domingo, 24 de junio de 2018

La Chica que saltaba a través del Tiempo (Toki wo kakeru Shoujo)


            Una ventaja de la lesión que tuve, y por la cual limité mi actividad física a la alberca y la bici fija, fue que pude ver algunas animaciones, de ahí salieron el par de escritos de Ghost in the Shell.

            Así que, además de mis vídeos musicales, de U2 y Guns and Roses, me dije a mí mismo: “Mí mismo, no mames y ve alguna de las tantas animaciones que has comprado y tienes pendientes” y la elección fue “Toki wo kakeru Shoujo” (La Chica que saltaba a través del tiempo).


            Honestamente no tenía ninguna referencia de dicha animación del 2006, simplemente la encontré en MixUp en Blu-Ray y me emocioné, ¿por qué? En mi época de Otaku era extraño que llegara anime diferente al que te daban en TV, así que todo era importado, es por ello que cuando empezaron a salir más películas, historietas y demás, lo consumía sin chistar. Así que se me quedó como acto reflejo.

            Cuando ya eres un Otakumaduro, no te cueces al primer hervor. Les puedo decir que la historia me gustó, la animación me pareció de buena calidad y el soundtrack es adecuado, con uno que otro punto brillante. En resumen es un buen anime pero tampoco hay que perder la cabeza, si lo pueden ver en Netflix o una de esas plataformas es más que suficiente, no creo que valga tanto la pena como para comprarla (como inexplicablemente sigo haciendo -_-)


            No voy a comentar todo el argumento, sólo los momentos o reflexiones que me regaló esta animación.

            Estaba viendo la historia de manera tranquila cuando, de pronto, vino la escena en que Makoto va a morir por quedarse sin frenos en la bici, y atropellada por el tren. Fue una escena impactante y muy bien realizada, que no te esperas en una animación relativamente “rosa”, y es más relevante por el dialogo que expresa mientras se aproxima a su final, que se conecta con las líneas previas que tuvo durante el día, en el cual ejemplificaba su existencia sencilla.

            De ahí se desata la primera escena de viaje en el tiempo, en la cual vuela a través de un desierto, en donde resalta mucho el  arte que plasmaron, además expresa bien esa sensación de vértigo que un fenómeno así debe ser.
  
            Cuando Makoto se da cuenta que algo extraño pasó, va con Kazuko (su tía bruja), misma que le aclara que saltó en el tiempo ¿Cómo lo sabe? Porque a ella misma le pasó (ya después me enteré que esta animación está basada en una historia en donde la tía era la protagonista y también saltaba en el tiempo).


            Su tía le comenta que está en la edad justa para hacer esos breves viajes en el tiempo, y le encontré lógica, porque por la intensidad de la adolescencia, uno se quemaría todos sus viajes en un santiamén y por puras tonterías.

Si a esta edad (41) tuviera, no cien, sólo diez de esos viajes al pasado, sin duda los administraría tan bien que moriría con un par bajo la manga porque, con la edad te vas haciendo consciente que en realidad no se acaba el mundo por algún problemilla.


Cuando llegas a la edad adulta te ha tocado enfrentar tantas situaciones difíciles que no te cueces al primer hervor, y aprendes a lidiar con las consecuencias de tus actos. Además, con el tiempo, también empiezas a identificar que, a veces, hay situaciones “malas” que acaban trayendo cosas buenas.

Pero para llegar a esa etapa debiste ser primero un adolescente bruto e impulsivo. Normalmente en la adolescencia te cuesta mucho trabajo hacer frente a tus problemas, por ello muchos prefieren evadirlos, sin saber que muchas de esas traen tesoros escondidos.


Justo eso hizo Makoto: evadir las cosas “feas” de su realidad, por lo que empezó a viajar con singular alegría para resolver nimiedades cotidianas. Y es que, gracias a la combinación de hormonas e ideales, el adolescente magnifica muchas situaciones que en verdad no merecen gran inversión de tiempo o energía.
           
Y, a pesar de ello, no se me olvida lo que sentí endicha etapa. Porque ahora me reía de las situaciones que planteaban en la animación con los amores y desamores de la adolescencia, pero cuando me tocó vivirlo, en su momento, era el asunto más importante del mundo.


De ahí que Makoto despilfarre (sin saberlo) muchos saltos en el tiempo para arreglar la cita de Kousuke con la chica tímida, o también se quema otros tantos para evitar que Chiakai le pida salir.

