domingo, 3 de junio de 2018

Segundo día en Edimburgo (Escocia Parte 2)


Dean's Village
            Para leer sobre el maratónico primer día en la capital escocesa, pueden darle click a este enlace.
           
            Arthur’s Seat

            Por segundo día consecutivo tenía sol, algo que no me llama la atención porque es normal en México, pero Abe (que había visto mi itinerario) me dijo “Si vas a ir a Arthur’s Seat es mejor que lo hagas hoy, porque no sabes cuánto más va a durar el buen clima”.

            Arthur’s Seat es la colina más famosa de Edimburgo y que se sitúa en el Parque de Holyrood. Aprovechando la cercanía con la casa de huéspedes, fue mi primer destino del día. Así que por segunda jornada consecutiva empezaba el día recorriendo dicho parque, que me enamoró desde la primera vez.

            Cuando sentí que estaba más cerca de la cima, deje el caminito y empecé a subir por dónde no lo había, lo cual resulta muy divertido y retador. Además el cielo estaba claro y bello, ideal para aprovechar la vista, así que me motivaba más.
 
En la cima de Arthur's Seat
            El clima generalmente estuvo frío en este viaje, pero nada que ver con los vientos allá arriba, mismos que estaban brutales, lo que resultaba en un frío bastante intenso y eso que sólo eran 251 metros de altura. Allá arriba me di cuenta que existimos dos tipos de personas: los que estamos felices con el “silencio” de la naturaleza y los que no pueden con ella, así que se ponen a gritar como loquitos (y nos incomodan a los primeros).

            Lo bueno es que los escandalosos se bajaron rápido, así que tuve la oportunidad de disfrutar del paisaje, del viento, del canto de las aves y de la soledad y, por ese breve instante, sentí una paz muy profunda (ventajas de ir temprano, antes de toda la muchedumbre). La subida fue algo cansada pero, irónicamente, fue más difícil la bajada, ya que la hice por un camino poco transitado, pero eso también fue un gusto que me permití.
Entrada al Palacio

Palacio de Holyrood

El Palacio de Holyrood es la residencia oficial de la Reina en Escocia, en donde viene a pasar un par de semanas al año, principalmente en Verano. El lugar es bonito, aunque no a la altura del Castillo de Windsor, la residencia oficial de la Reina Isabel II, pero está mono.

Tal vez no me encantó porque no soy de esas personas que les mama los temas de la realeza y su parafernalia, de hecho me aburren, pero es un lugar que debes visitar si estás en Edimburgo, esto a pesar de que no te dejan tomar fotos en el interior del Palacio.
Las hermosas ruinas de la Abadía

Más que los interiores, me gustó más lo que vi en los exteriores, específicamente en la parte de atrás del palacio. Lo que más me encantó fueron las ruinas de la Abadía de Holyrood, una auténtica belleza, una edificación tan imponente, tan perfecta y tan artística que no me cansaba de sacarle fotos. El lugar era irresistible, con un atractivo único, no sólo por estar en ruinas sino precisamente por ello.

Los jardines no eran una maravilla, pero aun así tienes un rato agradable al caminar por ellos. Finalmente, antes de retirarme, pase al baño para mantener mi racha activa de hacer mis necesidades en castillos o palacios habitados. Digamos que a mi ego le encanta pasar a los “tronos” reales ;-).
Cementerio entre Holyrood y Calton Hill

Calton Hill

Dejé el Palacio de Holyrood y me encaminé a Calton Hill pero en mi camino encontré una pequeña puerta entreabierta, así que la curiosidad me ganó y me encontré con otro cementerio (mi segundo del viaje). No era tan llamativo ni pintoresco como el de Greyfriars, aunque sí tenía uno que otro detalle que, de noche, debe ser algo macabro.

Continúe mi camino y me encontré con un edificio ENORME y, al parecer abandonado. Me parecía increíble que algo tan grande estuviese abandonado. Ya más adelante vi que era la parte trasera de la embajada gabacha, pero me llamaba mucho la atención que la parte de atrás la tuvieran tan descuidada.
Vista de Edimburgo desde Calton Hill

Ya en Calton Hill primero fui al monumento a Nelson, mismo que no me pareció la gran cosa y, aunque la entrada era relativamente barata, no creí que ameritara el gasto, ya que básicamente era la misma visión desde la base del mismo.

