domingo, 13 de mayo de 2018

Razones por no votar por AMLO (Primera parte: Los antecedentes)


            ¡Me caga escribir de política! en verdad siento que tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo, por lo cual he tratado de mantenerme alejado tanto como me sea posible del proceso electoral (que en México más bien es electorero).

            Obviamente en un mundo tan interconectado, es difícil no enterarte de lo que pasa en las campañas políticas. La poca información que me llega es a través de mis contactos de Twitter, mismos que postean del tema de forma inteligente o divertida porque, si algo cuido, es no tener gente (tan) pendeja cerca de mí.

            A pesar de mi sana distancia, hubo tres factores que me empujaron a escribir estas líneas. El primero es que la otra vez escuché a una Millenial (que debe ser su tercera elección presidencial) expresar que no sabía por quién votar. Así que para gente como ella, este par de escritos podrían ser útiles, no porque le vayan a indicar por quién votar de manera directa, sino por quién NO hacerlo.


            Y es que en México las elecciones siempre son definidas por los indecisos, casi siempre por los votos que NO emiten (porque el abstencionismo ronda el 50%) pero, los pocos que sí votan, son los que normalmente definen la elección.

            La segunda razón para realizar estos ensayos es por lo que me provoca escuchar (de manera casual, nunca adrede), las propuestas, ideas u opiniones de Andrés Manuel López Obrador (AMLO o Peje, a partir de este momento), y es que muchas de ellas me hacen preguntarme “¿Acaso está pendejo?” (Pregunta retórica obviamente).

            La última razón es porque es mi deber; no quiere decir que estos textos vayan a definir la elección para algún bando, pero creo que no me perdonaría si gana el Peje y no expresé mis razones (de manera pública) para no votar por él.

            Pero antes de continuar, y como soy adicto a ellas, me es imperante hacerle la siguiente ADVERTENCIA: Si usted es ferviente seguidor de AMLO, por favor no lea estos escritos, no quiero lidiar con su violencia, intolerancia y estúpida fe ciega. Usted ya decidió su voto y, sin importar los argumentos que se le den, no va a cambiarlo. Estos escritos van dirigidos a otro tipo de gente con la cual aún se puede dialogar.


Sé que de todas formas les va a valer madres y van a seguir leyendo, pero no digan que no se les advirtió. Ahora, también se pueden expresar, es su derecho, sólo consideren que el respeto que me expresen será el mismo que reciban de mi parte. Y es que, les recuerdo: estoy cuestionando a su candidato, no a ustedes, así que si se lo toman personal, ya es asunto suyo.

            Y es que es impresionante la pasión, la fe ciega, intolerancia y violencia que expresan bastantes seguidores de AMLO, mismos que se prenden de inmediato cuando les tocas a su mesías, y ya desde ahí estamos mal, ya que es un simple candidato, un político más que ha vivido del presupuesto las últimas cuatro décadas, y en los últimos doce ni siquiera ha ocupado un cargo público.


            Para no divagar (de más) y llevar una estructura medianamente coherente, como diría el buen Jack el Destripador, vámonos por partes.

            Censura e Intolerancia

            Primero fue uno, luego otro y se volvió una especie de epidemia: algunos de los tuiteros que seguía, sin explicación alguna, desaparecían de mi Timeline. Cuando notaba su ausencia me ponía a buscarlos, y los encontraba en sus alternas para enterarme que habían suspendido sus cuentas originales.

            Ciertamente son tipos irreverentes pero muy ocurrentes al momento de expresar sus ideas pero, además de ello, ¿qué otra cosa tenían en común? Que tuiteaban en contra de AMLO, y eso le cagaba a sus seguidores, mismos que se organizaban y reportaban la cuenta de forma masiva para que la bloquearan y ya no pudieran expresarse. O, lo más sofisticados, utilizan software que hace ataques virtuales (o para reportarlos de forma masiva), lo menciono porque lo han intentado con cuentas de medios ya establecidos, pero claro que a esos no es tan fácil tumbarlos.


            A ver, en el mundo SIEMPRE va a haber alguien que opine distinto a ti, y está bien, porque qué hueva que todos pensemos igual. Tienes derecho a replicar, dialogar y hasta ignorar dicha información, lo que no está chido es que quieras evitar que la otra parte se exprese.


            Tristemente esa intolerancia es una muestra del fanatismo que tienen los seguidores de AMLO, y ya desde ahí hay algo mal, porque si no me dejan decir lo que pienso libremente, ¿cómo demonios quieres mantener una democracia? ¿Cómo podemos vivir tranquilamente si quieres anular mi derecho de expresarme si no te gusta lo que digo?

