domingo, 24 de junio de 2018

Ame y Yuki: Los niños lobo.


            El cuarto y último anime de mi etapa de rehabilitación (bueno, en realidad vi otros dos, pero no valieron la pena ser reseñados) fue uno que me gustó mucho por el mensaje que maneja, sobre todo de la relación entre padres e hijos.

            Hana se enamora de un hombre lobo, con el que procrea dos criaturas, mismas que tendrá que criar por su cuenta. En realidad suena sencillo el argumento, además el toque fantástico del hombre lobo le podría quitar seriedad, sin embargo, la historia es MUY humana e inteligentemente planteada. De hecho la cuestión de la licantropía sirve de pretexto perfecto para resaltar la calidad del argumento.

            No voy a comentar el argumento tan a detalle, sólo compartiré lo que me llamó la atención, aunque sí voy a destripar muchas cosas de la historia.

            Sin llegar a ser los mejores que he visto, debo resaltar que me gustó tanto el estilo de dibujo como la animación en sí. Siendo agradable el trazo y fluida la técnica al momento de animarlas.


            Un recurso clásico que utilizan los nipones en sus animaciones es la “embestida romántica” en la que, sin ser explícitos, resultan lo suficientemente sugerentes para indicar que la pareja está teniendo relaciones. Ésta se dio cuando Hana está platicando y su pareja le contesta mientras se le va encima de manera amorosa.         

            Ame y Yuki nacen de parto natural y en la sala de su casa, por lo cual no los registran, no lo vacunan y no van a guarderías. Todo por el temor de que los encuentren diferentes, lo cual es muy grave en una sociedad tan homogénea y hermética como lo es la japonesa.

            Y un día no regreso el papá. Entiendo el tema de los instintos, pero también debería pesar la responsabilidad. Menciono esto por la muerte del esposo de Hana, en su forma de lobo, misma que dejo desamparada a su familia.


Independientemente que estuviera buscando comida, que en realidad no era necesario ya que tenía un trabajo, no entiendo el arriesgarte de más si tienes prioridades más importantes. Obviamente dicha muerte es necesaria para desarrollar el argumento en el campo, pero me siguió resultando una acción tonta del padre.

            Así que Hana debe manejar una situación muy pesada, al tener que criar a dos niños lobos en casa (que no puedes mandar a la escuela), por lo cual debe renunciar al trabajo y a sus estudios, vivir de sus ahorros y lidiar con las presiones de los caseros y trabajadores sociales con tal de mantener a sus hijos a salvo.


            Es imposible vivir así y, aunque Hana lo sabe, de todos modos lo intenta, hasta que la alcanza el agua al cuello. Ella venía del campo, por lo que establecerse en Tokio era un gran avance para ella. Sin embargo, es imposible criar a sus hijos en la gran urbe.

            Por amor a sus retoños, Hana es capaz de renunciar a su vida en Tokio y así darles a los pequeños la posibilidad de realizarse en un ambiente más ad hoc. Así que, mientras juegan en un campo baldío, ella les pregunta “¿Qué quieren ser? ¿Lobos o Humanos?” Ella quería que escogieran su camino, pero no se imaginaba el que cada cual iba a tomar.


            No sólo en Japón, hay muchos países avanzados en el mundo que te dan facilidades para que te mudes al campo, porque cada vez menos gente quiere vivir ahí. Hana aprovecha las mismas para mudarse con sus hijos a un pueblo remoto, sin embargo se debe llevar una chinga para rehabilitar una casa casi en ruinas, lo cual hace con gusto para que Ame y Yuki tengan espacio y libertad para desarrollarse. Uno no valora los sacrificios de una madre al momento, con algo de suerte, humildad y consciencia, se los reconoce uno cuando ya han pasado muchos años.


            Un detalle que me encantó fue cuando les explico a sus hijos, literalmente, con dibujitos, que no debían transformarse en lobos con la gente presente. Aunque los trazos eran muy infantiles, la estética era muy bella, además el cariño con el que Hana se los explica hace que ames más la escena, por tierna y cálida.


            Los libros pueden ser muy valiosos, pero no se puede aprender todo de ellos, así lo fue comprendiendo Hana que, a pesar de que no se rendía, sus cultivos simplemente no pegaban. Sus esfuerzos fueron notados por el abuelo Nirasaki mismo que al inicio, igual que el resto del pueblo, estaba renuente a aceptar a la citadina, ya que todos los que emigraban de la ciudad terminaban regresándose en poco tiempo.