Cada uno de los monumentos en Calton Hill tienen sus bemoles en la historia pero, para colmo, cuando subí ¡Estaban en mantenimiento! O sea ¿Qué mantenimiento se le puede dar a “The Monument”? ¡Mejor acábenlo señores de la “Atenas del Norte”! ¿No que iba a ser un segundo Partenón griego? Ciertamente se pueden sacar bonitas fotos desde Calton Hill pero, honestamente, no es el lugar más llamativo ni interesante de Edimburgo.
El monumento a Nelson y "The Monument"

Bajando de Calton Hill, unos metros adelante pasé al Calton Cementery, en donde está enterrado David Hume. Este cementerio tiene un poco más de producción, ya que tienen monumentos más grandes y bonitos, dentro de esto destacan  una estatua de Abraham Lincoln y la abolición de la esclavitud, así como un obelisco enorme, era la primera vez que había visto un monumento tan grande en un cementerio.

Los Callejones

En Escocia a los callejones se les llama “Close” (Cerrada), de los cuales hay unos que se ven poco atractivos así como otros que hasta atracción turística son.
Tumba de David Hume y el monumento a Lincoln

El más popular de ellos se llama Mary King’s Close, el cual intenté visitar en tres ocasiones distintas y siempre estaba lleno, teniendo boletos para el siguiente día. El show del lugar consiste en un viaje en el tiempo al viejo Edimburgo, con historias de terror.

Me sonaba algo parecido al London Dungeon y, aun así, me interesaba ir. Así que bien pude apartar mi boleto para el siguiente día, y claro que podía acomodar mis actividades para asegurar la visita.

Sin embargo, había algo en esa falta de disponibilidad que me desmotivaba, obviamente el lugar es extremadamente popular pero eso, en lugar de hacerme sentir intrigado, en realidad me dio hueva y perdí el interés.
Lady Stair's Close

Sin pretenderlo, al buscar el Writer’s Museum (que estaba cerrado), me metí al Lady Stair’s Close y resultó ser una cerrada MUY bonita, muy bien cuidada, muy limpia y, sin haber visto todos los Close de la ciudad, me atrevo a decir de las más bonitas de la ciudad.

Era como un mundo aparte, en donde unos metros afuera estaba todo el bullicio de los turistas y ahí dentro no había nadie. Las casas se veían tranquilas, los árboles daban una sombra relajante y, extrañamente, era muy silencioso. Seguramente no es igual de atractivo ni comercial que el Mary King’s Close, pero me dio mucho gusto visitar esta cerrada.

Galería Nacional de Edimburgo

La galería tiene buenas pinturas, tal vez no sea enorme como otros edificios similares pero tiene una distribución interesante. Obviamente he visitado museos más grandes y completos, pero este lugar es bastante agradable y si le agregamos que es gratis, pues mucho mejor.
"Tres Tahitianos" de Paul Gauguin - 1899

Me encontré con una de las pinturas de Gaugin de su época en Tahití, cuando encuentro una de ellas siempre me acuerdo de “El paraíso en la otra esquina” así que son obras que siempre fotografiaré con gusto, como si fueran de un pariente o hasta mías, por la impresión tan profunda que me dejo dicha obra de Mario Vargas Llosa.

Otra pintura que me llamó la atención es una que, en otras circunstancias, no hubiera notado. Entre tanta pintura clásica, de pronto meten una pintura moderna en medio de todas las demás.
"La Plaza de San Marcos" de Franceso Guardi (1775)

Ahí comprobé lo importante de la originalidad. Cuando todo es igual es difícil sobresalir. Cuando te atreves a ser diferente del resto, aunque la calidad no sea mucha, siempre vas a ser más valorado, algo que no siempre pasa cuando eres igual que el resto, incluso puedes ser subvalorado.


Otra cosa que seguí comprobando es que, aunque en su momento no lo aprecié mucho, cada vez que me encuentro con un lugar italiano en el cual estuve (Florencia, Venecia, Verona, etc.), siento una especie de cariño y fotografío la pintura.

