuerpos.

Además de que mi parte sucia salió satisfecha, me llamaron la atención dos cosas: en América ninguna mujer hubiera entrado a una ducha sin puerta, lo que demuestra que somos más pudorosos que los escandinavos o, según el punto de vista, más mustios. Menciono esto porque creo que fui el único que osó a voltear hacia esas hermosas esculturas humanas (me hubiera recriminado de no haberlo hecho).

Y es que en Europa no son tan mirones y/o fisgones como somos los mexicanos. Pero no fue el único hecho que evidenciaba la desinhibición europea o la mochez latina, ya que el vestidor de hombres se mantenía con la puerta abierta, y todos enseñando las pelotas y, aunque pasaban mujeres fuera, ninguna volteaba. Supongo que la gente es menos morbosa y más abierta tanto con el sexo como con su cuerpo.
 
Despidiéndonos del río
            En el camino de regreso a Akureyrimi decepción se bajó un poco, todo por Chris: un guía canadiense avecindado en Islandia. Me hubiera gustado estar en su balsa ya que, además de ser el Líder de los guías, su vibra era muy divertida (Como normalmente es la esencia de los guías de río), así que el camino hacia el aeropuerto fue bastante ameno.

            Llegando a Reikiavik

            El vuelo a Reikiavik los disfrutamos bastante, en realidad es un trayecto bastante corto por aire, además de ir a alturas relativamente bajas, así que pudimos disfrutar el paisaje.

            Llegamos al aeropuerto de vuelos locales y, al no tener cambio para el camión, optamos por caminar los dos kilómetros que separaban el aeropuerto de nuestro hospedaje, que se ubicaba en la calle Vatnagarðar, una de las más concurridas de la ciudad, ya que es de las más comerciales. Me había agradado Akureyri pero, honestamente, me sentí más cómodo al estar en un lugar más al estilo occidental.
 
Hasta luego Akureyri
            Después de un día estresante habíamos llegado a la capital, misma que nos serviría de base para cinco maravillosos días fuera de la misma. El ambiente estaba más vivo, las chicas estaban más bonitas (en Akureyri las mujeres eran más hombronas, tipo vikingo), además de que todo el mundo te sonreía.

            Y así llegamos al Grettir Guesthouse.

            La Casa de Huéspedes en Reikiavik

            Como todo en Islandia, el hospedaje es bastante caro, así que la opción óptima que encontré entre una excelente ubicación y un precio decente, fue el Grettir Guesthouse, ubicado en el centro de la ciudad.
 
Vista desde el avión de Akureyri a Reikiavik
            Quedarse en una casa de huéspedes es más cálido pero también más estresante, porque debes mantener las áreas comunes (Cocina, comedor, baño) de manera decente para el resto de habitantes. Y debo admitir que nunca hubo problema alguno con el resto de huéspedes.

Lo que me llamó la atención fue que NUNCA vimos físicamente a nuestro anfitrión o a alguien de su Staff. Si teníamos algún problema o faltaba algo, Antón (el dueño) nos respondía por internet y, cuando estábamos de regreso en la casa, ya estaba solucionado.
 
La esencia de Reikiavik es fascinante
Alguien podría pensar que exagero, ya que se preguntaran “Bueno, alguien les debió dar la llave”, pero ni para eso fue necesario el contacto humano, ya que al llegar nos la dejaron en un compartimiento bastante ingenioso y, al irnos, simplemente la pusimos en una repisa.

La confianza fue total, ya que la tarifa venía con desayuno incluido, que uno mismo se prepara, pero no por ello te vacían el Refri, así que si querías podías hacerte una pequeña cena, cosa que José y yo sólo hicimos una vez porque procurábamos llegar cenados.
 
Una ciudad muy artística
Así que nos llevábamos una muestra de primera mano de lo relajados y confiados que son los nórdicos en su accionar, ya que no había ningún control excesivo, por lo que abusos podían ser cometidos pero, honrando la confianza, los huéspedes nos comportábamos a la altura de las circunstancias.

            En la siguiente entrega les compartiré nuestro viaje por algunas cascadas, la playa de arena negra y nuestra escalada a un glaciar. Eso lo pueden leer en esta liga.

            Hebert Gutiérrez Morales.

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