            Leía en Twitter que algo que tienen en común los Amlovers es que están enojados con la vida, lo cual me lleva a pensar que no leen, no investigan, no razonan, sólo resuenan con el mensaje beligerante y anti-gobierno con el que Peje engatusa a la mayoría de sus seguidores.

            También vi un comentario en que decían que pueden ser jóvenes idealistas que creen en el cuento de la lucha revolucionara o, como tercera opción, gente que está bien posicionada socioeconómicamente, pero que siente culpa de la jodidez de México, así que quieren darles la alegría de que gane su Mesías (al fin que a ellos están tan arriba que no los va a afectar).


            Volviendo al primer grupo, que siento que es el mayor contingente pejista, vean el común de sus respuestas a través de las redes sociales y en persona. Se darán cuenta que, generalmente, tienden a ser violentos e insensatos, por lo cual no se puede dialogar con ellos ya que, recalco, AMLO para ellos no es un candidato, es su salvador, y ya desde ahí hay algo chueco, lo cual me lleva al siguiente punto.

            País irresponsable e inmaduro


            Amo a mi país, a pesar de que constantemente se esfuerza en decepcionarme, lo cual logra constantemente pero, pendejamente, sigo teniendo fe en él, y ése es justamente mi gran pecado: la fe.

            Mi ilusa (como usualmente lo son) fe es que un día podamos darnos cuenta de nuestro potencial y sacar adelante a México Una postura que resulta contrario a la verdad actitud de la mayoría de la población.

            El mexicano promedio le encanta quejarse, lo cual está bien, pero lo hace a medias y de manera incongruente porque, aunque se expresan, nunca lo hacen en los foros que importan (como las urnas) y la gran mayoría no respalda sus palabras con acciones, como comportarse de una manera decente para hacer un mejor país.

            No, eso da hueva y es mucha responsabilidad. Es mejor quejarse en redes sociales o con los amigos y esperar que alguien venga a darnos una solución mágica, alguien que nos resuelva los problemas fácil y rápido, para que sólo recibamos los frutos de ello.


            AMLO no sólo es un tipo visceral, amargado y reaccionario, que carece de idea, de propuestas y de lógica, por eso mismo atrae a ese mismo tipo de personas. Además es tan irresponsable que hace promesas que están fuera de la realidad, que es lo que sus seguidores quieren oír. Mucha de esa gente es la menos afortunada (que en este país son mayoría) y que culpan de su situación al gobierno (que ciertamente tienen mucho que ver).

Pero no todo es culpa del gobierno porque, generalmente, cada uno de nosotros tenemos vela en el entierro de nuestro propio desarrollo y bienestar (ejemplos de gente que ha sido exitosa saliendo desde la miseria hay de sobra) Esa misma gente que, de pronto, cree que les va a ir mejor con las propuestas fáciles y mágicas de AMLO. El Peje atrae, prioritariamente, a los violentos e intolerantes, los que sólo culpan al gobierno de su mala suerte, por eso compran tontamente el mensaje atractivo de un futuro próspero, bueno y feliz del Peje.

            Ahí es donde corroboro que México es bastante inmaduro, porque ésa es la postura de un niño pequeño en espera que una autoridad superior venga  a resolverle los problemas. Nadie se quiere involucrar, nadie quiere mancharse las manos y nadie quiere sudar por algo que no le signifique un beneficio particular e inmediato. El mexicano no tiene una visión comunitaria ni de largo plazo.


            Es por ello que llega un político que nos habla bonito y nos empieza a engatusar con sus propuestas maravillosas, mismas que son poco probables de alcanzar con la división interna que normalmente prevalece.

Pero el mexicano nació para creer, no para hacer. Siempre vivimos en la espera de esa figura heroica que vendrá a salvarnos ya sea Quetzalcóatl, El Santo, Pedro Infante o hasta el Chapulín Colorado, el caso es que alguien más (que no seamos nosotros mismos) venga a resolvernos la vida.

Es natural que tengamos dicha creencia, puesto que así nos educan a nivel cultural pero, eventualmente, tenemos que darnos cuenta que el mundo no es así, tarde o temprano debemos de madurar y hacernos responsables de lo que nos toca.


Fox, el otro mesías que nunca lo fue.

En mi caso les puedo compartir que hace 18 años estaba muy emocionado e ilusionado que con la victoria de Vicente Fox. Obviamente fue algo histórico sacar (en ese momento) al PRI de la presidencia tras tantas décadas violando al país y ese hecho quedará marcado, no sólo en los libros de historia, sino en la mente de todos los que nos tocó presenciarlo.

Sé que ahora la imagen de Vicente Fox está muy deteriorada, siendo motivo de constantes burlas, muchas de las cuales se ha ganado a pulso. Pero hace 18 años los mexicanos queríamos creer en él, porque “ahora sí” iba a ser diferente.

Ciertamente hubo cambios y mejoras contra el PRI-Gobierno pero, contra todo lo prometido (y por ende esperado) los resultados se quedaron cortos, por lo que la gente empezó a atacar a Fox y, ciertamente, hay una buena parte de culpa suya, pero no toda.

Chente tuvo que lidiar en su gobierno con un poder legislativo divido, en el cual no tenía mayoría (algo que sí tuvieron los del PRI anteriormente), lo que motivó que hubiera muchos bloqueos a sus propuestas que, aunque eran buenas, en este país no importa el bienestar de todos, sino los intereses particulares, así que los otros partidos no iban a permitir que el presidente se luciera, aunque eso significara seguir jodiendo a México.


Mucha gente se decepcionó de Fox. Yo también me desilusioné pero no tanto de él, sino de nosotros mismos: primero por creer que una sola persona iba a cambiar a todo un país y, en segundo lugar, porque nuestro egoísmo siempre pesa más que el bienestar de todos.

Ahí fue cuando deje de creer en líderes mesiánicos con sus soluciones mágicas. Este tema de la cultura mexicana lo retomaré al final del segundo escrito, por lo mientras volvamos con el líder sectario, disfrazado de candidato a la presidencia, llamado AMLO.

            Los peligros del populismo


            Una de las características de México es su falta de memoria. Eso a veces es una ventaja, porque nos permite ser felices sin importar todo lo que hemos pasado como país y como individuos. Desgraciadamente, eso también puede ser un gran problema, porque se nos olvidan hechos que nos convendría tener presentes, ya que un pueblo que no recuerda su historia está condenado a repetirla.

            He escuchado algunos spots en la radio en donde el Peje dice que les va a dar una ayuda económica a todos: viejitos, desempleados, amas de casa, estudiantes y demás grupos vulnerables. Cuando oigo eso, se me pone la carne de gallina, por la idiotez que representa y más porque sé que hay muchos que están anhelando eso.

            Hay un episodio muy negro en la historia de México conocido como “la docena trágica”, misma que se dio en los sexenios de Luis Echeverría y López Portillo. En dicho período el común denominador fue el populismo, en donde se dieron dádivas, concesiones y subsidios al por mayor, en donde se creía que el estado era autosuficiente para proporcionar bienestar a la población.

AMLO ya estaba afiliado al PRI en los años 70, y se forjó con esa idea de populismo, ignorando arbitrariamente las consecuencias que sus maestros (Echeverría y López Portillo) le dejaron al país. El problema es que AMLO se quedó congelado con la visión política de hace 40 años.

            Nos guste o no, vivimos en un mundo capitalista en el cual las empresas son las principales generadoras de empleo y (se supone) riqueza, no el Gobierno. En los 70s ya se intentó la estrategia de un gobierno como principal fuente de empleos y fue catastrófico para nuestra economía, no en vano el mote de “trágico”. La inflación se disparó a niveles brutales, la devaluación del peso fue obscena y el gobierno creyó que imprimiendo dinero a lo bestia se iba a resolver el asunto, porque el petróleo nos iba a salvar.


Y ya que menciono el petróleo, el Peje sigue teniendo una visión de que el petróleo es nuestra salvación. Hay que recordar que en los últimos gobiernos se ha avanzado para no ser tan dependientes de los hidrocarburos, diversificando e invirtiendo en otros rubros que nos ayudan como país. Justamente esas inversiones y reformas que critica AMLO como antipatrióticas, a la larga, nos harán un país más diversificado y menos dependiente, ya que otras industrias generan empleos y no sólo PEMEX.

            El principal empleador debe ser el sector empresarial, no el gubernamental. ¿Y cómo ha salido AMLO  ante esos empresarios que son los que dan empleo? Honestamente muy mal parado, ya que en las reuniones que han sostenido, las propuestas carecen de argumentos lógicos (cuando los da y no se pone a cantinflear) y, cuando lo cuestionan de cómo llevarlas a cabo, sus respuestas son igual de incongruentes, ya que sus políticas populistas son retrogradas e insostenibles.


            Hasta aquí estos antecedentes. En la segunda entrega continuo con el análisis de AMLO y mi estrategia para el primero de Julio. Ese segundo escrito lo pueden leer en esta liga.

            Hebert Gutiérrez Morales.

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