Galería de Retratos
Entrada espectacular a la Galería de Retratos

Al entrar la vista es inmejorable, y es que el salón principal es una auténtica mamada, ya que está decorado con detalles artísticos muy bellos, tanto en las columnas, como el techo como cada pared. Un lugar maravilloso que me recordó un poco a la librería del Congreso en Washington.

Al ver los retratos de escoceses famosos me lleve varias sorpresas, porque sabían que eran británicos, pero no sabía que eran escoceses. Y lo puedo entender de Andy Murray o de James McAvoy, ¿pero qué no supiera que Annie Lennox es escocesa? En verdad sentí mucha pena de mí y puse entredicho mi supuesta admiración hacia ella.
Andie y Jamie Murray

La visita fue relativamente breve, ya que tenían algunas salas bajo mantenimiento, y ahí me hice consciente que nunca he visitado una ciudad en la que pueda ver el 100% de los sitios totalmente disponibles, ya que siempre hay algún sitio (o varios) en mantenimiento.

Algunas fotos muy buenas, otras creativas, y otras de artistas de mi gusto. La mayoría de retratos me eran indiferentes. Cada vez perfecciono esa técnica en museos: ya ni me detengo en lo que no me llama la atención, sólo me enfoco en lo que me gusta, ya que, si es que llego a ver esas fotos, quiero que sea por algo que resonó conmigo ¿cómo para qué perder el tiempo en algo que no me gusta por más famoso que sea el artista?

Además de los retratos, había otras fotos que me parecían muy interesantes, en particular me llamaron la atención la de un tratamiento de luz ultravioleta para niños que les faltaba vitamina D u otras fotos de chamacos jugando en la calle.
Tratamiento de luz ultravioleta

Jardín Botánico

Durante estos dos primeros días, no tuve necesidad de tomar transporte público alguno, ya que llegué a todos los sitios caminando, lo cual también fue el caso del Jardín Botánico, mi punto más lejano dentro de Edimburgo.

El lugar es bastante amplio, muy lindo con muchos detalles padres y, lo mejor de todo, totalmente gratuito. Un sitio muy bello al cual, desde mi perspectiva, le hacía falta un jardín japonés. De todas formas se respira mucha tranquilidad.
El hermoso jardín botánico

Mientras recorría el jardín, de la nada, me acordé de las citas con Harumi; a ella le hubiera encantado este lugar, y ahí me hice consciente de los muchos momentos de profunda paz y comunión que compartimos. Pero “mi” Harumi ya no existe, y la mujer de 37 años que ahora ocupa su lugar, ya no tiene nada que ver conmigo, así que dejé ese recuerdo en el jardín y me dirigí a mi siguiente destino que, casualmente, se visita caminando.

Water of Leith Walkway y Dean’s Village

Uno de mis lugares favoritos de Escocia, que no tiene mucho de especial a simple vista pero en eso radica gran parte de su increíble belleza. El sendero de “Water of Leith” es un camino que cruza Edimburgo a lo largo de 20 kilómetros y que va a acompañado de un pequeño río con el mismo nombre.
Sección "The Dene" en "Water of Leith"

Gran parte del camino está alejado del tráfico, así que puedes disfrutar de unos senderos llenos de paz y tranquilidad. Sólo camine el tramo de dos kilómetros que va del Jardín botánico a la Villa del Decano (Dean’s Village), pero en ese camino fui muy feliz.

Camine por una sección muy bella llamada “The Dene” del cual evolucionó el “Dean”. El tramo es una auténtica belleza, en el cual experimentas mucha paz y felicidad mientras recorres paisajes hermosos. Veía algunas casitas junto al cauce y me decía “Qué maravilloso vivir junto a un rio tranquilo” aunque después razoné que en invierno el frío debe estar cabrón (No se puede tener todo en la vida).
Llegando a Dean's Village

Llegue al “Dean Village”, un lugar tan irreal que parece otra ciudad, sacada de cuentos de hadas, y eso que Edimburgo es muy bella por sí misma, pero el “Dean Village” es aún más estético. Es por ello que los vecinos de este lugar se notan muy orgullosos del mismo, y eso lo noté con sus anuncios, juntas vecinales y demás detallitos que denotan unión. Por la hora me habían cerrado el Cementerio, al cual pasaría unos días después.