Al ver que Hana en verdad se quiere quedar, el Abuelo la empieza a orientar con sus cultivos, lo cual hace de manera ruda pero, al final, muy eficiente. Me conmovió mucho la actitud del abuelo y, posteriormente, de todos los demás para apoyar y acoger a Hana y sus hijos.

            Dentro de las enseñanzas del abuelo es que Hana cultivara papas de más, aunque ella sólo pensaba en su familia pero, al cosechar, se da cuenta que puede regalarles papas a sus vecinos, mismos que la han apoyado, pero su gesto es pagado de inmediato, ya que le regresan otras cosechas y así todos ganan.

             Hana comprende que hay que ver por la comunidad y no sólo por su familia (una actitud muy japonesa), por eso el abuelo les pide a todos los del pueblo que la apoyen, viendo el compromiso de la madre soltera. Hana va a agradecerle al abuelo mismo que, en su plan rudo, le sigue recriminando su eterna sonrisa, pero ella ya no la va a contener porque comprende que sólo el exterior es duro ya que, por dentro, el señor es un pan.

           Me gusta que Hana vaya progresando, obtiene un trabajo, la casa está impecable y hasta tiene un auto para trasladarse y llevar a sus hijos. Eso demuestra que, sin importar el ámbito o las circunstancias, si tienes el suficiente temple y determinación, aunado a la ayuda de tu entorno, puedes salir adelante. De no haber conocido al Hombre Lobo, jamás habría terminado en dicha vida, que creo que fue más feliz que si se hubiera quedado en Tokio.

          Hasta aquí he hablado mucho de la mamá que, al final, aunque la película tenga el nombre de los hijos como título, Hana es la gran protagonista de esta historia. Ahora voy a comentar un poco de Ame y Yuki.

         A veces, cuando veo al cielo al amanecer camino a mi trabajo, me repito “una cosa es como amanece y otra como anochece”, esto para recordarme que no hay que dar nada por sentado. Esto se aplica muy bien para Yuki y Ame, ya que le hermana mayor se veía con un lado salvaje y desenvuelto muy marcado, mientras que el menor se veía recatado y obediente. Debido a esas actitudes, a Yuki le encanta su forma de Lobo, mientras que Ame la desprecia abiertamente, por lo que procura mantenerse humano.

            Sin embargo, hay momentos en la vida que, aunque no lo sabes, van caminando las cosas de rumbo para ya no volver a ser como eran antes. En el caso de Yuki fue cuando empezó a asistir a la escuela y, resultado de su sociabilidad, empezó a cuidar y prodigar más su lado humano. La calidez de Yuki se acabó imponiendo a su lado salvaje.

En el caso de Ame, el cambio se dio cuando salieron a disfrutar de la nieve en su nuevo hogar (una secuencia maravillosa y muy bonita). El lado aislado de Ame resultó ser un terreno fértil para florecer su lado salvaje. Ame intenta cazar un pájaro en el río y casi muere (lo acaba rescatando Yuki), pero al sentir la adrenalina de cazar, aunada a la de casi morir, se despertó el lobo del cual estaba renegando el chico.

Yuki no tenía problema con ninguna de sus dos facetas, de hecho, estaba muy feliz y cómoda con su parte salvaje, esto hasta que lastimó a Souhei, lo cual fue muy fuerte para ella, y empezó a reprimir a su faceta de lobo. Para ella fue muy triste la posibilidad de perder su vida humana por dicho incidente,  y la escena de llanto en el auto de su madre es muy conmovedora, porque la existencia de la chica en la escuela está en riesgo.

Por su lado Ame sigue su propio camino, y por su naturaleza aislada no va con la escuela, así que empieza a faltar hasta terminar abandonándola (decisión que respeta Hana). El ver a un lobo gris en el trabajo de su mamá le causa un gran impacto, por lo que intenta dialogar con él, aunque no tiene mucho que enseñarle, ya que es un animal que nunca ha estado en libertad.