Iba a media animación y note que estaba muy entretenido. Cuando veo estos anime Shoujo, es que me doy cuenta que en mi vida pasada fui una colegiala llena de ilusiones, por eso disfruto tanto las animaciones que las tienen de protagonistas.

            Pero hay más de fondo, porque ese sentimiento de inocencia que siento al ver animación japonesa, me permite regresar a mi juventud, a olvidarme de mis problemas y volver a sentir esa pureza de alma que aún conservo pero que cada vez es más difícil exponer en el mundo real.


            Volviendo a la película, la escena en la que, tomando el lugar de Makoto, Kousuke y su chica tímida van a morir frente al tren resulta incluso más dramática que la de la protagonista. Y, sin más viajes en el tiempo (que despilfarró en estupideces), Makoto sólo puede observar la escena, hasta que llega Chiaki, mismo que salta en el tiempo para salvarlos, quemándose su último viaje, con el cual iba a volver a su época.

            Para mí, la secuencia estrella de esta animación se da mientras el mundo está detenido, en el cual Chiaki y Makoto platican de los viajes en el tiempo, su relación y las repercusiones de no afrontar las consecuencias de los actos. Esos momentos fueron los más sobresalientes de dicha obra.


            Chiaki desaparece y Makoto, que no le hizo caso en su momento, ahora está desconsolada (me suena, me suena: mujer que no sabe lo que quiere, que se arrepiente por no elegir eso que tenía en bandeja de plata). Ella llora inconsolablemente, mientras corre a la azotea de la escuela, mientras recuerda cuando conoció a su amigo y como fue evolucionando su relación, así como las oportunidades que dejó pasar para estar con él.

            Pero, por azares del destino (y para que la historia se pusiera buena), Makoto tiene una última oportunidad para volver a ver a Chiaki, así que regresa al pasado, justo en el momento en que empezó esto de los viajes en el tiempo.

            Una escena sencilla pero que me gustó mucho por su interpretación, es cuando Makoto va corriendo para para volver a ver a Chiaki, y la toma se mantiene a una velocidad constante, no sólo dejándola atrás, incluso rebasándola, pero la protagonista se recupera y rebasa el cuadro de la toma. Para mí, toda la secuencia es una analogía que interprete como “ganarle tiempo al tiempo”.

            Logra hablar con Chiaki y ahorrarle el sacrificio de salvar a sus amigos, para que él pueda volver al futuro. Lo incomprensible del asunto (al fin mujer) es que, a pesar de que sabe que se va a ir, Makoto no hace nada ni revela sus sentimientos (obvio también es culpa de Chiaki que no coopera ni da entrada).


Cuando él se va, el llanto de Makoto es tan inconsolable que te lo contagia pero, por fortuna, Chiaki sólo había fingido y puede despedirse de ella, sin confesarle nada, sólo diciéndole que se verán en el futuro (ahí sí el argumento me quedó a deber).

            Me gustó y me conmovió la historia, incluso lloré un poquito, así que pensé que hasta ahí había llegado mi interacción con ella. Sin embargo, la canción de créditos me caló profundo. Y es que hablaba de un amor pasado, uno que mantendría en su corazón el resto de su vida, sin importar que se enamorara de alguien más. Y me acorde de Harumi y sólo me quedó llorar.


No lloré por ella precisamente, sino por la época que viví con ella, en donde pude mostrar toda esa limpieza de alma que tenía cuando veía estas animaciones, en donde gozaba de una de las etapas más felices de mi existencia y, aunque lo sabía a un nivel, en realidad no sabía la magnitud de la felicidad que tenía de primera mano, y un día terminó abruptamente.

            Y es que hay una parte de la canción en la que dice “Y volveré a aquella estación en la que nos conocimos” misma que me destrozó porque, en su momento, sí regresé a esos dos lugares tan importantes para mí: la primera vez que la vi sin que ella me viera a mí y la segunda, cuando nos vimos de frente pro primera vez y supe que mi vida no iba a volver a ser igual.

            Sentimientos cursis aparte, no voy a mentir y decir que éste fue el mejor anime de mi vida, porque ciertamente he visto decenas de mejores animaciones, pero eso no quiere decir que no sea bueno. Personalmente le tendré un aprecio especial por las emociones que me generó en los créditos finales. Si un día se la encuentran, les recomiendo verla.

            Hebert Gutiérrez Morales.

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