sábado, 21 de abril de 2018

Thórsmörk (Islandia, Parte 6 de 8)

En el frío valle de Thórsmörk

            Para leer sobre la fisura de Silfra, nuestro quinto día en Islandia, pueden darle click a esta liga.

            Es curioso, aunque en Islandia estuvimos en exteriores todo el tiempo, en realidad la semana en Londres fue más física. Esto porque en la capital inglesa anduvimos por nuestra cuenta, mientras que en país nórdico nos llevaban de un lado a otro.

            Por tal motivo caminábamos relativamente poco. Así que recupere el peso que perdí en Londres (bueno, por eso y por la comida chatarra en Reikiavik). Con estos antecedentes me sentía feliz de volver a tener un día de intensidad física.
 
Los caminos a subir
            Thórsmörk

            Thórsmörk es un valle montañoso que fue nombrado en honor al Dios vikingo Thor, el sitio muy bello rodeado de Glaciares, Volcanes y montañas. Dicho lugar se encuentra situado entre los glaciares de Tindfjallajökull y Eyjafjallajökull. Este tour, además de ser el más bello desde mi perspectiva, también fue el más demandante y, en consecuencia, fue mi favorito de todo el viaje.

            Paulmi, nuestro guía, tenía todo el tipo vikingo: alto, barbón, fuerte y de pocas palabras. Pasó por nosotros en un Jeep ENORME como la chingada, con llantas casi tan grandes como las de un camión, lo cual le dio un toque especial al día porque uno no se sube a un monstruo así muy seguido.

Cuando salimos de la carretera y empezamos a cruzar el terreno agreste, comprobamos que llevar este vehículo todo terreno no era una exageración, y es que un auto normal no pasaría por esas piedras, zanjas, riachuelos y demás obstáculos que superamos para llegar a nuestro destino.

Un tour intenso
 
Visión a medio camino
Este día íbamos a recorrer unos 16 kilómetros y a ascender unos 800 metros, lo cual suena relativamente fácil, sin embargo, el hacerlo por caminos nevados, fangosos e irregulares incrementa el nivel de dificultad a de forma exponencial.

Aunque esto te lo avisan en la página de Arctic Adventures, hay que recordar que el sentido común es el menos común de los sentidos, menciono esto porque entre el resto de integrantes del tour había un par de gringos obesos que, literalmente, no supieron ni por dónde les pegó, ¿Acaso no leían que era nivel 4 de 5 de dificultad? ¿O como interpretan la palabra “Challenging” en Estados Unidos?
 
Banquita para que los turistas nos saquemos fotos
Para mi beneplácito, Paulmí no se apiadó de ellos y nos trajo en chinga, como él mismo me comentó después “No iba a sacrificar todo el tour para mimar a un par de gringos inconscientes, porque la advertencia de la dificultad está avisada y todos tienen el mismo derecho de terminar el tour”.

Así que con esa visión tan respetuosa, estricta y justa, el buen Paulmí me cayó mejor al final, ya que al inicio me dio la impresión de ser huraño y poco amigable pero,  conformé avanzó el día, se fue relajando y hasta sonreía al final. Pero el guía nórdico no fue el único que me recordó que no hay que dejarse llevar por las primeras apariencias.
 
Estaba feliz de estar en Thórsmörk
Cuando subimos al camión en Reikiavik, una pareja de checos le comentaron a Pualmí que procurara terminar el tour a tiempo, ya que tenían su vuelo de regreso ese mismo día. Cuando contemplé dicha escena pensé “¿Por qué demonios planean este tour en un día en que vuelas?” Pero después recordé que el mismo sólo se ofrecía en Jueves (y me lo recordaron cuando platiqué con ellos más tarde).

Y aunque, en un inicio, me cayeron mal por ser “egoístas” y ajustarnos a sus necesidades, al final fueron con lo que más conviví y los que nos “jalaron” para dejar atrás a todos los huevones.
 
José dando los pasos con precuación
Paulmí nos trajo a un excelente ritmo, lo cual agradecí, de hecho sólo los checos y nosotros le seguíamos el paso, el resto del grupo se tuvo que amoldar y ni tiempo les dimos de quejarse. Obviamente sí había tiempos y lugares establecidos de descanso pero, de no haber sido estricto el islandés, y tener cuatro personas de su lado, el tour se hubiera tardado bastante.

El nórdico nos comentaba, cuando estábamos solo los cinco (él, los checos y nosotros) esperando al resto del grupo, que en ocasiones le toca pura gente floja, y no da tiempo de terminar todo el trayecto, o que lo acababan muy tarde, pero que agradecía tener personas en buena condición, porque así jalan al resto.
 
En pleno ascenso
Aunque hacía frío y al inicio vas tapado, por el esfuerzo, empezamos a sudar un buen, así que no te importa el clima y te quitas la chamarra, para aliviar un poco el bochorno.

La aventura sobre nieve

Caminar en nieve es muy divertido aunque, cuando íbamos subiendo la montaña, por un momentos sentía que podía caer hacía el acantilado. Porque nuestros caminitos eran muy estrechos y cualquier paso en falso podría significar una caída bastante peligrosa, incluso mortal.
 
Mi hermano
Aun así, al ver los paisajes del valle, los ríos, los volcanes, los glaciares y demás cosas bellas que íbamos viendo, hacían que el esfuerzo valiera mucho la pena, y es que Thórsmörk es un lugar tan hermoso que sacas fotos al por mayor.

            Llegamos a un pequeño valle en donde tomamos un lunch ligero y así reponer fuerzas para el último ascenso, mismo que era el más inclinado y que era totalmente nevado. La pareja de gringos gorditos tuvo la sensatez de quedarse a esperarnos, así que el resto empezamos a ascender.

            Esa sección estuvo dura y más peligrosa, porque íbamos subiendo de ladito, así que debíamos tener cuidado de dónde plantar los pies. De hecho, por andar posando para la foto, casi me resbalo.
 
Viendo el valle desde la cima
            Ya en la cima vimos los volcanes de Fimmvörðuháls y Eyjafjallajökull, el mismo que hizo erupción en el 2010 causando un caos aéreo en Europa. Esa misma erupción creó dos nuevos cráteres llamados Magni y Móði, y que fueron nombrados como los hijos de Thor, en honor a este valle. Debido a esa misma erupción, y a la capa de ceniza, la vegetación en Thórsmörk se vio afectada pero, con el paso del tiempo, se ha ido recuperando.

            De vuelta al Jeep, en el camino de regreso, pasamos nuevamente a la cascada de Seljalandsfoss, misma que habíamos conocido el día de la playa negra, pero en la ocasión pasada nos tocó un cielo despejado, así que no íbamos a superar las fotos de dicho día, por lo que me quedé platicando con los checos y, ya en el camino, con un señor canadiense muy amable e inteligente y que me recordaba mucho a Robin Williams, así que platicamos de largo y tendido, lo cual me lleva al siguiente tema.
 
"Tómame una foto así como que no me doy cuenta"
            Embajadores de México en el extranjero.

            En un país tan lejano y tan caro, con lo es Islandia, es difícil encontrarte con otro latino, casi siempre veíamos pura gente caucásica. De hecho nunca nos encontramos con alguien más de Latinoamérica (de ahí que llamara tanto la atención nuestro color de piel).

            Creo que las dos nacionalidades más afines con las cuales convivimos fueron los españoles, que de hecho ni turistas eran, sino los que habían ido a la isla a trabajar, incluyendo el chofer que mencioné en el escrito anterior que, cuando supo que éramos mexicanos, empezó a imitar nuestro acento y nos dijo “¡Ándele, ándele! ¡Súbanse al camión!”.
 
En el ascenso
            La otra nacionalidad más ad hoc con los cuales convivimos fue, triste y naturalmente, los gringos; es más, hasta gusto les daba a los desgraciados encontrarse con sus vecinos del sur.

            Mi naturaleza es ñoña, por lo que suelo comportarme bien en mi país y, con mayor razón, cuando voy a uno ajeno. A pesar de ello, en esta ocasión, estuve más estricto con nuestro comportamiento, y mi hermano de seguro me odió por andarlo jorobando todo el tiempo con sus modales.
 
En el descenso
            Cuando lo vi muy fastidiado le decía que cada vez que voy al extranjero me considero un representante de mi país, una especie de embajador. Así que si me ven haciendo algo malo no van a decir “Mira, Hebert es un naco”, van a decir “Mira, ¡pinches mexicanos! Son unos maleducados”. Así mismo el prejuicio contra nosotros es más marcado, porque si hacemos algo mal, ellos van a decir “No me extraña ¡Son mexicanos!”.

            Esto de viajar a otro país es como ir de invitado a otra casa: adoptas las reglas y te comportas con propiedad, algo que también deberías hacer en tu propia casa pero, si no lo haces ahí, por lo menos hazlo fuera.

            Tal vez por ese mismo motivo me gusta platicar con personas de distintas nacionalidades (y de preferencia no en mi idioma), para que vean que México no sólo es drogas, corrupción, violencia y demás hechos negativos que difunden las noticias, sino que conozcan que hay todo un país maravilloso detrás de esa mala publicidad.

            Aunque nunca llamamos la atención por nuestro comportamiento, sí lo hacíamos por el físico.
 
Imponentes paisajes al fondo
            Fisonomía del islandés

            Ya tenía rato que no captaba tantas miradas, la última vez fue en Berlín, de igual forma en Islandia no acostumbran ver mucha gente morena y con pelo chino, así que se me quedaban viendo insistentemente.

            La gente en dicha isla es blanca, algunos transparentes. A pesar de ser de origen vikingo, no son excesivamente altos, obviamente sí son más altos que el mexicano promedio, por lo que mi estatura era normal por allá.

            Las mujeres en Reikiavik son muy guapas, aunque había tanta turista que no podría decir cuáles eran locales y cuales foráneas. Menciono esto porque en Akureyri vimos algunas féminas bellas pero, en realidad, había más mujeres toronas, tipo vikingas y poco femeninas.
 
Con paisajes tan bellos hasta te olvidas del frío
En cambio en Reikiavik, entre muchas otras, veíamos a chicas en trabajos comunes, algunas impresionantemente bellas, mismas que en México serían modelos y en Islandia eran meseras o vendedoras (sin demeritar dichos oficios obviamente). Sin embargo, aunque puedan ser bonitas, hay mucha gente con sobrepeso en la isla, tanto hombres como mujeres, y eso no es de gratis.

            Gusto por la cultura gabacha.

            A pesar de que Islandia tiene una dieta basada en pescado, tienen un gran gusto por la comida chatarra, además de que toman bastante Coca-Cola. Tal vez por las bajas temperaturas, pero su comida es muy alta en calorías, es por ello que los cinco kilos que perdí en Londres, los recuperé rápidamente en el país nórdico. De hecho tienen un gusto especial por lo dulce (que se entiende para tener grasa corporal que combate el frío).
 
Pose vikinga aufórica

            Lo chistoso es que, a pesar de que les gusta la comida chatarra, no hay franquicias gringas como McDonald’s, Burger King, 7-11 o Starbucks. Y es que el islandés es mucho de apoyar a sus comercios locales así que esas empresas, aunque lo han intentado, no han tenido éxito contra el sentimiento de solidaridad de los nórdicos.

            Pero no sólo es la comida, los islandeses tienen una relación muy sana con la cultura gabacha, en donde consumen gran parte de su cultura pop sin tener que comprar su ideología, así que adoptan con gusto sus películas, música, series, modas y hasta deportes, sin descuidar o hacer menos sus propias expresiones culturales.
 
Un gran tour
            Hasta aquí el sexto día, el más intenso que tuvimos, por lo que para el séptimo nos programamos un relax profundo en distintas aguas termales, incluidas las más famosas de la isla. Ese escrito lo pueden leer en este enlace.

            Hebert Gutiérrez Morales.

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