            Ame encuentra en un zorro viejo a su maestro, mismo que le enseña el significado de la vida en la montaña, por lo cual Ame está conociendo más del mundo de lo que la escuela le podía enseñar. 
El chico empieza a dar señales de que pronto se va a ir, algo que no le gusta a Hana que, a pesar de que quiere que sus hijos escojan su camino, le gana el sentimiento, cariño y hasta aprensión que sienten las madres por sus engendros, sobre todo en edades tan jóvenes.

            Y llega el día en que Ame se va, justo durante una gran tormenta y Hana va tras su hijo, no tanto por él, sino por ella, que siente que aún no termina su trabajo, ya que es un niño (a sus ojos y en años humanos). Así que lo persigue por el bosque, hasta caer inconsciente. Ahí sueña con su difunto esposo, que le hace ver que su retoño ya es un adulto y lo debe dejar ir.


            Tras eso se da una escena bella, en la que Ame lleva en sus brazos a Hana, en un momento significativo porque ella siempre lo había llevado a él y ahora él es lo suficientemente fuerte para llevarla a ella, con el mismo cuidado y cariño que su mamá le dio durante los 10 años de su vida.

            Ella despierta antes de que se vaya y le pide que espere, porque ella “no ha hecho nada por él”. Pero ése es el problema de la separación de los padres e hijos, porque si fuera por los progenitores, siempre estaríamos debajo de sus faldas (o pantalones), cuidando de nosotros y enseñándonos cosas. Normalmente ellos no nos dejan ir, somos los hijos que debemos dar el paso y, por más dolor que les represente, dejarlos atrás de forma amorosa pero decidida.


            Resulta curioso como Hana se los llevó al campo para que decidieran sus caminos pero, una vez elegidos, no fue tan fácil dejarlos partir. Y es que los padres saben que un día deben dejarnos ir, sólo que no esperan que ese día llegué jamás (algo así como la muerte: todos sabemos que vamos a morir, pero no queremos que sea hoy).

            Al final Hana entiende y le desea lo mejor a su hijo y, de alguna manera, para mantenerse cerca de él, se queda a vivir en la casa en la montaña. Además de que su “otra” familia está ahí: la gente del pueblo.


            Y a todo esto ¿dónde demonios estaba Yuki? Atrapada en la escuela debido a la tormenta y, por azares del destino, se queda a solas con Souhei. Ella emulando lo que hizo su padre con su madre, desnuda su alma con Souhei, para confesarle que es una mujer lobo, algo que él ya sabía, y eso reconforta a la chica, porque la aceptan como es.

            Cuando Yuki, que es la que ha narrado toda la historia, comenta que a partir de secundaria se fue a los dormitorios escolares, me puse a llorar por Hana, misma que se vio sin ambos hijos de un momento a otro, pero siguió sonriendo, y pasaron las escenas de ella criándolos, lo cual me llegó profundamente, en especial en donde ella marca el crecimiento de ambos en la columna de la casa.


            Aunque no soy padre, comprendí a Hana: su tristeza, su orgullo, su alegría y su abandono. Ser madre(en mayor medida) o padre, es de los trabajos más ingratos y, a la vez, más maravillosos del mundo. Ingrato porque no hay seguridad de que toda tu inversión dé algún fruto o que recibas algo de vuelta (y los padres leales NO esperan nada a cambio), pero por otro lado debe ser maravilloso moldear la vida de alguien que se creó de tus genes y tratar de hacerlos mejores que tú.

             Como padre, tu mayor recompensa es que tus hijos te dejen atrás y sigan su camino y, al mismo tiempo, tu más grande dolor. Porque todo lo que invertiste en ellos se va, y está bien, porque ése era el trato. Sólo que uno se encariña tanto con el papel que le duele el momento de la “graduación”

            Y ahí recuerdo lo que dijo el papá de Ame cando nació: “Que sea lo que ella quiera ser”. No debe de haber mayor acto de amor que dejar ir a los hijos para que sigan su camino y, aunque sea hermoso, tampoco dudo que sea uno de los actos más difíciles que debe haber en la vida.


            Una película excelente con un mensaje soberbio de lo que significa ser madre (y a veces padre). Te venden la obra con el atractivo de los niños lobo, pero en realidad es un simple recurso del argumento para homenajear al gran papel que hacen los progenitores al momento de moldearnos.

            Una película 100% recomendable.

            Hebert Gutiérrez Morales.

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