Rose Street y el Turista No Culinario
Dean's Village

Iba a comer en Rose Street pero, cuando empecé a recorrerlo, agradecí no haberlo hecho. Ciertamente los lugares eran muy bonitos, sofisticados, algunos alternativos y medio hípsters, pero todos con algo en común: mucha gente. Por eso fue una excelente decisión comer en un restaurant vacío que encontré al salir del “Dean Village”.

Desde hace tiempo he aceptado que no soy turista culinario, no me interesa mucho probar la comida local, la única excepción fue Japón, pero ahí mi anhelo era muy grande y desde pequeño.
Rose Street

Aunque soy glotón, no creo que el comer sea un gusto especial para mí, supongo que es una función fisiológica más. Por eso no me importa tanto lo que coma (obviamente tengo mis limites sobre la calidad de lo que como), porque privilegio más el hacerlo en un lugar tranquilo y, de preferencia, que no sea muy llamativo, y si tiene buena comida, ¡mejor!

Volviendo a Rose Street, sin duda un lugar muy popular para la “gente bonita”,  a aquellos que les gusta comer en público y que la gente los vea. Yo no soy así.

Cementerio de Cannongate

Aunque iba a pasar diario por ahí, siempre lo hacía tarde, así que nunca pude conocer la iglesia de Cannongate, sin embargo el cementerio sí estaba abierto, así que pase a recorrerlo, aprovechando que era pequeño.
Mi amigo Adam Smith

La tarde soleada le daba un aire especial al lugar, por lo que había gente leyendo sobre las tumbas y algunos paseando a sus mascotas. Eso me fascinó de los escoceses: la relación tan sana que tienen con los cementerios en donde se les consideran más parques que lugares de tristeza.

Pero, aunque estuviera bonito, sólo entré a dicho lugar para ver la tumba de Adam Smith. Aquel infeliz que me hizo sufrir con sus teorías económicas durante la universidad. Sin embargo, ya no le tenía tirria al Sr. Smith, en realidad me quedó una especie de admiración y por eso quería ir a su tumba: como para rendirle tributo. Digo, no le lleve flores ni nada por el estilo, sólo quería pasar y saludar “Hey Mr. Smith!” (y de hecho lo dije en voz baja).

Afuera de la iglesia hay una estatua de dicho personaje, que me pareció muy agradable, ya que tenía un semblante muy animado. En dos días ya llevaba cuatro cementerios visitados y es que los panteones en Edimburgo son extrañamente artísticos y muy fotogénicos. En ese punto no lo sabía, pero aún me faltaban lo mejores por visitar.
Mi camino diario de regreso a casa

Regresando a Arthur’s Seat

Caminando de regreso a la casa de huéspedes, me regresé por Holyrood’s Park y, al ir caminando, me di cuenta que había un camino ya hecho para subir al Arthur’s Seat y me sentí indignado: “Bola de Pussies, yo me lo eché solo y sin camino”.

Al igual que en la mañana, vi a mucha gente corriendo y en bicicleta en el parque, y eso me ponía muy feliz. De hecho, y sin pretenderlo desde un inicio, todos mis días, al terminar mi jornada, me regresaba caminando por el Royal Mile, para luego tomar el Parque Holyrood y recorrerlo al atardecer.
Una madre y su hija paseando por Water of Leith

Ya más adentrado en el parque, en la sección que parece bosque, sin razón aparente me acordé de Heidenheim an der Brenz, pequeño pueblo que me sirvió de base en mi primer viaje al extranjero.

Recordé cómo me emocioné por correr en un bosque, de ver cisnes en libertad, casas sin protecciones, ríos limpios y demás aspectos del primer mundo. Ahora veo eso (y más) por varios países y ya no me emociono, ya lo tomo como algo normal. Tal vez sea un detalle insignificante, pero me hizo darme cuenta de cómo vas cambiando con los viajes, y justamente de eso se trata: que no regresé el que se fue, sino alguien distinto.

            En la siguiente entrega hablaré de mi visita a la ciudad escocesa más grande: Glasgow. Para conocer sobre el día que pasé en dicha ciudad, pueden darle click a este enlace.

            Hebert Gutiérrez Morales.

No hay comentarios: